Los fractales del destino


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© Alberto Bresciani 

Los fractales del destino responden a situaciones complejas. La vida puede ser desplegada ante un guion determinado, pero a veces, ese guion puede sufrir modificaciones emblemáticas en diferentes niveles de realidad. A nivel inconsciente y supraconsciente, la vida está entregada a una fuerza mayor. Pero en las actuaciones de la vida consciente, el libre albedrío ejerce un poder poco entendido. Ese poder nos puede poner ante el dilema de la elección continua. Hay elecciones conscientes y otras aparatosamente determinadas. Las primeras pueden cambiar para siempre nuestras vidas, o al menos, la forma de entender los supuestos que deberían haberse desarrollado de haber elegido uno u otro camino.

A veces uno se da cuenta de esos cambios cuánticos, y como afectan en diferentes estadios de realidad. Digamos que, en un momento de lucidez, podemos tener capacidad para observar al observado, o para contemplar al observador. Y entonces podemos decidir cambiar de fractal, modificar la realidad y navegar por otros caminos no determinados ni explorados, ni esperados. Las fuerzas y energías que se desarrollan a partir de ese momento generan un remolino de realidades diferentes. Aparentemente dentro de un nuevo guion que se va adaptando a las nuevas circunstancias.

Si miramos nuestras vidas, veremos como algunos acontecimientos sirvieron de nodos donde se podía elegir una u otra vía de realización. Algunos se preguntan de qué manera esos nodos de realidad están predeterminados, o si nacen fruto del azar. Los hechos futuros nos dan pistas sobre de qué forma ese nodo pudo organizar el resto de acontecimientos. Existe un guion establecido, eso a veces parece incluso una evidencia, pero a medida que se desarrolla la obra, podemos ir modificando paisajes y personas. La elección continua sobre una u otra decisión serán determinantes para el futuro.

Al mismo tiempo, hay un palpitar profundo que, de tener un buen afinado sentido de la intuición, nos puede ir guiando hacia aquello que de alguna forma se muestra como nuestro propósito. Entonces ahí los acontecimientos externos quedan relegados a lo anecdótico, porque por dentro, sabemos a ciencia cierta cual es nuestro verdadero deber, cual es el mapa a seguir, el sendero a hollar. Entonces las elecciones no modifican sustancialmente ninguna columna de nuestra verdadera vocación. Simplemente puede pasar que el marco de referencia, o si se prefiere, el escenario del mismo, sufre pequeños cambios en su decorado.

Cuando todo esto se junta con los propósitos de los seres que nos rodean, la cosa se vuelve más compleja, y asistimos de repente al concierto de almas que danzan al unísono en una sintonía mayor. Ser capaz de escuchar esa melodía nos hace encajar de forma más eficaz en la obra amplia y dilatada de la experiencia. Es como si dos almas estuvieran destinadas a estar juntas pero el miedo y el no reconocimiento se lo impidiera. Entonces, las fuerzas invisibles pueden provocar una y otra vez acercamientos cada vez más intensos hasta que el reconocimiento se vislumbra y la unión se consuma. Es así como esas almas se unen juntas al esfuerzo de la poderosa unión que permite provocar la realización de un ámbito mayor de entrega y esfuerzo. Dos almas juntas realizarán un trabajo más eficaz, hasta que esas almas encuentran su propio grupo de actuación. Los fractales del destino ayudan a provocar esas uniones, una y otra vez, hasta que el Orden vence a todo Caos.

Gracias de corazón por apoyar esta escritura…

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