Los enviados del Guionista


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Si todo esto fuera una teatralidad para que nosotros pudiéramos hábilmente interpretar nuestro papel, sin duda, el Guionista de toda esta existencia tiene bien atado cada uno de los pulsares existentes. Hace justo una semana que se marcharon los chicos. Al día siguiente llegó nuestra querida amiga Laura, la cual se marchó ayer después de unos días de convivencia. Y hoy, sin darnos tregua a estar ni un día solos, llegó una peregrina de Brasil que apareció de repente mientras nosotros trabajábamos en un muro de piedra seca que estamos haciendo para habilitar la entrada. “Ya sé que estáis cerrados, pero no sabía donde ir”, nos dijo Fabiola en su lengua natal. Por un momento me quedé inmovilizado. Hacía muchos meses que no acogíamos a nadie e interiormente no me sentía con ánimo para ello. Sin embargo, no podía decir que no, y la invitamos a entrar a la casa.

Mientras sumaba piedra tras piedra al muro seco sentía que Fabiola era una señal de algo, una mensajera que quería comunicarnos algún tipo de recado. Es como si el Guionista nos dijera que no podíamos cerrar las puertas del lugar, por muy agotados que interiormente estuviéramos. Que la labor de acogida forma parte imprescindible de todo cuanto hacemos, y que, de alguna forma, lo único que hay que hacer es organizar mejor los espacios de privacidad para que nadie termine agotado. Esto es algo que aún no tenemos resuelto, así que le llevamos provisiones a Fabiola y le dimos indicaciones para que se acomodara a sus anchas. Toda la gran casa está a su disposición.

Al pensar en todo esto, me daba cuenta de que en verdad el proyecto no había más que empezado. Estos seis últimos años han sido como una especie de entrenamiento, de búsqueda de fórmulas apropiadas para mejorar día tras día. La casa de acogida ha sido todo un éxito. Pero no la convivencia de larga estancia. El proyecto de comunidad abierta ha cuajado en los corazones de casi todos los que han participado en este encuentro ecuménico, pero no la comunidad estrecha, cercana. Eso ha fallado estrepitosamente, y nos hemos dado todo este tiempo para intentar ver qué ha podido ocurrir para que muchos corazones se hayan roto por el camino. Esto es algo que me ha entristecido profundamente, cuando mi única intención en este lugar ha sido la de abrir las puertas y trabajar duro para que a nadie nunca le faltara de nada. Sin duda, no he sido capaz de contentar a todo el mundo, y mi deseo es apartarme todo cuanto pueda para no seguir ofendiendo a nadie. Trabajaré en silencio, y buscaré la fórmula más idónea para no hacer mucho ruido.

Es evidente que la ausencia de espacios privados y más allá de ello, de privacidad individual, ha creado una sensación de agotamiento de todos los que han intentando expandir su experiencia aquí. A mí mismo me ha ocurrido, y por una firme creencia en el proyecto y una fortaleza interior a prueba de bombas he permanecido. Aún así, admito que el agotamiento roza la extenuación.

Sea como sea, en este peculiar tiempo hemos seguido mejorando la casa, los espacios privados y proyectando la futura escuela en sus partes tangibles e intangibles. Hay mucho por hacer y los recursos son escasos, pero vamos obrando un poco de todo cada día. Paso a paso, el lugar va mejorando y embelleciéndose. El reto de la próxima primavera será importante. Volveremos a abrir tras una larga reflexión. Supongo que la reflexión sobre la acogida no cambiará mucho, pero posiblemente anularemos, hasta que sintamos lo contrario, las estancias de larga duración, o al menos aquellas con perspectiva de vivir o asentarse aquí. Sentimos que ese punto aún está muy verde y debemos darnos un plazo de al menos siete años para poder madurarlo con calma. En esos próximos siete años habremos tenido tiempo de mejorar toda la parte material, pero también la espiritual, especialmente en nosotros, los guardianes del lugar.

Estas son nuestras ideas a día de hoy, pero sabemos que todo es provisional. Mañana vendrá otra Fabiola y nos cambiará el curso de nuestras vidas, de nuestro sentir, de nuestra inquietud interior. Seguirán llegando los mensajeros del Guionista, y nosotros seguiremos atendiendo a su llamada, a su maestría, a su consejo. Veremos como gestionamos esta nueva etapa. Veremos qué nos depara esta aventura que nos hace sentir todos los días, vivos, muy vivos…

Gracias de corazón por apoyar esta escritura…

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