Libros, esos imprescindibles puntos de luz


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“No entres dócil en esa buena noche, la madurez debería arder y sentir ira al finalizar el día; ira, ira contra la muerte de la luz”. Dylan Thomas

Tu palabra es una lámpara bajo mis pies, decían los Salmos. Desde que salimos del primitivo barro nuestro grito más profundo siempre ha sido, ¡más luz! Estas palabras os sonarán porque alguien inculcó esa necesidad dentro de nosotros. Algo sembró esa necesidad de más luz. La meritocracia fracasó cuando nos alejó de la luz. La generación más preparada de nuestros tiempos se ve de bruces con su afinamiento, con su falta de adaptabilidad, con una visión apagada con respecto al futuro por falta de lucidez.

En mi privilegiada posición veo oportunidades para el cambio, para la luz. Oportunidades para alcanzar un nivel de consciencia colectivo más elevado… ¿Qué ocurre cuando dos brasas se unen incandescentes? Coyunturas para caminar en una dirección a sabiendas que entre el mar y las altas montañas de cualquier aspiración individual y grupal se encierran bosques frondosos plagados de senderos. Las cumbres siempre son eternas y luminosas. El camino siempre se expande hacia lo alto, hacia la luz de la memoria. “Cuando de un distante pasado nada prevalece, cuando los hombres están muertos, las cosas rotas y destruidas aun solas, más persistentes, más leales el olor y sabor de las cosas permanecen suspendidos durante largo tiempo como almas dispuestas a recordarnos, esperando ansiosas el momento, en medio de la ruina y destrucción. Y en la diminuta gota de su esencia casi sin sustancia, llevan resuelta la vasta estructura de la memoria”, nos decía Marcel Proust.

Hoy es un bonito día de primavera donde el sol ha golpeado con suavidad las copas de los árboles, ahora brillantes con sus nuevas hojas, con sus relucientes trajes de gala recién estrenados en este sueño circular. Dan ganas de sacar uno a uno a bailar en este frondoso bosque anclado en estas hermosas montañas. Además, es el día del libro, un gran día para muchos, especialmente para los que nos dedicamos a su creación y construcción, para aquellos que gustan de leer a los grandes maestros y genios de las letras. “Las torres que coronan las nubes, los bellos palacios, los solemnes templos. El gran globo mismo. Sí, con todo lo que contiene, se disolverá; este desfile insustancial no dejará ni una huella detrás. Estamos hechos de la misma materia de los sueños y nuestra breve vida cierra su círculo con otro sueño”. Así lo expresaba Shakespeare, todo es como un sueño.

Como escritor y editor podría decir muchas cosas. Podría hablar del último libro que he perdido, un gran y profundo ensayo escrito en más de doce lenguas, un misterio inalcanzable para la mayoría, una de las obras más bellas que jamás haya tenido entre mis manos. Una fuente de luz y conocimiento, de experiencia y crecimiento. Ese libro hubiera sido un gran compañero de viaje. Hubiéramos alcanzado la plenitud del “lenguaje verde”, con un poco de esfuerzo, incluso la plenitud de las lenguas no escritas.

Pero la vida siempre nos arrebata aquello que más deseamos. El deseo siempre nace del espejismo de las cosas. Por eso lo que no es real termina desapareciendo de nuestras vidas, tarde o temprano. Y ese libro no era real, era solo una ilusión, algo que se adaptaba perfectamente a mis estanterías, tan plagadas de obras extrañas, pero de un material tan inestable como inexistente. “Guía, brillante luz a través de la oscuridad circundante, ¡guíame tú para seguir! La noche es oscura y estoy lejos de casa. ¡Guíame tú para seguir. ¡Despierta y brilla porque tu luz está aquí! La luz es conocimiento, la luz es vida, la luz es luz.” Decía Chris en Doctor en Alaska.

Los libros sin duda, como las personas que elevan su mirada a la aspiración más pura y trascendental, son puntos de luz. Han pasado más de catorces años desde que decidí conscientemente dedicarme a editar libros. Me parece una de las profesiones más bonitas de todas. Los libros son mundos, universos hacia otras dimensiones desconocidas. Son el alma de nuestras gentes, de nuestros pueblos, de nuestras tierras, de nuestro tiempo, de nuestra cultura, de nuestras creencias. Dediqué muchos años a dar voz a esas gentes, a esos pueblos, a esas historias de vida que surgían como una emoción que requería una visión antropológica generosa, viva, afectiva.

Los libros embellecen lo tribal, pero también lo engrandecen hasta poder trascenderlo. Cuando lees, viajas, y cuando viajas, eres capaz de elevar tu experiencia humana hacia otros confines. James Joyce lo expresaba de forma hermosa: “bienvenida oh vida, voy a encontrarme por milésima vez con la realidad de la experiencia y a forjar en el yunque de mi alma la todavía no creada conciencia de mi raza”. La realidad de la experiencia es labrada por la guía de los libros. Los libros nos invitan a lanzarnos a la vida, a llenarnos de vida. Cuando sabemos leer un libro, sabemos que lo siguiente es vivirlo en nuestra experiencia humana, lanzarnos a experimentar la palabra para convertirla en verbo viviente.

En los libros labraron la palabra de Dios, las aventuras de los antiguos, imaginamos los templos y los pueblos salvajes. Los libros nos trasportaron a balnearios que jamás visitaremos, a lugares imposibles, a agujeros que nos llevaban, persiguiendo a cualquier conejo, a recovecos imposibles. La existencia es lo único que está en proceso de existir, decía el filósofo Kierkegaard. Ocurre lo mismo cuando leemos un libro que nos lleva a lugares insospechados.

La lectura y la escritura son siempre fuentes de inspiración. Nos elevan a esas cumbres, nos ensanchan el corazón, nos llenan de intuiciones que hacen que nuestro camino se esclarezca. Un libro es un punto de luz, una fuerza, una energía que muchas veces representa, simbólica y realmente, algo mayor. Algo que es lanzado con fuerza, algo que es proyectado hacia otro lugar.

Ahora que el libro está pasando por momentos difíciles, recordemos las últimas palabras de Goethe: ¡luz, más luz! Más luz, más puntos de luz, más vida, más experiencia, más consciencia grupal, más amor, más sueños…

Gracias de corazón por apoyar esta escritura…

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