2019, el fin de una década


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© Michel Rajkovic 

 

“Incluso la época de agobio es digna de respeto, pues es obra, no del hombre, sino de la Humanidad y, por lo tanto, de la naturaleza creadora, que puede ser dura, pero jamás absurda. Si es dura la época en que vivimos, tanto más debemos amarla, empaparla de nuestro amor, hasta que logremos desplazar las pesadas masas de materia que ocultan la luz que brilla al otro lado…” Walter Rathenau.

Algo se sumerge y remonta el vuelo sin mojarse las plumas, reza el Bhagavad Gita. Veníamos de una década difícil y esta no ha sido del todo fácil. Si los ciclos fueran altaneros, podríamos pensar que ahora entramos en una década prodigiosa, dónde la humanidad se une para avanzar en los retos comunes. Pero después de ver que los Leoneses se quieren separar de la ancha Castilla, uno ya no sabe qué pensar. Lo de la unión administrativa de los pueblos va a ser difícil, también lo de la unión fraternal.

Dos grandes retos nos esperan en esta próxima década: los nacionalismo y el cambio climático. El odio, o la ignorancia, en su defecto, campa a sus anchas, a veces escondido, disimulado en cosas abstractas. La unión fraternal aún está lejos. Esta nueva década que ahora nace no parece, aparentemente, muy esperanzadora en cuanto a afrontar juntos todo lo que nos viene. Vuelven los nacionalismos que dinamitaron la Europa en siglos pasados. Vuelve el egoísmo de los pueblos, que se ensalzan en ese ombliguismo enfermizo de pensar que lo nuestro siempre es mejor cuando no es nada cierto. Ni es mejor ni es diferente. Es solo un espejismo, un glamour inocente que desea separar, y no unir. Los seres humanos somos todos iguales por naturaleza. Sólo nos separa una visión corrupta marcada por hechos diferenciales mecidos en la cuna. Nuestra responsabilidad es vencer esas diferencias y unir todas nuestras fuerzas para combatir juntos los importantes retos climáticos que se avecinan. Si estamos entrando en una distopía, en un posible final de los tiempos, es mejor que estemos juntos.

A pesar de todo, si en esta década prodigiosa no hay guerras, habremos avanzado con respecto a siglos pasados. Europa ha mantenido la paz durante estos años y en el resto del mundo cada vez son menos los conflictos, al menos aparentemente. Visto así, no podemos quejarnos. Sí nuestros abuelos que vivieron guerras horribles. Nosotros, solo crisis materialistas por haber perdido algunas cosas que acumulamos ciegamente. El materialismo sigue avanzando cada vez con mayor virulencia. Pero habrá pronto una emancipación del mismo. Pronto entraremos en la época posmaterialista y la vida será diferente, al menos queremos que sea diferente, con nuevos valores, con una nueva ética viviente.

En lo personal no sabría como describir esta década. Puedo decir que he vivido, que ha sido apasionante y que básicamente he concentrado todas mis fuerzas en llevar a cabo una utopía. Como toda utopía tiende al fracaso, no puedo quejarme. Quiero decir que uno, optimista como es por dentro, sabía a ciencia cierta que el final de todo el invento sería una pérdida constante. Pero me queda el regusto interior de haberlo intentado, de haber conseguido crear unión fraternal entre seres dispares, diferentes, antagónicos, de haber creado un lugar inspirador quizás para próximas generaciones, no para la nuestra, que aún vive sumida en el egoísmo y la ceguera. El fracaso formaba parte de la victoria. Como cuando una semilla cae a la tierra y allí muere para que brote un gran árbol potencialmente lleno de frutos. Esa es la sensación de todo el esfuerzo de esta década. Una muerte en la tierra cálida y doliente.

Pero como en todo ciclo vital, algo se sumerge y remonta el vuelo. Si en esta década pasada nos hemos sumergido para que este lugar brotara, la próxima década debería ser un momento de remontar cierto vuelo. No sabemos aún hacia dónde. A nivel general, la tecnología avanza exponencialmente hacia lugares que aún desconocemos. Ahí tenemos la Inteligencia Artificial como protagonista que entrará en nuestras vidas muy pronto. Y también la robótica, a punto de revolucionarlo todo. Y nosotros empeñados en vivir una vida sencilla en los bosques, a contra corriente de todo lo que está pasando. Intentando ser amantes de la naturaleza para seducirla y para arrimar nuestros cuerpos frágiles y desnudos a sus pechos cargados de savia y dulzor.

Personalmente puedo decir que en esta década me emancipé materialmente, viví con energía la culminación de proyectos vitales como la utopía o la finalización de la tesis. También mi bagaje ha sido peculiar. Empecé la década viviendo plácido en las cálidas tierras del sur, en una bonita casa estilo bahaus demasiado grande para albergar a un solo hombre. De allí emigré a Madrid, dónde viví profundas experiencias que nunca olvidaré. Allí fui embajador consorte, disfruté de los placeres materiales y me vi envuelto en una vida de reconocimiento que culminó en las conclusiones en las que ahora me encuentro. Un recorrido vital desde el cálido mediodía al frío septentrión, donde ahora me encuentro.

Todo lo pasado estuvo muy bien, y quizás fue necesario para emprender el mayor de los viajes: el interior. Por eso decidí aligerar el peso del equipaje y enfrentarme a la vida desde la sencillez. Vivir en una cabaña en mitad de un bosque quizás haya sido la experiencia más increíble que he podido experimentar. Por eso, ahora que siento que este es mi verdadero palacio, me encantaría dedicar la próxima década a profundizar en ese viaje interior. Siento interiormente que lo que hasta ahora he experimentado ha sido tan solo un aperitivo. Ahora viene el viaje real, así hasta que logre desplazar las pesadas masas de materia que ocultan la luz que brilla al otro lado.

Feliz año nuevo a todos… feliz entrada a los prodigiosos años veinte.

Gracias de corazón por apoyar esta escritura…

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