Elogio al fracaso


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© Benoit Pelletier 

El estricto sendero de la iluminación dice que, en la medida en que la dualidad es una ilusión, no merece la pena intentar perfeccionarla. Por tanto, el ego debe ser trascendido y visto como la ilusión que es. Ser una “buena persona” es digno de alabanza; pero eso, en sí mismo, no trae como consecuencia la iluminación. La posibilidad de alcanzar la iluminación se basa en una avanzada comprensión de la naturaleza de la consciencia. David R. Hawkins: El ojo del Yo

Mientras ella leía cartas de meditación ocultista bajo un gran cedro del Himalaya, allí en el Jardín del Morya, nosotros hablábamos sigilosamente sobre el fracaso. Lo hacíamos en susurro para no distorsionar la bella imagen de la mujer de largos cabellos que concentraba toda su atención en las enigmáticas páginas del libro azul. Su belleza, a veces insoportable para los ojos profanos, despedía rayos de luminiscencia a raudales. No es una mera exageración, es esa visión búdica que siempre ocurre cuando alguien concentra toda su atención bajo el cálido abrazo de un gran árbol. Hay un momento de brillo, de iluminación, de lucidez. Todo resplandece bajo la brisa y el sol.

Reflexionaba ante la visión y ante las palabras de mi anfitrión, amigo y hermano en la senda de la consciencia, que es aquella que nos indica vagamente qué somos realmente y qué es ilusión en nosotros. El fracaso estaría dentro de esta segunda categoría, si bien sería más bien un indicador exacto de que estamos invirtiendo fuerzas en algo alejado a nuestro verdadero propósito, a nuestro verdadero ser. Intentar perfeccionar la dualidad, el mundo del ego, el mundo ilusorio, es una equivocación. Nos aferramos la mayoría de veces a aquello que aparentemente da seguridad al ego, a veces material, a veces emocional, a veces social o cultural, pero olvidamos que el alma no requiere ningún tipo de seguridad. Solo necesita que sigamos el camino avanzado de nuestras aspiraciones más elevadas, de nuestra consciencia más profunda.

El cuerpo es un producto de la naturaleza, nuestro ánimo, nuestra energía o cuerpo vital es producto del cuidado que hacemos de esa naturaleza. Las emociones es algo que nace de nuestra construcción psicológica, muchas veces marcadas por la evolución de nuestra infancia. Al igual ocurre con nuestra mente y nuestros pensamientos, que no dejan de ser una construcción social, cultural y familiar. Si basamos nuestras vidas en esos pequeñas cuatro construcciones y en la satisfacción inmediata de sus necesidades infinitas, estamos errando nuestro camino hacia el verdadero Yo, y por lo tanto, estamos fracasando una y otra vez en nuestro propósito.

La vida a veces es dura en esto. Cuanto mayor es el grado de consciencia hacia nuestra verdadera identidad, mayores son las pruebas si en algún momento desviamos la atención sobre ella. Los fracasos siempre están relacionados con esa desviación. A veces son fracasos de índole material, pérdidas importantes, ruinas económicas o cualquier tipo de trastorno que nos indica que algo estamos haciendo mal. A veces también son pruebas a nivel etérico, con enfermedades que nos limitan la capacidad de acción y nos invitan a reflexionar. Otras veces los fracasos son de índole emocional, con duras rupturas de pareja, por poner un ejemplo. La mente también puede vivir sus propios calvarios.

A medida que nos vamos aproximando al camino iluminado de nuestra consciencia, se va haciendo evidente, prueba tras prueba, que el pequeño yo donde basamos todas nuestras creencias y vida entera, no es el verdadero Yo, aunque este lo incluya. Nuestra verdadera identidad no puede ser material, ni anímica, ni emocional ni mental por más empeño que pongamos en esas dimensiones del Ser. Nuestra verdadera naturaleza engloba todo eso, pero va más allá de todo eso. Por eso es importante analizar la raíz de nuestros fracasos e identificar su verdadera causa. No hay que renunciar a nada, solo seguir nuestra verdadera naturaleza, nuestro verdadero camino, y lo demás vendrá por añadidura. El único verdadero fracaso es dejar de intentar, hasta que por fin identificamos realmente nuestro verdadero camino, y más allá de eso, lo seguimos con seguridad, ánimo, alegría y plena consciencia.

Gracias de corazón por apoyar esta escritura…

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4 comentarios sobre “Elogio al fracaso

  1. Y sin embargo, no dejamos de elegir una ilusión por otra, y de creer en ella como si fuese real. Lease entre lineas: …. un verdadero camino y otro falso que lleva al fracaso…. hacer el bien o el mal…. Convertirse en esto o en aquello, abrazar esta ideología o creencia mejor que otra… ser de los buenos y despiertos…….. Acaso todo esto no lleva nada mas que al engaño, a una falsa unidad mal entendida? Y sino hubiera un Camino Verdadero? Y si el verdadero camino fuese en minúsculas y nada mas que el particular y al que puedes acceder en este momento? uff, que peligro… si el bien y el mal fueran mentira, y solo pudiera aspirar a la luz comprendiendo y enfrentando la oscuridad mas completa. La que me habita y nos habita…. que habrá en la oscuridad que tanto terror nos provoca…
    Nota aclaratoria: Todo lo anterior puede ser una falacia. Depende de cada quien.

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    1. gracias querido Juan Carlos… no tengamos miedo de hablar de la Verdad. Más allá del relativismo de nuestras creencias, hay cosas que deberían proclamarse sin miedo. El hacer el bien al otro, el amar al otro, el valorar la belleza de las cosas… Los valores, los principios morales que nos unen como humanidad… Hay cosas que nos llevan inevitablemente a un Verdadero Camino… Hacer el bien no es una metáfora abstracta. Es algo palpable que puede manifestarse en la vida real. un abrazo grande.,..

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