Lo universal solo pasa a través de testimonios individuales


 

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Con Manuel, de A Ferrería

El sábado fuimos a dar una vuelta por las hermosas montañas del Courel. Visitamos varios lugares hasta que llegamos a la bella aldea de A Ferrería, en el concello de O Incio. Es un lugar que impresiona por su historia, por sus construcciones antiguas, por su gran balneario construido a finales del siglo XIX y ahora abandonado, pero sobre todo, por su gente. En la última casa del pueblo vive Manuel con su hija. Durante estos seis años solíamos visitarlos en verano acompañados de grupos que hacían la semana de experiencia. Formaba parte de una de las actividades, el visitar el Courel, A Ferrería y a Manuel y su hija.

Manuel vive en una casa hermosa y modesta, que guarda un tesoro tras sus paredes. Atravesando una singular galería que comunica dos construcciones, te encuentras de repente con un pequeño paraíso cruzado por el río Antiguo. El pequeño valle, todo de Manuel, culmina en una hermosa cascada que impresiona por el lugar y la hermosura.

Cuando llegamos no vimos a nadie, así que con la confianza de otros tiempos, nos atrevimos a allanar la morada de Manuel, atravesar la galería y penetrar en su pequeño rincón. Hacía al menos dos años que no iba por allí y estuvimos un buen rato contemplando la cascada hasta que apareció Manuel con su fouciño, su inseparable y ya viejo perro pastor y su pequeño rebaño de ovejas que corrían tras él. Al principio nos miró con cara de enfado porque no nos reconocía hasta que me presenté: “Soy Javier, de O Couso”. O Couso, dada su peculiaridad, es muy conocido por estos valles. Manuel paró un momento y de repente se le iluminó el rostro de alegría. “¡O Couso!” Exclamó casi como si hubiera visto una aparición. Se alegró enormemente de vernos de nuevo y pronto, ante nuestras curiosas preguntas, empezó a relatarnos su historia de vida, su propio testimonio individual, encarnando dentro de sí lo universal de un tiempo que ya no existe.

Manuel nació en el año 1933. Cuenta ahora con 87 años pero su energía y su vitalidad no corresponden con su edad. Nos contaba sus aventuras cuando emigró a Bilbao y luego más tarde, en los años cincuenta, se marchó durante diez años al norte de Alemania. Era hermoso escuchar la emoción en sus palabras, en sus gestos, imitando las labores que hacía en uno y otro trabajo. Añoraba aquellos tiempos de aventuras, de emigración, de mucho trabajo e ilusión por la vida. Una ilusión que no ha perdido. Sigue trabajando duro en la huerta, de la cual se enorgullece, aunque se quejaba de que desde hace tres años está todo muy extraño y ni siquiera los castaños dan fruto. También con las ovejas, con sus pequeños bosques que cuida con esmero para que no crezcan las silvas. Al hablar y nosotros escuchar con atención, nos vimos de repente transportados a otro mundo.

Contaba orgulloso como sus padres habían conseguido comprar al dueño de aquellas tierras, el conde de Campomanes, todo lo que ahora tenían y disfrutaban. Eran tiempos de caciquismo, de minifundios, de mucho esfuerzo, trabajo y sacrificio. Tiempo de pobreza y emigración. En aquella época hacía pocas décadas que se había terminado de derrumbar el gran Imperio Español. Abarcaba casi toda América del Sur y parte de América del Norte, incluyendo casi la mitad del territorio que hoy conocemos como Estados Unidos. Para Manuel, esos hechos, esas pérdidas, habían ocurrido en un tiempo muy cercano, y aún denotaba su voz la nostalgia de toda aquella grandeza. También la tristeza por haber vivido, de niño, la Guerra Civil. Nos relataba con sumo detalle la decadencia de la Galicia de los balnearios y de las minas de hierro, habituales en aquellas tierras, donde el mismo había trabajado durante muchos años antes de la emigración.

Fue una tarde de experimentar lo valioso del testimonio personal. El relato vivo de las gentes que han sobrevivido a todos los tiempos. Recordé la hermosa labor que desde la Editorial Séneca hicimos durante muchos años rescatando las historias de vida de personas anónimas, que relataban, algunos ya en avanzada edad, toda su trayectoria vital. Me hubiera gustado seguir con esa labor antropológica, etnográfica. Hubiera sido hermoso disponer de medios o tiempo para seguir dando voz a testimonios vivos como Manuel, un héroe de otro tiempo. Gracias de corazón por esa siempre cálida acogida y por ese siempre grato encuentro. Gracias por acercarnos a la grandeza de entender que cada voz, que cada testimonio, ya sea oral o escrito, muestra ante nosotros un trozo de tiempo, una historia, un espíritu.

Gracias de corazón por apoyar esta escritura…

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