Como un cisne que no se moja


 

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Como un Don Juan Tenorio, “yo a las cabañas bajé, yo a los palacios subí, yo los claustros escalé y en todas partes dejé memoria amarga de mí”. Lo decía el maestro Vicente nada más llegar a la cabaña señalando que esos versos le recordaba a mi persona, pero con la salvedad de que, a diferencia de Don Juan, el reguero que dejo en todas partes, según el bueno de Vicente, es positivo y amable. Ojalá siempre fuera así. Pero no es del todo cierto, porque a veces, por desgracia, dejo regueros de memoria amarga. Me conoció en los palacios, también en los claustros y ahora en la cabaña. Conoce algo de esa trayectoria meteórica del todo a la nada, o mejor dicho, de la división a la unidad con todas las cosas. Como la casa está toda patas arriba y no hay un rincón tranquilo, bajamos hasta la cabaña en el bosque. Sentados, reposados, hablamos de libros, de advaita, del proyecto.

Vicente es como ese cisne iluminado que no se moja cuando nada. No se afecta excesivamente por sucesos y cosas del mundo. Las observa, las ama, las integra. Su cocimiento y su exposición son infinitos. Da gusto escucharle hablar sobre cualquier cosa. Como doctor, nos ilustra sobre genética, su especialidad. Me encantó su explicación sobre los virus y las bacterias, seres que andan entre la vida y la muerte. A mi querida y añorada María le habría encantado estar en esa charla. Como hombre místico, nos transporta hacia la inevitable unidad de todas las almas, de todas las cosas. Nos tenemos un gran cariño y una gran admiración mutua. Por eso fue doble la alegría al verlo llegar esta mañana.

Pasamos un buen rato, comimos lentejas que preparó Helena. Vimos como las obras avanzan a buen ritmo mientras dábamos de comer a los patos, que curiosos, se asomaban por la gran ventana del pequeño salón improvisado, caótico y desordenado. Nos trajo dos cajas de libros místicos para la futura biblioteca. En la despedida le abracé como un hijo abraza a un padre y le di las gracias por compartir con nosotros un trozo de vida. En mayo vendrá de nuevo acompañado con un autocar para mostrar el proyecto a sus alumnos y en julio dará una charla en O Couso sobre advaita vedanta. Qué suerte tanta gente bonita que viene y va en este hermoso lugar.

Tras despedirme, y entre niebla, subí a las montañas y bajé a los valles que crecen verdes y salvajes a la espalda de donde vivimos. El valle del Louzara es uno de los lugares más impresionantes de estas tierras despobladas. Fui a visitar a nuestra querida Lourdes, recién operada, un auténtico ángel encarnado. Hablamos durante horas de mil cosas, especialmente del poco o nulo apetito que siento con respecto a la idea de tener pareja, amante o cualquier cosa que se le parezca, no como algo triste, sino como algo natural que brota de los adentros. Con esta vida monacal que llevo, casi eremítica, sería difícil compaginar con una relación medianamente seria, a no ser que llegara a mi vida una mujer igual de utópica, monacal y fuerte para aguantar tantos avatares.

Mañana viaje de nuevo al centro de la península para asistir a cónclaves iniciáticos. Espero que el viaje sea tranquilo. Espero que todo vaya en calma. Espero que como un cisne, pueda disfrutar del mundo sin ser del mundo. Espero poder volver pronto para seguir buceando en el infinito océano de la experiencia humana. Esa experiencia donde vivimos, nos movemos y tenemos nuestro Ser.

Gracias de corazón por apoyar esta escritura…

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