El origen del mundo y sus demonios. Apu llamando a la Tierra


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Grabado de la visión de Ezequiel, por Matthaeus (Matthäus) Merian (1593-1650).

«El escepticismo debe ser un componente de la caja de herramientas del explorador, en otro caso nos perderemos en el camino. El espacio tiene maravillas suficientes sin tener que inventarlas». Carl Sagan

La fuente es siempre la misma y se manifiesta en todos los tiempos, todas las edades y todos los confines. La fuente siempre habla de los mismos dioses creadores que vinieron de las estrellas, quizás hace algunos cientos de millones de años, para lograr el milagro de la vida individualizada en la consciencia humana. Las tradiciones más antiguas nos hablan de esta fuente. Jung lo llamaba inconsciente colectivo, los esoteristas más oscuros lo llaman registros akhásicos, el físico David Bhom lo llama campo unificado, la unidad psíquica de la humanidad de los ilustrados o el campo mórfico de Rupert Sheldrake. Sea como sea, hay una fuente que lo unifica todo y que ofrece respuestas a los interrogantes sobre nuestros orígenes.

Si no fuéramos científicos y nuestra imaginación se disparara hacia latitudes incontroladas, podríamos pensar que lo que fugazmente llamamos viento no deja de ser una interacción de otros planos que arremete en nuestro mundo. Es como si un ser de cuarta o quinta dimensión comenzara a caminar por nuestro planeta y eso provocara que de repente algo se moviera en nuestra dimensión. Lo llamamos viento y lo achacamos a la influencia de la luna, de las presiones y las tensiones atmosféricas, pero si observamos detenidamente el viento desde una imaginación libre, podríamos decir que se compone casi de vida propia, de identidad, de diferentes manifestaciones. Así los antiguos debían imaginar el mundo, de forma libre, no condicionados por la presión científica de nuestros tiempos, llamada en aquellos tiempos superstición.

Lo mismo ocurre en el campo de los mitos y las creencias. Antes llamábamos a los mensajeros de los dioses con diferentes nombres. Gabriel, Miguel, Rafael, Uriel, Raguel, Sariel, Remiel… La lista es interminable según la tradición a que se adscriba. Los nombres de los mensajeros actuales son más modernos y elocuentes. El más conocido de todos ellos quizás sea Ashtar Sheran, pero aquí en España tenemos a nuestros queridos Tefilo o Geenom. Se llaman ahora hermanos mayores, maestros ascendidos o enviados. Y todos tienen algo que decirnos. El libro de Urantia o los Manuscritos de Geenom son revelaciones modernas realizadas por los mensajeros de las estrellas actuales. El fenómeno de los contactados, los nuevos profetas, se extendió por todo el planeta en las últimas décadas. Como digo, la analogía con el viento es similar, está ahí, pero no sabemos realmente qué lo produce. ¿La fuente? ¿Ángeles? ¿Demonios?

Los mitos se repiten y se alternan centuria tras centuria. Caín mató a Abel en la tradición judeo-cristiana, igual que cientos de años antes, en la traducción egipcia, Seth mató a Osiris. El mito del diluvio es universal. Aparece en todas las tradiciones, incluyendo en él la destrucción de los continentes de la Atlántida y Lemuria. También el mito de que los dioses vienen de los cielos, uno de los más conocidos y quizás el más increíble de todos. Tanto dioses como mensajeros de los mismos vienen del cielo, de allí arriba, ¿de las estrellas? Uno de los mitos actuales más moderno es el origen humano gracias a la ayuda de los habitantes de Apu y la manipulación genética que hicieron con los primeros primates. Según el mito judeocristiano, los “elohims”, los hijos de los dioses, se enamoraron de las hijas de los humanos y de allí nacieron los nephilim. Podría decirse que es la transición universal de los mitos sumerios o egipcios evolucionando por las tribus mediterráneas de aquel tiempo hasta nuestros tiempos modernos donde los alienígenas paracen invadirlo todo.

Según los seguidores de la tradición más moderna, Apu es un planeta que se encuentra en la estrella Alfa B de la Constelación del Centauro, a unos 4,3 años luz de nuestro sol. Durante miles de años, los habitantes de Apu velaron por la evolución humana hasta que, tras un gran consejo, decidieron echar una mano para que el ser humano evolucionara. Lo hicieron desde una gran ciudad que construyeron entre los ríos Eufrates y Tigris, en la actual Iraq, el antiguo paraíso bíblico. Los apunienses serían los elohims bíblicos actualizados. Pero, ¿qué ha sido de ellos? Desde que dejaron de emitir por TV las series pro-alienígenas tales como Chocky, Alf o V, el mundo del contacto ET se ha esfumado o ha venido a menos. ¿Fueron los contactos con ángeles también una moda pasajera en tierras del creciente fértil de Canaán, lugar donde se produjo la revolución neólitica y posiblemente los primeros interrogantes estelares sobre nuestros orígenes? ¿O es que los mensajeros solo pueden comunicarse con nosotros solo muy de vez en cuando, dependiendo de la alineación de los astros? O algo peor, ¿nos han abandonado los dioses a nuestra suerte? La historia y los mitos están llenos de ángeles y demonios. También nuestra historia reciente. Sea como sea, nuestro origen como humanidad y como inteligencia es como el viento, un misterio.

Gracias de corazón por apoyar esta escritura…

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2 comentarios sobre “El origen del mundo y sus demonios. Apu llamando a la Tierra

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