El mérito de estar callados


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© Laurent Baheux 

¨El Ser es lo que Es y no se perfecciona más que siguiendo las leyes reales del Ser. Observemos, no prejuzguemos; ejercitemos nuestras facultades, no la falseemos; ensanchemos el dominio de la vida; ¡veamos la verdad en la verdad! Todo es posible a aquel que quiere solamente lo que es verdadero. ¡Permaneced en la naturaleza, estudiad, sabed y después osad; osad querer y callaos!¨. Eliphas Levi

Los gnósticos de todos los tiempos asumían como suya la plegaria zoroastrista del saber, querer, osar y callar. El silencio siempre fue un signo de distinción entre los cultos, los elevados y los venerables de todos los tiempos. Los que se presentan con la frente erguida, la mayoría de nosotros, solemos ser personas ruidosas, extremamente estridentes. El silencio viene asociado a la humildad y junto a la belleza, suele ser un síntoma inequívoco de sabiduría.

Trabajar sin que la mano derecha vea lo que hace la mano izquierda, aunque esto a veces pueda resultar desagradable o pueda generar desconfianza, es algo complejo. Muchos confunden el trabajo del pequeño ego con el trabajo del Ser esencial, del Alma. Muchos confunden ambas dimensiones, cuando son disparatadamente diferentes hasta que la verdadera integración de una con la otra es real. La verdad de las cosas, desde lo subjetivo de lo que uno siente a lo objetivo de lo que otros opinan, varía en todos los sentidos posibles como una transfiguración de personajes y situaciones a veces irreconocibles. Por eso, hablar de la “verdad” siempre resulta osado, excepto para el dogmático, el fanático y el exaltado. La verdad sobre un elefante no es la pierna que en nuestra limitada capacidad, siguiendo con el conocido juego de la percepción, podamos ver o percibir. El elefante real, siempre será mucho más grande y majestuoso.

Hablar de lo que no se habla, de aquello que a veces es tabú, sólo tiene mérito cuando nace de la voz de la maestría. A los demás, ya nos valdría estar callados, en silencio, sin hacer mucho ruido. Si no fuera por ese ser exacerbado, por esa continua necesidad de describir y escribir sobre la vida, mantendría un absoluto silencio.

Es cierto que, exceptuando estos veinte minutos de relato casi epistolar, el resto del día lo paso en silencio. No soy hombre de palabra. Prefiero la escucha o la contemplación, el pasear desnudo, sin mucho que decir, observante, pasivo ante los acontecimientos diarios. Estas palabras forman parte de un testimonio literario, a veces exagerado por la imaginación, a veces excesivamente descriptivo con los acontecimientos diarios. A veces simpático y otras desagradable. La vida misma, con sus norias, con sus vaivenes, con su misteriosa plenitud y expresión. Un trozo de pierna elefantina, sin más.

Suscribirse a los hechos no deja de ser una forma de mirar al mundo. Compartir esa mirada no deja de ser un acto de generosidad. Guste más o guste menos, el resultado no importa en absoluto. El filósofo Lessing se cuestionaba sobre la virtud de las creencias o del propio patriotismo. No hay patria ni creencia en todo cuanto aquí se relata. Sólo una expresión libre de los acontecimientos vividos subjetivamente. No hay mucho que esconder, ni mucho que relatar más allá de la deriva de mi propia imaginación, plasmada con anécdotas sin importancia. A veces hay deseos reprimidos que no encuentran palabras y otras, esos deseos son expresados atávicamente con el poder y la fuerza de un huracán encerrado en una botella que fuera lanzada al infinito océano de la sinrazón. Si esto ayuda a alguien, bienvenido sea. Si no ayuda, no pierdan el tiempo conmigo. No merece la pena.

Estar callados, en silencio, no es solo el dejar de hablar. Es también esa virtud de transmitir paz a los lugares y las personas que nos rodean. Esto es algo complejo, porque a veces, cierta incertidumbre nos apodera cuando vemos como las cosas requieren orden y perseverancia. El propio Jesús lo dijo de esta manera: “No creáis que he venido a traer paz a la tierra. No vine a traer paz, sino espada”. Más tarde, látigo en mano, sacudió a los mercaderes del templo diciendo: “¿Cómo se atreven a convertir la casa de mi Padre en un mercado?

El templo es un lugar de oración, de meditación, de contemplación, y por lo tanto, de silencio. Cuando el ruido se apodera del templo, cuando los mercaderes hacen de sus paredes sombra para cobijar sus bueyes y ovejas, entonces, hay que levantar el ánimo, látigo en mano, y expulsar el ruido. Es una tarea compleja, porque el ruido que está fuera suele ser una manifestación psíquica y cuántica del ruido que albergamos dentro. Pulir virtuosamente nuestro ruido es una forma franca de traer paz al mundo. Por eso el silencio es un mérito. Es la cosa más difícil del mundo, y solo los virtuosos venerables consiguen esa paz profunda.

Gracias de corazón por apoyar esta escritura…

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Un comentario sobre “El mérito de estar callados

  1. Maravillosa lectura …. DE LAS QUE NECESITAMOS ETERNAMENTE….

    Con el perdón suyo SIEMPRE HE AMADO ESTAS ESPECIALES LECTURAS.

    En la O.R.C. leì cuando era estudiante EN MIS AÑOS DE los 25 a los 30 Hasta los grados De I.Templo… UNA LECTURA SOBRE EL PODER DEL SECRETO…. GUARDAR EN SECRETO NUESTROS PLANES…..

    Le suplico si tiene esa lectura… Me la permita.

    Soy un hombre de 78 años… Trabajè en Contabilidad en Banco Agrìcola de El Salvador 34 años. Y como LINOTIPISTA En el DIARIO DE HOY de El Salvador.. Con una EXCELENTE SALUD… Y CON EL RECUERDO DE TODO LO QUE NOS AYUDA A VIVIR…. Se muere y se enferma Quien cree EN LA ENFERMEDAD Y QUIEN CREE EN QUE DEBE MORIRSE….

    Hay mucho que aprender aun…. Sino CONTINUAREMOS…. En la PROXIMA…

    GRACIAS… Y PERDON EL ABUSO.

    Enviado desde Correo para Windows 10

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