Personas creíbles


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© Jimmy Sohm

La gente creíble es la que ha logrado sus objetivos en varias ocasiones. Es aquella que cuando se les cuestiona su enfoque o su manera de hacer las cosas, puede dar explicaciones precisas. A veces, cuando das un exceso de explicaciones ante la incredulidad del otro, pueden llegar a tomarte por excesivamente arrogante o excéntrico. Lo hermoso sería no tener que dar explicaciones de tus éxitos, de tus logros personales, de tus avances. Sentir la vida es no parar de intentar todo tipo de objetivos sin dar un exceso de explicaciones. El silencio humilde es el mejor consejero y guía.

En ocasiones, algunos de esos objetivos serán tremendamente fracasos. Algunos de ellos, sembrados y cosechados con paciencia, lograrán tener cierto éxito. Hay personas que no tienen éxito porque no se plantean ningún tipo de objetivo. Prefieren quejarse de su mala suerte culpando a los gobiernos, culpando a la elite oscura, a las fuerzas del mal o al vecino de enfrente. Sin embargo, cuando se les da la oportunidad de emprender algo, no son capaces de hacer nada porque lo más prudente es seguir viviendo en la queja.

La queja también trae consigo crítica, algo fastidioso en nuestro país. La gente creíble no puede dejarse llevar por esa crítica constante. Se centra en su trabajo, realiza sus planes independientemente de lo que dirán. El arte del desacuerdo reflexivo es algo que no todo el mundo tolera. Una persona creíble cuestiona todo, pregunta todo, interroga la realidad. Prefiere equivocarse antes que estar inmóvil, porque sabe que la vida fluye constantemente. Pierde sus ganancias en cada empresa, arrasa con todo cuanto sea impedimento para su visión, pero también aprende a perder desde la humildad. Sabe que en la vida hay primaveras que florecen, pero también inviernos que congelan el alma. Hay momentos para la cosecha, otros para la siembra, y algunos, para ver como todo un campo de patatas ha sido arrasado por una manada de jabalíes, como nos ocurrió hace unos días. La vida tiene sus ciclos, y hay que saber respetarlos. Noche y día forman parte del núcleo de la existencia. También las estaciones de nacimiento, desarrollo, plenitud y muerte. Todo está interconectado. Todo, cuando uno vive la vida con intensidad y fluye con ella, palpita con fuerza en nuestro interior.

Las personas creíbles no lo son para el resto, sino para sí mismas. No hacen las cosas para demostrar nada, sino por pura satisfacción personal. Son creíbles porque alcanzan una sabiduría mayor que el resto a base de esfuerzo y sacrificio. Cuando vamos a un médico por alguna dolencia, creemos en el doctor. Para nosotros, en ese momento de dificultad, el médico es una persona totalmente creíble. Ha desarrollado una carrera y tiene un cierto grado de pasión hacia el servicio a los demás. No necesita demostrar a nadie ni lo uno ni lo otro. Ha trabajado duro durante muchos años para llegar a ese lugar donde puede ayudar a sanar. Y nosotros, humildes, aceptamos su conocimiento y saber.

Las personas creíbles son como el médico. Se preparan, trabajan duro y luego hacen lo que pueden por ayudar al resto. Los más osados atraviesan las tres fases que la vida nos pone ante nosotros. La primera fase es aquella en la que solo miramos por nuestro interés. Somos personas individualistas, egoístas, que únicamente miramos por nosotros. He conocido a mucha gente que vive su vida solo para ellos. Satisfechas o no con sus vidas, su única misión es disfrutar de la misma sin mirar al resto. La segunda fase corresponde a las personas que, resuelta su vida personal, se dedican a ayudar al resto. Son servidores, almas entregadas que luchan contra las injusticias y buscan fórmulas de echar una mano para la mejora del mundo. La tercera vía es la de aquellos que, una vez han puesto toda su vida al servicio de la vida, suben un escalón más en su progreso personal y buscan en la trascendencia significado a sus acciones, a sus propósitos, a su lugar en el mundo.

Las personas creíbles cuidaron su vida, cuidaron de la vida de los demás y cuidan de la vida trascendente. Ahí no hay juicio. Solo trabajo, esfuerzo, entrega, y grandes dosis de sacrificio y aventura, de fe y esperanza por comprender la verdad del mundo. Las personas creíbles cuidan de sí mismas y cuidan de los demás, sin olvidarse del Sustentador del Universo, aquel al que entrega su vida más íntima y su contacto más profundo. Las personas creíbles enlazan ambos mundos, el visible e invisible, el tangible e intangible, el material y el espiritual en un continuo y fugaz flujo hacia la existencia plena.

Gracias de corazón por apoyar esta escritura…

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