Mézclate estrechamente con la vida


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© Marc Marx

En el decálogo del escritor, Hemingway nos decía estas cosas:

1. Permanece enamorado
2. Esfuérzate en escribir
3. Mézclate estrechamente con la vida
4. Frecuenta a escritores consagrados
5. No pierdas el tiempo
6. Lee sin tregua
7. Escucha música y mira pintura
8. No intentes explicarte
9. Sigue el impulso de tu corazón
10. Calla. La palabra mata el instinto creador

Permanecer enamorado es imprescindible para seguir viviendo. Uno puede enamorarse estrechamente de una persona, pero es imprescindible estar enamorado de la vida. La vida en todo su conjunto es la suma de cientos de luminarias que revolotean a nuestro alrededor y que nosotros, con nuestra visión, damos forma y color. Es imprescindible estar enamorado y sentir cada instante como único. Incluso los instantes que te llenan de dolor. Incluso los tragos amargos que a veces debemos tomar para luego comprender la profundidad del dulzor toda la existencia en su conjunto. Incluso en el dolor, uno debe estar enamorado para así poder comprender la plenitud de ser.

Esforzarse en escribir es algo complejo. Uno puede considerarse realmente escritor si hace de ello su oficio. Esto requeriría la disciplina de escribir al menos entre ocho y diez horas diarias. Este sin duda es uno de mis grandes sueños. Es cierto que he escrito algunos libros (doce publicados hasta el momento y algunos a la espera de revisión), pero especialmente desde hace seis años, no encuentro tiempo para poder sentarme a realizar lo que más me gusta. Doce años escribiendo casi ininterrumpidamente en este blog no es motivo suficiente para autodenominarse escritor. Simplemente es un vago intento para que las neuronas sigan en forma. Un pequeño ejercicio diario para mantener el flujo vital de la escritura. En todo caso, pienso que todo el mundo debería esforzarse en escribir. Especialmente en escribir nuestras vidas. Cada verso, cada frase, puede cambiar radicalmente los acontecimientos de nuestra existencia. Incluso un grito ensordecedor puede reducir algo bello en un canto desesperado. Todos los días debemos escribir nuestro relato vital, y en la medida de lo posible, hacer que sea único y verdadero.

Mezclarse estrechamente con la vida es algo inevitable. Uno debe, incluso en el momento de mayor rabia, estrechar los lazos con la vida. No debemos dejarnos vencer por lo inanimado. Debemos, en la alegría y en la tristeza, vivir con intensidad cada carga, cada experiencia, cada tregua, cada prueba que se acerca hacia nosotros para mostrarnos una realidad diferente. La alianza con la vida debe gritar dentro de nosotros, desesperadamente. Debemos mezclarnos, debemos ser vida, embajadores de la existencia plena.

Frecuenta a escritores consagrados, ya sean aquellos que viven, o aquellos que se hicieron eternos en sus obras. Nunca juzgues su personalidad, ni sus actos, que muchas veces dejan mucho que desear. Sumérgete en la apasionada lectura de su obra y vive esa doble vida, esa existencia paralela que nace al leer un libro. Lee sin tregua, y de paso, escucha música y mira pintura como expresiones inherentes a la belleza. La vida debe ser bella, y debemos rodearnos de belleza, o en su caso, ayudar a crearla.

No pierdas el tiempo, y no hagas perder el tiempo al otro si en la comunión de las almas no hay disfrute y pasión, si todo se torna apático u oscuro, o nace la reunión simplemente por un interés sin más. Si el interés está por encima de la pasión, es mejor no que no perdamos el tiempo. Y esto vale para todas las cosas de la vida.

No intentes explicarte. Muchas veces intentamos explicar cosas de las que no se pueden hablar. ¿De qué sirve una vida justificada a cada instante? Si no estás a gusto en un lugar, esfúmate. Si no te gusta una compañía, desaparece. Sin mayor cortesía ni explicación. ¿Para qué proseguir con la farsa? A veces hacemos de nuestra vida una comedia, en vez de una experiencia vital. Vive la vida, no intentes explicarla. Y para ello, sigue siempre el impulso del corazón. Esto es quizás lo más importante. La vida debe vivirse con la pasión del que siente poder experimentar el jugo último de la existencia. Y cuando eso ocurra, calla. La palabra siempre mata el instinto creador. Guarda silencio sobre tu obra, y bucea desde ese silencio en lo más profundo del Ser. ¿Para qué explicar lo que me ocurre en estos momentos? Mejor estar callado, y luego, que la vida se entremezcle en nosotros si ese es su deseo, su pasión.

Gracias de corazón por apoyar esta escritura…

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