Alcanzar la plenitud de la manera más perfecta posible


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© Gabriel Guerrero Caroca 

“Las buenas influencias no existen, señor Gray. Toda influencia es inmoral; inmoral desde el punto de vista científico. Influir en una persona es darle la propia alma. Esa persona deja de pensar sus propias ideas y de arder con sus pasiones. Sus virtudes dejan de ser reales. Sus pecados, si es que los pecados existen, son prestados. Se convierte en eco de la música de otro, en un actor que interpreta un papel que no se ha escrito para él. La finalidad de la vida es el propio desarrollo. Alcanzar la plenitud de la manera más perfecta posible, para eso estamos aquí”. Oscar Wilde. El Retrato de Dorian Gray

Oscar Wilde decía que la vida no puede escribirse, solo puede vivirse. Escribía cuando no conocía la vida, y cuando entendió su significado, dejó de escribir. Me ocurre algo parecido. Escribo a modo de diario íntimo, una forma de recordar, ante mi falta de memoria, todos los acontecimientos e ideas vividas. Porque las ideas también se viven, no solo de pan vive el ser humano.

Alcanzar la plenitud de la manera más perfecta posible requiere dejar de influenciar al otro. Por eso, de alguna manera, me siento estos días liberado. No deseo seguir condicionando la vida de otros. A veces, imponiendo ciertas reglas que no son del todo integradas por otros, estoy cometiendo una inmoralidad. Resulta difícil encontrar el punto de equilibrio entre ese afán de intentar mejorar las cosas y ese otro de ejercer control sobre las mismas. Por eso el cierre de este lugar, aunque sea de forma temporal, es liberador. Es liberador porque deja de condicionar la vida de terceros. Es liberador porque esos terceros dejan de condicionar mi propia vida .

Realmente descubro con cierta decepción que cuando no hay obligación, nadie atiende a lo más mínimo. El mundo a veces requiere de normas, de estamentos, de obligaciones para que de alguna forma sobreviva. Las excepciones nacen cuando el sentir personal está por encima de cualquier norma, y por lo tanto, las cosas fluyen sin necesidad de forzarlas. Como digo, esto podría ser lo excepcional.

Ahora que todo ha cambiado, que los tiempos han cambiado y que de alguna forma nosotros hemos cambiado con ellos, me pregunto qué será lo siguiente a perfeccionar para dejar de influenciar y dejar que cada cual viva sus propias pasiones. Es algo difícil. Jesús decía aquello de que el candil había que ponerlo encima de la mesa. Que había que salar el mundo. Que, de alguna forma, tal y como decía el Buda, hay que practicar los caminos. Pero, ¿cómo hacerlo sin coartar la libertad del otro, sin influenciar ni prestar nada al otro? Aún no se me ocurre como hacerlo.

Alcanzar la plenitud es algo complejo. Todos deberíamos tener la oportunidad de poder hacerlo alguna vez en nuestras vidas. Siento que este año será muy revelador. De alguna forma, en este tiempo de contemplación y retiro, siento una gran paz interior. Solo deseo no deber nada a nadie, y espero que en los próximos años esto se haga una realidad.

 

 

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