Aislados del aislamiento


o couso progreso 5 abril 2020

“¿Puedes dudar de que hasta el trabajo más penoso se volvería un placer, en vez de la abominable esclavitud que es actualmente, si sólo se requiriesen tres horas diarias bajo condiciones más saludables e higiénicas y en una atmósfera de fraternidad y respeto para con tu trabajo?” Alexander Berkman

Estos días nos llaman de algunos medios para interesarse por nuestro aislamiento. La verdad es que somos unos auténticos privilegiados. Tenemos comida abundante, tenemos un hogar modesto, pero del cual no tenemos que rendir cuentas a ningún casero ni hipoteca. Es cierto que nuestros recursos son limitados, pero no tenemos que pagar luz ya que utilizamos un rudimentario sistema de placas solares y no tenemos que pagar agua ya que bebemos de nuestros propios afluentes. Cuando tienes prácticamente todo cubierto, al menos todo lo necesario para una vida digna materialmente hablando, ¿a qué más se puede aspirar? Necesito poco y de lo poco que necesito necesito poco, nos decía San Francisco. Siendo así, que es nuestro caso, ¿a qué dedicar todo nuestro tiempo?

A la ingente tarea de compartir. A la inmaculada faena de expresar generosidad. Trabajamos como nadie para que este lugar esté cada día más hermoso y acogedor, para que otros afortunados, ya sea por un breve periodo de tiempo o por un tiempo prologando, puedan disfrutar de este privilegio. Realmente hablamos de privilegio cuando todo esto que aquí expresamos como algo utópico debería ser algo normalizado. La constitución lo dice claramente: tenemos derecho a una vivienda digna, a un trabajo digno, en definitiva, a una vida digna. No deja de ser un brindis al sol cuando eso no ocurre con todo el mundo. Lo vemos especialmente en este tipo de crisis, en los desahucios que tristemente han ocurrido en estos años, en personas que no tienen para comer en estos días (véase lo ocurrido en el sur de Italia).

Aquí vivimos en un nuevo paradigma. No centramos nuestras vidas en lo material. Nos conformamos con poco a cambio de poder compartir con alegría aquello que tenemos. Realizamos un trabajo común no para nosotros, sino para que otros lo disfruten. A nosotros nos basta con la alegría del compartir. Quizás en un futuro, en ese posmodernismo emancipador del que hablan algunos autores, la vida será un regalo que admiraremos con delicada observancia. Una vida a la que dedicaremos más tiempo a compartir que a atesorar. Nos daremos cuenta de que al otro lado no podremos llevar más que aquel bien que hayamos dejado en el mundo. La generosidad será moneda de cambio en el otro lado. También algún día en este mundo que pretende ser más justo, equitativo y de alguna forma, espiritual.

Aquí seguimos bien, con nuestras rutinas, sin estar excesivamente aislados excepto con esa sensación extraña de no poder coger el coche y no poder escapar a ninguna parte excepto a los bosques y prados y montañas contiguos. Estamos sanos y alegres, y con eso nos basta. Todo lo demás vendrá por añadidura. Mañana volverá a salir el sol, incluso aunque den lluvia.

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