La libertad de lo cotidiano


 

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© Pierre Pellegrini 

Viajé hasta la ciudad cercana. Veía a la gente feliz en las terrazas de los bares, paseando, comprando, en las colas de los bancos, recogiendo flores en las veredas, apilando instantes cotidianos que ahora parecían extraordinarios. Era como estar viviendo la profecía celestina, inmersos en la energía de las cosas, en su arrolladora fuerza. Es como si el mundo de repente hubiera despertado de un sueño. Me imagino cómo debían ser esos días donde se anunciaba la paz, con victoria o derrota, después de años de guerra.

Una sensación de alivio, de libertad interior, de paz, pero sobre todo, de esperanza.
Toca construir el futuro. Muchos tendrán la oportunidad de inventarse de nuevo, de volver a empezar, de hacer las cosas de forma diferente. Podría ser el comienzo de algo, o el final de algo. Podría ser la oportunidad para soltar amarras, para desplegar las velas, para aspirar a una especie de vuelo mágico, algún tipo de alquimia interior, algo que, tras el silencio, nos haga despertar a un mundo diferente.

Ahora lo cotidiano ha tomado otro valor. Los pequeños gestos diarios serán vistos durante mucho tiempo como algo extraordinario. Veremos en las pequeñas cosas un sublime canto a la vida, una maravillosa oportunidad para sentirnos vivos a cada instante. Los más intuitivos se acercarán a verdades hasta ahora desconocidas. Los más videntes podrán observar el despliegue de todas esas dimensiones hasta ahora veladas.

Será un tiempo de despertar para muchos. También de sensibilidad. Veremos en el dolor ajeno, en el sufrimiento del otro, una oportunidad para expresar con fuerza nuestra capacidad de amar. Estoy convencido de que seremos capaces de encontrar en el otro aquello que necesitamos para expresar la inevitable unicidad de las cosas. Ya no tendremos esa sensación de ser seres disgregados, sino que una comunión nacerá en nuestro inconsciente colectivo.

Cuando he visto a toda esa gente con esa emoción excitante sentía un alivio interior. La vida continua a la espera de la siguiente prueba. En la angustia de ese vacío entre prueba y prueba podremos manifestar nuestra plenitud más extensa. ¿Qué será lo próximo? Aún no lo sabemos, pero sí sabemos que algo vendrá, que algo ocurrirá y tendremos que estar preparados. Preparados en cuanto a la ordenación de nuestras vidas ordinarias, pero también preparados en cuanto a la construcción interior de nuestro ser. Esa construcción inevitable nos dará fuerza, templanza, arraigo en momentos difíciles.

Nuestro éxito como humanidad vendrá de la mano de nuestra construcción espiritual. Cuánto más tiempo dediquemos a profundizar en ello, mayor será nuestra victoria. Esta de ahora ha sido una pequeña prueba, un experimento piloto que de alguna forma nos ha demostrado nuestra capacidad de resistencia. Vendrán más pruebas. Mientras llegan, disfrutemos intensamente de la libertad de lo cotidiano, de lo extraordinario de estar vivos.

Gracias de corazón por apoyar esta escritura…

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