El reino de los cielos es un estado de consciencia, y está en vosotros


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Allí descansaremos y veremos; veremos y nos amaremos; amaremos y alabaremos. He aquí lo que acontecerá al fin sin fin. ¿Y qué otro fin tenemos, sino llegar al Reino que no tendrá fin? San Agustín

Estamos trabajando sobre la edición de un libro que trata sobre la figura de Jesús, desde una perspectiva abierta y considerándolo como un verdadero maestro de sabiduría. Una de las premisas que trata el libro que próximamente sacaremos a la luz es sobre la idea de que cuando Jesús hablaba del reino de los cielos, se refería más bien a un estado de consciencia, a un estado del Ser. Cuando Jesús decía que “el Reino de los Cielos está entre vosotros, cerca”, quería decir que está aquí y ahora, en nosotros. Es decir, es solo una mirada, una consciencia diferente, una visión más profunda de las cosas, un estado, si se quiere entender así, diferente.

Uno puede mirar la creación desde diferentes ángulos, pero también desde diferentes profundidades. La visión puede estar protegida o marcada por nuestra peculiar forma de ver la vida, o puede ser transparente, pura, sólidamente afianzada en una brillantez alejada de nuestro particular prisma. Son cosas de las que no se pueden hablar, pero también son realidades que se superponen unas sobre otras. Eso implica un sentimiento de disidencia hacia la realidad plana tal y como la hemos creado en nuestro sistema de creencias, desconectando al mismo tiempo de una realidad marcada por un exceso de filtros.

En este sentido, Jesús vino para declarar la guerra a la simplicidad de nuestra mirada, y para obligarnos a mirar la vida con mayor profundidad. Cuando eso ocurre, se obra el milagro de estar habitando, de repente, en el reino de los cielos. Es como la kénosis cristiana, el vaciamiento. Uno se vacía de sí mismo para llenarse de lo otro, y ese otro, el reino de los cielos, nos llena la vida de un sentido más amplio y verdadero. Es como si en términos metafísicos, nuestra vida entrara en la corriente de la Vida, siendo profundamente la vibración de toda la existencia.

El reino de los cielos es una metanoia que nace desde lo más profundo de nuestro corazón y nuestra mente, y viene para transformar nuestra realidad y contemplarla, dirigirla y vivirla de forma radicalmente diferente. El mensaje de Jesús, en todo su contexto y contenido, es revelador y revolucionario. Más allá de la doctrina, a veces superficial y exagerada que las iglesias han diseñado sobre su figura, el contenido de sus enseñanzas son verdaderamente un mensaje alentador, capaz de transformarnos si acudimos a su significado profundo, y tenemos la capacidad, sobre todo, de llevarlo a la práctica, a la vida cotidiana, rebajarlo de la abstracción a lo real.

¿Cómo podemos entonces imaginar el reino de los cielos, admitiendo que puede estar aquí y ahora dentro de nosotros? Al decir que se trata de un estado de consciencia, entendemos que se trata de una consciencia diferente, llena de los valores que Jesús se encargaba de compartir sin descanso. Valores que tienen que ver con la recta justicia, con el amor incondicional, con la vida pacífica de aquellos que consiguen gobernar sus instintos y volverlos mansos. Uno se despoja de todo aquello que no tiene como intención ese reino de los cielos. Uno se vuelve ligero de equipaje, y ocupa su vida a transmitir de mil maneras esa nueva buena. A veces con el ejemplo, a veces con la palabra, a veces entregando la propia vida. Hay una inevitable gnosis en todo esto, pero también una inevitable práctica.

Gracias de corazón por apoyar esta escritura…

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