Sobre guerreros y constructores


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© Mari Feni

Al Nuevo Mundo mi primer mensaje. Tú que diste el Ashrama, Y tú que diste dos vidas, Proclamad. Constructores y guerreros, reforzad los peldaños. Lector, si no has comprendido, relee de nuevo tras un tiempo. Lo predestinado no es accidental, las hojas caen a su debido tiempo. Y el invierno es sólo el presagio de la primavera. Todo es revelado; todo es alcanzable. Te cubriré con Mi escudo, con que tan solo atiendas tu labor. He hablado. (Hojas del Jardín del Morya).

Las horas del día se agotan rápido. De repente empiezas a viajar, a sabiendas de que la aventura será larga e intensa, y las frecuencias de la realidad empiezan a modificar el significado de las cosas. Pararse en cualquier lugar, contemplar el atardecer, dejar que el aire te empuje hacia elevada poesía. Un viaje largo pero hermoso, con buena compañía, con buenos compinches y aliados. Llegamos al hermoso Jardín del Morya y allí nos esperan dos bellas almas que nos abren su casa y allende también su corazón. Hablamos de los siete rayos, de la magnificencia del lenguaje oculto, de la complacencia de los arquetipos, de la sublime promesa que alguna vez se hizo a constructores y guerreros.

Compartimos libros, recuerdos y enseñanzas. Sientes que estar como en casa significa abrazar esa complicidad más allá de las formas, esa poética brisa que momentos antes sentíamos en la carretera y que ahora se traslada a almas sensibles, cercanas, familiares.

Podríamos tirarnos horas y días caminando por cualquier camino y hablar en silencio, con miradas, con guiños, con esa complicidad propia de la familiaridad. En esta vida aún nos faltó coordinar mejor los tiros, los propósitos, pero estamos aprendiendo. Primero a reconocernos bajo el manto oculto de la enseñanza, luego a bucear en nuestros triángulos, en nuestras llamas, para empezar a preparar el fuego que deberá atraer a nuevas ascuas. Aprendemos y nos llevamos la enseñanza al átomo simiente para luego trasladarla a los siguientes escenarios. Allí será todo más claro, más nítido. Estamos aprendiendo a hacerlo. Y en próximos viajes el reconocimiento será más claro y directo, más diáfano, y también el servicio al que prestamos pleitesía a veces como guerreros y otras como constructores.

Mañana el reencuentro de almas se amplia. Habrá que estar atentos, sigilosos, para no confundir las pruebas de la personalidad con lo que realmente se manifiesta. No dará tiempo a mucho más. Solo a expresar brevemente un guiño, suficiente, para poder seguir hollando el sendero.

Leo de nuevo la última frase de Hojas del Jardín del Morya, donde ahora me encuentro como manifestación simbólica de esa energía y dice así: “Os preguntarán como cruzar la vida. Responded: igual que se cruza un abismo sobre una cuerda tensa –Bellamente, cuidadosamente, y raudamente”. Ahora mismo me siento sentado en esa cuerda tensa, y noto la brisa, la libertad de saberte acorde con tu propósito, la belleza apacible de la mera contemplación, con el cuidado y mimo merecedor, y raudo, porque la vida siempre tiembla ante la desesperante llamada del tiempo. Solo puedo decir que el abismo se abre con dulzura, y caminamos la vida con sencillez y amor.

Gracias de corazón por apoyar esta escritura…

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