Cumplamos con todo nuestro deber


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“No es oro todo lo que reluce; no todos los que vagan están perdidos; lo viejo, si vigoroso, no se marchita; a las raíces profundas no les afecta la helada.” J. R. R. Tolkien

Estos días me he unido subjetivamente a un grupo global de meditadores que se esfuerzan para que la paz penetre cada vez más en nuestros mundos. La meditación es importante por muchos motivos. Sirve de guía, de contacto con nuestro ser interior, de momento de desconexión de todas nuestras preocupaciones y sirve para construir un puente que nos una cada vez más hacia la parte más profunda de aquello que llamamos el misterio. Cuando meditas, algo se vuelve vigoroso dentro de ti, algo que enraíza profundamente y te mantiene sujeto a un ideal, a una vida que se expresa y se expande.

Esta mañana tuve una pequeña lesión muscular. Aprovechando que el estado de alarma se había suavizado un poco, nos aventuramos a viajar por las profundidades de la provincia hasta Tierra Cha, la tierra plana que se extiende por el centro de este país celta tan hermoso. Era nuestra primera excursión después de este largo encierro. Los paisajes eran inspiradores hasta que llegamos a uno de los viveros más grandes de Galicia. La idea era mirar un poco qué se podía hacer para empezar de aquí a un año con el segundo tramo de siete años de la experiencia utópica, la cual basaría sus esfuerzos en la construcción de la Escuela y el Jardín, antes de empezar con el tercer tramo, el de la comunidad, siete años después. Al final compramos algunos rosales, algunos árboles frutales y algunos setos. Fue cargando estos últimos cuando sentí un dolor profundo en mi espalda.

Al volver a casa, ante la idea de acercar todo lo posible las nuevas adquisiciones hasta las cabañas, tuve la mala suerte de encallar el coche en mitad de la finca, en un barrizal junto a la huerta del que no pude salir. Allí se quedó a la espera de que el tiempo amaine, la tierra se seque y pueda sacar el coche. Y así estoy yo, encallado en el lecho, sufriendo este agudo dolor e intentando que su intensidad amaine mientras suspiro profundamente y reflexiono sobre los últimos acontecimientos vividos.

Cuando la vida te para de esta manera, así, de repente, uno tiene tiempo de cerrar los ojos y contemplar la existencia desde una dimensión diferente. Así lo hice esta tarde durante un tiempo. Cerré los ojos justo al atardecer, como hacen los sacerdotes brahmanes de la India, y recité el hermoso Gayatri: ‘Oh Tú, sustentador del Universo, de Quien todas las cosas proceden, a Quien todas las cosas retornan, revélanos el rostro del verdadero Sol Espiritual, oculto por un disco de luz dorada, para que conozcamos la verdad, y cumplamos con todo nuestro deber, mientras nos encaminamos hacia Tus sagrados pies’.

El silencio se apoderó durante un tiempo mientras observaba como, bajo la lluvia, ella plantaba setos y rosales junto a la cabaña, desbrozando y preparando antes la tierra, con una fuerza admirable a pesar de sus largos días de ayuno de 24 horas. La idea es crear un entorno de mayor privacidad, porque hemos descubierto que llevo seis años expuesto al mundo, sin disfrutar de un espacio propio, privado, de silencio, de intimidad. Ella trabaja así, en silencio, sin molestar a nadie, llevando a raja tabla sus prácticas espirituales y sin necesidad de que nadie vea lo que hace día tras día. Ella cumple con su deber interior y anima al mundo con ello. Se desprende de todo y en su simplicidad exterior crea complejos sistemas interiores.

Sentí en su ejemplo cierto alivio. De alguna forma me gustaría ser una especie de sombre anónima, un ejemplo invisible que susurra a los vientos y trabaja en silencio. Conocer la verdad es algo complejo. Cada uno tiene una visión de las cosas que dependen sustancialmente de lo que otros dicen, de lo que uno siente sobre lo que otros dicen, de lo que uno ve y observa, de lo que uno ve y observa y discrimina y discierne. Cuando uno siente cierta frustración interior, a veces determinada por hechos del pasado, y otras por no alcanzar expectativas de futuro, tiende a culpar a los demás de dichas frustraciones. A veces, si no se encuentran culpables objetivos, solemos verter nuestra cólera sobre los gobernantes, sobre el mundo entero o la existencia entera.

Siento que mi vida es algo compleja. Esa complejidad crea en algunos desconfianza y en otros admiración. Ambas son realidades mentirosas porque solo ven una parte del conjunto. Ciertamente, cuando la desconfianza comienza a volverse tóxica, intento enfocar mi mirada en aquello que pueda producir paz. Cierro los ojos, medito en silencio y procuro no verter negatividad en todo cuanto ocurre. A veces me llegan injurias, otras veces ataques e insultos de forma indiscriminada. Por norma soy una persona tranquila, que trabaja intensamente y no se mete en la vida de nadie. A veces se me echa en cara esa forma huraña de vivir. Y con la edad estoy descubriendo que ya solo me apetece compartir silencios y abrazos con personas equilibradas, amables y alegres.

Estos próximos siete años intentaré centrarme, desde el silencio y el anonimato, la privacidad y la intimidad más absoluta, en la construcción de un bonito jardín y una hermosa escuela. Estos serán lugares para el disfrute de todos. Yo habré cumplido con mi parte, y si para entonces dispongo de salud y fuerza suficiente, iré a descansar al valle de los avasallados. Mi único deseo es cumplir con todo mi deber, aquello que me dicta el corazón y mi mente guía. Aquello que mi alma suspira cuando me aquieto, y en silencio, medito.

Gracias de corazón por apoyar esta escritura…

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