Fortaleza para persuadir al mundo


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© Antonio Gouveia 

La amiga Mayte Pascual, conocida reportera de televisión, me invita a ver su último trabajo para Documentos TV. Fortaleza, un reportaje de mucho trabajo sobre un espía español, de pseudónimo Garbo, que ayudó a vencer al ejército alemán en la Segunda Guerra Mundial. Viendo el reportaje uno se da cuenta de lo compleja que fue la vida en aquellos tiempos. Tan compleja, que uno se pregunta qué estamos haciendo las personas de este tiempo para mejorar aquello por lo que tanto lucharon nuestros antepasados. Vivimos una vida plácida gracias al esfuerzo y sacrificio de aquellos que muchas veces murieron en terribles situaciones. Honrando sus memorias, me pregunto una y otra vez cual es nuestra colaboración real para hacer de este mundo bueno, un mundo mejor.

Uno de los trabajos más difíciles de todos en nuestro presente es el de persuadir al mundo sobre la necesidad de la buena voluntad, de hacer el bien, de buscar la unión de todos. Persuadirlo para emprender los nuevos retos. Persuadirlo para insertar un nuevo código, una nueva interpretación de la existencia que se base en la virtud y en la cooperación. Demostrar firmemente que se pueden hacer las cosas de forma diferente, basadas en la búsqueda del bien por encima de todas las cosas. Crear una nueva ética viva, llena de acción, llena de entusiasmo para revolucionar el propio concepto de vida.

El bien debe seguir creciendo en el mundo. Debemos vivir fielmente bajo los auspicios de la virtud, del esfuerzo, bajo la amabilidad del agradecimiento por todos aquellos que alguna vez nos han ayudado en nuestras vidas. Tolstoi decía que, para poder llevar una vida de bien, es necesario saber lo que debemos y lo que no debemos hacer. Para saberlo, debemos entender qué somos nosotros mismos y qué es el mundo en el que vivimos. La tarea no es baladí. Hacer el bien a los otros es la mayor de las enseñanzas, porque al hacerlo, descubrimos la esencia de la verdadera vida: que todos somos almas que tienden a la unión con otras almas. Por lo tanto, si esa resulta ser la gran revelación que nos espera, nuestro deber inequívoco es hacer que el resto de seres que nos rodean gocen de nuestra ayuda y apoyo, de nuestra colaboración y cooperación desinteresada.

De ahí que se necesite de una gran fortaleza para persuadir al mundo sobre esta verdad, llevarla a la práctica de la forma más radical y urgente y vencer todos aquellos vicios y deslices que nos alejan de la misma. Nuestro deber como seres humanos capacitados para vivir en este tiempo es perseguir esa unión, ese requisito indispensable para poder entender la magnitud de la vida y la existencia hasta en sus últimos recovecos. Servir al mundo, servir a la humanidad, servirnos a nosotros mismos para servir mejor al otro. No podemos sospechar otra verdad que no pase por esta misma acción urgente. Con fortaleza, con seducción, con decisión, con esfuerzo, con trabajo. Una y otra vez.

Gracias de corazón por apoyar esta escritura…

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