Vender libros en nuestro tiempo


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“Don Quijote leyendo libros”, de Adolf Schrödter (1834)

«Desde que existe el libro nadie está ya completamente solo, sin otra perspectiva que la que le ofrece su propio punto de vista, pues tiene al alcance de su mano el presente y el pasado, el pensar y el sentir de toda la humanidad». Stefan Zweig

Si hay editores dignos de admirar uno de ellos sería el masón alemán Hermann Böhlau (1826-1900). Cometió la gran hazaña de publicar en la editorial Böhlau los 143 volúmenes de la obra recopiladora de todos los trabajos de Goethe. Fue llamada Sophienausgabe, edición de Weimar o edición de Sophien, en honor a la mecenas de este proyecto ingente, la Gran Duquesa Sophie von Sachsen-Weimar-Eisenach.

Hoy en día es muy difícil encontrar editores que se lancen a este tipo de aventuras. Tampoco existen escritores actuales de la categoría de un Goethe, ni mecenas como la Gran Duquesa, que auspicien desinteresadamente, tan solo por amor a la cultura o al arte, la edición de libros. También sería difícil encontrar a ávidos lectores capaces de penetrar en la compleja obra de un gran autor. Vivimos en un tiempo extraño donde cada vez es más difícil encontrar grandes autores vivos, grandes lectores, grandes editores capaces de arriesgarlo todo para continuar con la difícil tarea de editar buenas obras y grandes lectores de esos que antiguamente devorábamos los libros a pares.

Los libros han sido durante cientos de años nuestra fuente de información, conocimiento, transmisión de valores y cultura. También nuestros amigos, nuestras reservas imaginativas, nuestro toque de gracia, nuestra fuente de inspiración y nuestro anhelo espiritual. Pero esto no ocurre con todos. Hay personas que pueden vivir sin libros. Diría más, hay personas que no tienen libros en sus casas. En los tiempos que corren, los libros están siendo sustituidos por bytes de información, por píxeles. Cada vez más están siendo desterrados de casas y hogares. Ni siquiera se utilizan como medio decorativo como antaño. Los libros están siendo cada vez más motivo de desprecio y olvido.

El oficio de editor es extraño en nuestros días. Los libros dejan de tener alma y se convierten en mercancía. Lo que importa es vender, y los editores publican cualquier cosa con tal de permanecer vivos. Las librerías cierran (la última en caer fue la bella “El olor de la lluvia” de Madrid), los distribuidores quiebran dejando miles de euros sin pagar a editoriales que sobreviven como pueden.

Estos días he decidido dedicar algo de tiempo a los libros. El desánimo por la depresión económica no invita a muchas alegrías, pero hemos estado sigilosamente corrigiendo libros, traduciendo algún clásico aún no editado en nuestro país y hoy, viendo que entramos en julio y los clientes no pagan sus facturas, me dedicaba a bucear en posibles cauces de venta. Me aventuré a ponerme en contacto con distribuidoras americanas. Dicen los amigos editores que están sobreviviendo gracias a las ventas en aquel continente. Nunca se me había ocurrido pero el hambre agudiza el ingenio y así me pasé toda la mañana, llamando a las puertas de América.

Tengo un centenar de libros comprometidos para editar en los próximos dos años. He descartado aquellos que me será imposible atender. También he descartado la autoedición, que tantos quebraderos de cabeza me ha dado en estos dos años de experimentación. Cerramos hace unos meses el sello Phylira, una idea que nació en 2008 en Alemania, que tardó en cuajar pero que chocó frontalmente con mi nulo espíritu de mercader y vendedor. Puedo ser un editor más o menos bueno o malo, pero lo que no sé es vender un libro. Si en estos tiempos apareciera una Gran Duquesa podría editar grandes libros y afianzar con ellos las ventas. Pero la obra cultura es tan compleja, que mis aspiraciones bajan la libido intelectual y las expectativas se reducen a la mínima expresión. Así que compaginaré la vida en el campo con pequeños arrebatos editoriales, sobreviviendo como se pueda y cuando se pueda. Vender libros en nuestro tiempo es como ver a Don Quijote leyendo libros de caballería, algo para volverse loco.

Si aún no conoces nuestros sellos editoriales te invito a que ojees nuestras obras, y si hay alguna que te llame la atención, no dudes en comprarla. Llega el verano y un buen libro siempre puede ser un amigo.

www.editorialdharana.com 

Gracias de corazón por apoyar la escritura… llega el verano y los editores tienen que vivir como puedan… este escaparate siempre resulta un lugar imaginativo para potenciar el Arte en la Palabra… Una particular ventana al mundo… Gracias por apoyarlo… 🙂 

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