Vencer el sufrimiento. La ley del devenir.


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© Brych Photography

Nacer, sufrir, morir. Así podríamos resumir la vida corta, la vida mecánica, la vida que nos espera. Me di cuenta especialmente el sábado. Una de las gatas había cazado al simpático petirrojo que solía visitarnos con frecuencia. Los petirrojos son excesivamente curiosos y confiados. Y en algún descuido, en algún error, sucumbió a las garras gatunas. Cuando lo vi muerto no me lo podía creer. ¡Sentía tanto amor por ese pequeño animal!

Me marché triste, embriagado de rabia e incertidumbre, a alguna parte y en el caminar, me topé con otro pajarillo muerto. Y al día siguiente un tercero. Y ayer mismo, la gallina Clarita había muerto en manos de algún gavilán que le dio caza en el propio corral. Cuando vi su cuerpo muerto, frío, tieso, destripado, sentí un gran dolor. Clarita no era una gallina como las demás. Destacaba por su simpatía y confianza. En carácter era muy parecida a la famosa gallina Negri, que también murió hace unos años en manos de algún rapaz. ¡La muerte azota una y otra vez! Y me acordé de todas esas criaturas que son sacrificadas en fábricas de hacer comida y sentí mucha tristeza. Al menos Clarita, como el petirrojo, llevaron una buena vida libre y salvaje.

Aquí en la naturaleza la muerte forma parte de la vida constantemente. Van unidos, son inseparables. La ley del devenir es una deformación a veces cruel. La cadena trófica resulta insoportable cuando el que muere es alguien cercano. No importa que ese alguien, con su propia personalidad, sea un pato o una gallina. Aquí los animales viven en condiciones muy parecidas a los humanos con los que cohabitan. Se podría decir que somos todos una gran familia donde nos cuidamos y protegemos mutuamente. Al no participar en la cadena trófica, los animales viven felices, a veces durante muchos años, hasta que al azar provoca una muerte inevitable.

Leíamos hoy en los últimos capítulos de un libro que andamos estudiando que “la sombra es la luz bajo la forma de aquello que la estorba”. Nuestras sombras nos sirven para identificar ese obstáculo que está frente a nosotros y no deja pasar la luz. A veces, el sufrimiento es un síntoma parecido a la sombra. Surge cuando no tenemos capacidad de comprender que la vida en sí misma es sufrimiento, y no nos queda más remedio que aceptarla. En el budismo se conoce como duḥkha, y las cuatro nobles verdades nos hablan del origen del sufrimiento y de cómo extinguirlo gracias al noble óctuple sendero. Sin embargo, la primera noble verdad es en sí misma una gran advertencia: el malestar en todas sus formas, dolor, sufrimiento, pena, aflicción, angustia, estrés, es inherente a la existencia en el mundo. Por ello, debemos aceptar y comprender que el sufrimiento está ahí, en cualquier lugar, en cualquier parte, esperando.

Una persona que está en su centro no significa que haya vencido al sufrimiento, significa, como nos dice Dürckheim, que ha aprendido a sufrir. Vencer el sufrimiento, para una persona realizada, es que ha sido capaz de sufrir el dolor. Esto es una forma de aceptación, de respirar profundamente la vida. Aceptar el sufrimiento y el dolor como parte de la vida, es un gran paso de desapego y de aceptación hacia el siguiente paso: la propia muerte y extinción. Respirar la vida significa que aceptamos que nos estamos preparando para la muerte. Estar poseídos por la vida es mantener la atención plena en esa cuenta atrás hacia el final. Amar en la crueldad del mundo es aceptar el sufrimiento.

El sufrimiento nos hace humildes. Nos creemos iluminados, pensamos que hemos vencido los avatares de la vida, pero de repente, algo nos detiene y nos doblega. Entonces, primero nos retorcemos, y luego, aceptando el dolor y la derrota, inclinamos nuestra cabeza hacia la tierra en señal de humildad y aceptación. Con una suave aceptación, aprendemos a asumir nuestro propio destino. Vida, sufrimiento y muerte se entremezclan una y otra vez en nuestro aparatoso devenir. Lenta y secretamente, la muerte nos espera en alguna parte. No podremos vencerla, pero podremos aceptarla a medida que vayamos aceptando el inevitable sufrimiento del mundo.

Gracias de corazón por apoyar esta escritura…

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