¿Hacia dónde vas? Hacia mi destino…


 

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© Rich Kern 

Hay un devenir inevitable. Si uno empieza conscientemente a atar cabos que durante toda una vida parecían aislados y sujetos al azar, va viendo que hay partes de los mismos que encajan perfectamente con un destino trazado. Hay dos formas de entenderlo. Si vivimos una vida inconsciente basada únicamente en el individualismo y en la satisfacción de las necesidades de esa individualidad, el azar no deja de ser una suerte de acontecimientos que determinan programáticamente una vida. Producto de la suerte o la fortuna, todo parece inconexo. Pero si se eleva la mirada hacia una consciencia más allá de nuestra particularidad, se puede ver un tejido intangible que ata de cabo a rabo cada una de las circunstancias que nos llevan hacia una u otra vida. Supongo que esta segunda visión tiene que ver con algún tipo de apertura de consciencia, con alguna visión diferente de las cosas por la cual, todo acontecimiento está basado en un arquetipo que genera causas y efectos entrelazados en una multidimensionalidad compleja y sujeta a leyes que se coordinan unas con otras para generar realidades. Es lo que llamamos destino.

Siendo así, si somos capaces de llevar una vida más allá de la satisfacción de las necesidades individuales, podemos entonces decir abiertamente y sin pudor que andamos caminando hacia nuestro destino. Esta es una complejidad en sí misma, a sabiendas que eso que vagamente llamamos destino nace de un compromiso, de una responsabilidad y de una consecuente entrega. Es la entrega, como resultado final, lo que va tejiendo ese destino, o mejor dicho, es en esa entrega donde la vida se desliza inevitablemente hacia el guion trazado.

Podría ocurrir que, tras un halo de inspiración, volviéramos de nuevo a la inconsciencia. Es lo que los antiguos llamaban el toque de clarín de nuestra alma. Podemos sentir durante un breve periodo de tiempo ese toque de clarín, ese destello de iluminación, esa señal inevitable. Y ahí surge la prueba: seguir o no seguir a esa llamada. De hacerlo, entonces comienzan las pruebas, que no es más que una crisis continua de reajuste entre las necesidades del alma y las necesidades de la personalidad. Cuanto mayor es el conflicto entre ambas, mayores son las pruebas, y por consiguiente, las crisis. De alguna forma, las crisis son importantes en la confrontación de nuestras vidas con nuestro destino. Las crisis nos avisan, nos guían de alguna manera, a cuál enseñanza, de todo aquello que debemos reajustar. En ese reajuste, una nueva consciencia nace, una nueva visión e intuición que nos acerca cada vez con mayor fuerza y claridad hacia la tarea a realizar.

Los forjadores de destino comprenden la importancia de ese reajuste y aceptan las crisis que se desprenden del mismo. No deja de ser complejo el poseer visión propia sobre nuestras vidas, nuestro destino. ¿Qué hacemos aquí? ¿Para qué estamos viviendo? ¿A qué o quién servimos? ¿A un alto ideal, a una creencia, a un egoísmo, a una necesidad, a una carencia? Si nos planteamos con rigor toda nuestra vida, podemos sacar conclusiones sobre estas cuestiones. Si nos paramos a pensar un rato sobre hechos que hemos soportado, podemos comprender cual es nuestro lugar en el mundo, y a qué causa nos debemos. Sólo tenemos que echar un vistazo a qué dedicamos, por poner un solo ejemplo, todo el dinero que ganamos. Si vemos el destino de ese dinero, sabremos a qué causa estamos sirviendo, y de paso, a qué Señor.

Hay una ciencia exacta para todo esto, hay un orden, un misterioso y complejo plan cuya arquitectura es posible dilucidar con un poco de paciencia y estudio. Hay una enseñanza, a veces oculta, a veces sesgada, a veces compleja, que nos adentra en las variables necesarias para atrevernos a seguir nuestro destino. Es un camino largo y angosto cuyo resultado es siempre sorprendente: al no existir realmente individualidad (lo individual es siempre un espejismo), nuestro destino no nos pertenece, sino que lo entregamos a una fuerza mayor, a una causa que engloba unas potencias que escapan a nuestro entendimiento. Al seguir concienzudamente nuestro destino, descubres que estás siguiendo realmente el destino de algo que no te pertenece, de algo imposible de describir. ¿Cual es el destino de una gota de rocío que cae precipitada a las fuerzas que arrastra un inmenso río? La gota de funde con el destino inevitable y se deja llevar por el mismo flujo hacia ese Océano que espera impasible y profundo. Al caminar por la senda trazada, te descubres siendo Senda. ¿Hacia dónde vas? Hacia el Destino…

Gracias de corazón por apoyar esta escritura…

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