Desde la isla de estevia


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Desde el valle del Tiétar

Hace calor en las faldas de la Sierra de Gredos, junto al río Tiétar, en este paraje que en un tiempo no muy remoto estaba lleno de plantaciones de tabaco y pimiento. El mundo está cambiando y quizás en un futuro, en vez de tabaco, se siembren otro tipo de cultivos más enfocados en la construcción de la salud, y no en su destrucción. Es paradójico el cambio, pero con el tiempo, será real.

Ahora estoy en una de esas fincas que están apostando por ese cambio de paradigma. Lo que antes eran tierras dedicadas en exclusiva al tabaco, todo rodeado de secaderos, ahora se está plantando estevia ecológica. El problema de ser pioneros en cualquier cosa es que siempre tienes que avanzar y abrir camino. Eso tiene su precio, su desgaste, pero también su pasión. La estevia sustituye el azúcar, endulza ochenta veces más que el propio azúcar pero sin sus contraindicaciones. El tabaco ya sabemos todos que mata. También sabemos que algún día, la consciencia nos hará cambiar el paradigma sobre la salud. Y ahora que el 99 por ciento de la producción de tabaco nacional se concentra en esta región, la propia tierra y sus gentes deberán transformar sus cultivos y superar el miedo a lo nuevo. Algo se está sembrando en este lugar. Algo que algún día germinará.

El mundo está cambiando rápidamente. Los valores, las consignas, los modelos, los paradigmas que hasta ahora estaban bien arraigados en nuestra psique colectiva. Esta pandemia, real o no, está ayudando a empujar el proceso de cambio. Todos y cada uno de nosotros hemos cambiado algo en nosotros. Nuestra soberbia se ha difuminado un poco, nuestro orgullo ha sido gobernado por la humildad, nuestros deseos de victoria y triunfo se han amoldado a una realidad que nos ha superado colectivamente. Siempre he defendido que este tipo de cambios de paradigma son lentos. Siempre afirmo que el cambio que todos anhelamos, el cambio futuro, un mundo sin guerras, sin hambre, sin miseria existencial, ocurrirá algún día. Siempre predije que aún nos quedaban al menos quinientos años más por delante para trabajar en valores de igualdad, de solidaridad, de fraternidad humana. Pero quizás todo esté más cerca, y la humanidad algún día pueda emanciparse de todo aquello que ahora le hace sufrir, a veces innecesariamente.

En esta pequeña isla de estevia en la que ahora me encuentro se percibe ese cambio, esa ilusión, esas ganas de modificar en algo las mentes humanas. Lo veía en la ilusión que se desprendía en la reunión del patronato de la fundación que sostiene este proyecto, lo veía en la sincera fraternidad y camaradería a la hora de comer. En los agradables paseos junto al río, tranquilos, observando la naturaleza, su fuerza, su misterio, su deseo de vida.

Quizás no estemos tan lejos de ese cambio anhelado. Si miramos en nuestro interior, vamos a descubrir que el coraje de este tiempo nos ha cambiado, que la vida nos ha llenado de esperanza, de fe. Cuando caminas y sientes esa necesidad de colaborar con la creación entera, algo se despierta dentro de ti. Ya no vale refugiarse en tus creencias, en tus mundos. Ya no es una cuestión de creer o no. Llega un momento que uno sabe a ciencia cierta sobre cierta verdad. Y entonces, toda la vida se despliega para provocar el desarrollo de la misma. El mundo cambia cuando cambiamos por dentro. El mundo se transforma cuando interiormente asumimos una conquista. Esta isla algún día se extenderá por el ancho mundo. Un mundo más ecológico, más sano, más verdadero.

Gracias de corazón por apoyar esta escritura…

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