Vida Oculta


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“Que el bien siga creciendo en el mundo depende en parte de actos no históricos; y que las cosas no vayan tan mal entre nosotros como podría haber sido se debe en parte a aquellos que vivieron fielmente una vida oculta y descansan en tumbas que nadie visita”. Mary Ann Evans

Uno. Tras un día intenso y bello de compartir con almas de elevada inteligencia y profundidad, me acuesto tarde, intentando digerir la exégesis de ese día. La cabaña acoge silenciosa. Su misión es clara: dar calor, cobijo, seguridad. Tenía mucho trabajo atrasado e iba deslizando uno a uno cada pensamiento para ordenarlos en esquemas, en posibilidades reales. Dormí algo y a las seis de la mañana ya estaba en pie, dispuesto a enfrentar el viaje. Cansado pero feliz.

Dos. La recojo en la oficina. Podía aprovechar para ver a la familia y descansar unos días de la dureza que a veces la soledad envuelve a ese hermoso balneario. Hablamos tímidamente de algunas cosas. Me encantan sus profundos ojos verdes. Tiene mirada tierna, amable. Me gusta echar una mano siempre que puedo, así que la acompaño hasta el sur de la ciudad, aunque yo debía antes ir al centro y luego al norte. Me desvío, voy corriendo hasta el centro, mal aparco el coche, cojo la caja de libros, subo corriendo a esa hermosa casa, abrazo, dispensa, corro hacia el lavabo, había alguien más en la habitación, saludo, me despido de los libros que viajarán esta semana a República Dominica y de su hermosa y generosa autora a la que amo en la complicidad fraternal.

Tres. Salgo tranquilo hacia el norte de la ciudad, hasta el hermoso Jardín del Morya. Me gusta llamarlo así porque me recuerda a esa vibración. Llego puntual tras seis horas de conducción. Ella ha preparado una rica y suculenta comida que compartimos mientras nos ponemos al día de todos los últimos avatares. Me siento como en casa, me siento en familia. Tras la sobremesa nos vamos al cine. Somos incondicionales de Malick y me gusta ver sus películas con el jardinero del Morya. Me doy cuenta de que amo a ese hombre, y a su familia, con ese amor fraternal que uno siente ante la presencia de los suyos. La película no defrauda. Me siento muy identificado por el guiño a los objetores de conciencia. Fui uno de ellos. Cuatro años en caza y captura. Eran otros tiempos. También eran otros tiempos de mucha oscuridad los de Franz Jägerstätter, ese objetor de conciencia con los que muchos nos identificamos. La película de Malick es una obra maestra, y merece la pena recordar la necesidad de contemplar con detalle la vida en toda su amplitud, en todo su maravilloso sacrificio para que la luz venza siempre a la oscuridad. Tras la película y la emoción, por la mañana temprano, al alba, fuimos a pasear a la Casa de Campo. Allí nos cruzamos con conejos, pajarillos del bosque y ya amaneciendo, con el Presidente. Fue emotivo saludarlo mientras paseaba bien acompañado por un amigo y sus pertinentes escoltas. Luego pasamos los tres la mañana juntos, cada uno tejiendo su mundo, pero acompañados, felices, en paz, en pequeña comunidad, “porque donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos”. Esto es misterioso y poco entendido. Pero si te abres a esa experiencia, puedes vivificar su metanoia profunda.

Cuatro. La mañana pasó rápida y tuve que marchar de nuevo al centro de la gran ciudad. Llegué puntual a la cita y tuvimos tiempo de charlar sobre lo humano y lo divino. Cominos algo en la antigua escuela libre. Me gustó mucho la charla que discurría sobre la invisibilidad, sobre el dejar pasar la luz de forma diamantina, no brillando como un dorado sol, sino siendo transparentes. Compasión, regeneración, propósito, misión ineludible. Tras la comida, a las cuatro éramos cuatro. Reinó el silencio. Meditamos, construyendo un egregor que algún día, inevitablemente, deberá hablar y decirnos algo. Algo une de forma invisible a las almas que se reconocen como iguales. Algo ocurre en los planos intangibles para que las cosas ocurran según el trazo arquitectónico, arquetípico, ejemplar. Hay mucha sed en en el mundo y pocas las fuentes. Hay que seguir intentándolo, una y otra vez. Meditar, silencio, manifestación, presencia, contemplación.

Tres. Cenamos. Disfruto de estas cenas en familia. Soy acogido con cariño y disfruto de todas esas familias que tenemos de forma discreta, oculta. No podemos explicarlo todo, a veces hay que decir las cosas con velos y de forma especial, delicada, hermosa, poética. Uno se siente feliz. La fragilidad compartida siempre fortalece. Quedo agradecido y con ganas de seguir explorando y aprendiendo. Compartir es el principio que rige todo el universo. Nada en la vida tiene sentido si no es compartiendo. Podremos ser más o menos tímidos, más o menos alegres, más o menos osados y atrevidos. Pero siempre debemos compartir. Si lo hacemos, entramos en el río de la vida y todo fluye. El agua siempre busca salidas, se decía. El agua debe correr inevitablemente. Si se siente la llamada es porque alguien llama al otro lado. Hay que escuchar la llamada y atenderla. Luego esperar. Fuerza y energía.

Dos. Mañana, tras otra reunión, tocará viaje. Seremos dos a la vuelta, igual que a la ida. Sus ojos verdes son bellos, también su paz. No se puede juzgar, no vale la pena, solo maravillarnos de la belleza de la vida, de su gracia, de su espontaneidad.

Uno. Mañana, seguramente de madrugada, de nuevo soledad. De nuevo vida oculta, anónima, invisible, diamantina.

Gracias de corazón por apoyar esta escritura…

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