Si no ayunáis del mundo, no encontraréis el Reino


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© Julie Rey

“Buscad, pues, primero el Reino de Dios y su justicia, y todo lo demás se os dará por añadidura. Por tanto, no os preocupéis por el mañana, porque el mañana traerá su propia preocupación. A cada día le basta su contrariedad”. Jesús

El sonido del bosque es amplio. Si estás atento, se pueden escuchar todas sus maravillas. Es algo vivo, algo que te envuelve en un sonido difícil de explicar. Hay muchas formas de escuchar cuando te invade el silencio. Hay incluso melodías intangibles que susurran palabras al corazón, especialmente cuando este yace en calma. Se puede escuchar la paz, la armonía del entorno, la belleza y la poesía de la primaveral esperanza. El verde brota a raudales por todas partes, esta vez con ese tono fluorescente propio de estas fechas. Todo parece revivir, renacer a lo nuevo.

Mientras observo el templo natural donde vivo, leo detenidamente algunos logiones del evangelio de Tomás comentados por Roberto Pla. Me detengo en el logion 27 que nos habla de ayunar del mundo. Me llama la atención porque algo parecido a eso estamos haciendo en estos momentos. Todo se paraliza y eso nos permite valorar nuestras vidas, nuestro verdadero y profundo sentido de nosotros en la misma. Jesús dice: Si no ayunáis del mundo, no encontraréis el Reino. Uno siempre puede imaginarse el Reino como algo diferente al mundo. Quizás deberíamos pensar, como se lee en Lucas: el Reino está ya en nosotros. ¿Siendo así, como poder verlo?

¡Qué gran oportunidad nos da la vida para la reflexión seria! Para el gozoso silencio capaz de perpetuar en nosotros el deseo de existencia, de trascendencia, de vida más allá de la vida. Aquí en los bosques ese sentido se agudiza. Veo que el contacto con la naturaleza entre montañas y ríos, entre valles y sendas siempre por hollar, es una gran bendición para poder comprender profundamente lo que la vida nos demanda.

Hay algo oculto y secreto en esta maraña de vida. No podemos conformarnos con lo que el mundo nos ofrece. Ahora que todo ha parado, debemos delimitar la vida, cerciorarnos de que estamos empujados a vivirla de forma generosa, de forma amorosa, de forma profunda. Discernir realmente lo valioso. ¿Cómo adentrarnos un poco más en el Reino?

Siento una profunda necesidad de seguir entregando más trozos y parcelas de mi vida a la Vida. Siento que el mundo necesita ayunar, y creo, estoy convencido plenamente, que lugares como este ayudan a profundizar en ese ayuno. Y cuando eso ocurre, nace una llamada inevitable, una chispa dentro de nosotros, una luz. Nace un profundo anhelo de seguir la búsqueda interior hacia aquello que nos eleva humanamente. Nace el deseo vivo de entender nuestro verdadero propósito interior y aunarlo con fuerza al gran Propósito que los sabios conocen y sirven.

Estas crisis ayudan, siempre lo hacen. La crisis del 2008 me empujó hacia la vida prístina en los bosques. Esa crisis me desnudó, me despojó de lo superfluo. Decidí sacudirme el polvo de las sandalias y navegar por los anchos mares de la incertidumbre. Ese camino me demostró que era posible una vida plena sin tanto artilugio, sin tanto lío, más cerca del Reino.

Ahora, con este exagerado silencio, ya casi acabada la casa de acogida, la vida desea que me vuelva a desnudar aún más. Que termine con aquellas cosas que me ataban al mundo y me codee directamente con la búsqueda incansable del Reino. Mañana dejaré de ser empresario para dedicarme a ser escriba. Dejaré de ser un editor al uso para convertirme en un amanuense. Un copista escrupuloso de los textos más sagrados de nuestra historia, un entregado constructor de la Gran Obra. Comeré de las patatas de la huerta y viviré según amanezca. A cada día su esfuerzo. Si hasta ahora había entregado todo mi patrimonio a la obra empezada, ahora ese patrimonio dejará de pertenecerme completamente.

Lo hermoso de las crisis, individuales o colectivas, es que te permiten adentrarte aún más en tu propósito interior. ¿Se pueden servir a dos amos? Ahora solo tengo deseos de servir a uno de ellos, a aquel que resplandece, a aquel que aviva el lucero del alba y nos permite adentrarnos en la vida una. No tengo motivos para quejarme. Simplemente deseo vivir de la riqueza de no tener nada, y amasar fortuna allá en el Reino, para así poder distribuir bienaventuranzas y poderosas joyas de amor y fraternidad.

Me entrego, a partir de mañana, a la Providencia, y ahora más que nunca, que sea lo que Dios quiera.

Gracias de corazón por apoyar esta escritura…

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5 comentarios sobre “Si no ayunáis del mundo, no encontraréis el Reino

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