Los sueños, sueños son. Una interpretación fastidiosa sobre el mundo onírico


 

Rossetti, Dante Gabriel, 1828-1882; Dante's Dream on the Day of the Death of Beatrice
El sueño de Dante ante la muerte de su amada
Pintura de Gabriel Rossetti

La mente es un ente. Un ente que no puede parar de trabajar, de experimentar. A la mente le ocurre como al corazón. No pueden dejar de funcionar. Por eso, cuando llega la noche y nuestro cuerpo requiere descanso, la mente sigue funcionando. Ese funcionamiento ha creado mundos, misterios y cientos de teorías y creencias. Los sueños han sido motivo de poesía, de ciencia, de mancias. Pero como decía el poeta, los sueños, sueños son.

No tienen ninguna razón de ser excepto el avivar la propia existencia mental. Al cerrar los ojos, la parte consciente de nuestro cerebro se desactiva y entra en ejecución nuestra parte inconsciente. Como en ese mundo no hay limitaciones morales ni físicas, la mente imagina, normalmente, todos esos instintos reprimidos en la cotidianidad. Actúa como desahogo. Todos los desechos mentales del día se expulsan en los sueños. Se podría decir que los sueños son el vertedero de nuestro mundo mental, un sumidero donde desaguar todos nuestros deseos más reprimidos.

Es evidente que no todas las mentes son iguales, y por lo tanto, los sueños suelen establecerse según el tipo de consciencia que impera en la cotidianidad del día a día. No serán iguales los sueños de un violador que los sueños de alguien que se dedica a la meditación trascendental. La calidad de los sueños dependerá de la calidad de nuestras vidas. Los deseos, sean del tipo que sea, materiales o espirituales, se recrean en los sueños de forma viva y compleja, atendiendo a que en ese mundo onírico, las fuerzas de la física actúan de forma diferente. Se puede decir, de alguna forma muy simbólica, que los sueños es lo más parecido a un verdadero viaje astral, pero sin llegar a serlo.

Reducir los sueños a la visión de ser un sumidero, una cloaca mental, sería poseer una visión excesivamente reduccionista y simple. Lo es mientras no tengamos alguna otra certeza. Los sueños son como esa gran obra donde, si lo deseamos, y mediante prácticas de concentración y visualización, podemos llegar a ser protagonistas. Pero no dejarán de ser más que eso, un pequeño escenario cargado de magia, de viajes, de vuelos, de momentos angustiosos ancestrales como cuando soñamos que nos quedamos sin dientes o cuando de repente intentamos alzar el vuelo y damos pequeños coletazos de un lado para otro.

En los sueños se manifiestan claramente los clones híbridos. Son personas que pertenecen a una misma familia. Ocurre cuando estás soñando con alguien, pero su cara pertenece a otra persona conocida. Es como si los personajes se mezclaran en el inconsciente, o como si el juego de máscaras oníricas fuera totalmente diferente al que vivimos en la vigilia. No deja de ser fascinante los escenarios capaces de desarrollarse en el mundo onírico. Y también la teatralidad de todo lo que pasa, como si de un guión perfectamente orquestado se tratara.

Sintiéndolo mucho por los amantes del psicoanálisis y por aquellos que anhelan en los sueños mensajes transcendentes, no hay mucho que analizar de los sueños. Sí es posible que nuestro mundo de significados vehicule arquetipos significativos para nuestras vidas mediante sueños lúcidos. Pero como digo, son producto más de un deseo que de una energía telúrica proveniente de un más allá incierto. La genética podría complicar las cosas si, además de entender que los sueños son un sumidero de nuestra mente, también lo son de la psique de todos nuestros ancestros que de forma subliminal, como capas de una cebolla, hemos heredado en nuestro ADN psíquico. Es decir, algunos sueños podrían revelar situaciones angustiosas de nuestros antepasados, como la pérdida de dientes referida antes. Esas angustias han quedado gravadas traumáticamente en la genética que hemos heredado y en ocasiones, se manifiestan de forma espontánea en nuestras noches más retorcidas.

Deberíamos hablar, si tuviéramos tiempo y espacio, de los tipos de mentes, y de paso, de los tipos de consciencia que gobiernan esas mentes. La analogía con la informática podría ayudarnos. No es lo mismo el hardware (cerebro físico) que el software (mente). Hay muchos tipos de software, pero el mundo de la informática nos ha dotado de dos analogías aún más increíbles: internet y la nube. Si indagamos en esa analogía, podemos pensar que nuestra mente no es un ente aislado, sino que, además de estar conectada a nuestros ancestros gracias a la genética psíquica, también, de alguna manera, está conectada a todos nuestros congéneres actuales.

Es aquello que los ilustrados llamaban la unidad psíquica de la humanidad. En esa unidad, también podemos desarrollar sueños que no nos pertenecen, sino que se entremezclan una y otra vez con otros sueños, con cientos, quizás miles o millones de personas que están elaborando su propia película o teatro dentro del increíble y fascinante mundo onírico. Un mundo totalmente desconocido, un vertedero mental fascinante para los coleccionistas de rarezas. La cuestión simple y profunda, quizás, sería el preguntarnos: ¿son nuestras vidas “reales” el vertedero de alguien o algo que nos está soñando?

Gracias de corazón por apoyar esta escritura…

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