Es urgente


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© Marco Abergo

 

Vivimos en un momento de tensión y crisis mundial. Estamos experimentando un reto sin precedentes que debemos enfrentar individual, grupal y globalmente. En nuestra ceguera cotidiana, es difícil poder provocar un cambio positivo que afecte al conjunto y cree dinámicas de cambio y transformación. Estamos en un momento que exige una disciplina y un trabajo de acción radical para poder ser agentes transformadores. A veces, en esa ceguera, siempre nos preguntamos, ¿qué podemos hacer nosotros? La respuesta puede ser enfrentada desde ópticas diferentes.

Hay un velo de ilusión que no nos deja ver la vida en toda su expresión. De hecho, solo estamos capacitados para ver aquello que tenemos en nuestro entorno más inmediato y aquello que ha sido construido desde nuestros hábitos cotidianos. Existen dormileras, expresiones narcotizantes que nos alejan de la verdadera visión de las cosas y de la existencia en su mayor profundidad. Hay una suma de hábitos en nuestras vidas que nos ciegan, que no nos dejan ver la vida en su mayor expresión, y por lo tanto, limitan nuestros movimientos a una suma de actuaciones cotidianas que refuerzan aún más la ceguera. Vivimos en una sociedad narcotizada.

Aún es sorprendente como la relación con nosotros mismos está dañada a muchos niveles. Físicamente podemos decir que nuestros cuerpos sufren la atrofia del maltrato diario. En pleno siglo XXI, aún hay personas que contaminan su cuerpo de mil maneras. Aún podemos ver por las calles personas que fuman, que se drogan, que ingieren grandes dosis de alcohol como algo natural y bien aceptado en la sociedad. No somos capaces de entender que el planeta está enfermo porque nosotros mismos lo estamos, y para evitar nuestra responsabilidad ante este hecho, justificamos de mil maneras nuestros hábitos más dañinos.

El ser humano debería despertar a esa mínima disciplina de aceptar que las drogas, el tabaco y el alcohol no aportan ningún tipo de beneficio a nuestros cuerpos. Es algo tan básico que duele tener que recordarlo una y otra vez. Si fuéramos conscientes del daño que hace expresiones tales como “solo es un vinito” o “solo es una calada”, el mundo cambiaría radicalmente. Si todo el dinero que tiramos diariamente en vinitos y caladas se organizara para cambiar el mundo, viviríamos en un planeta totalmente sano y duradero. Nuestra calidad de vida sería superior y nuestra supervivencia sería mucho más equilibrada. No es la calada o el vinito en sí, es la consciencia que hay detrás de esas expresiones sociales que no somos capaces de erradicar de nuestras vidas. La complacencia de unos y de otros y el refuerzo social lastran cualquier intención de cambio. En el fondo, “solo es un vinito”.

Otro tema importante es la comida. Es algo que deberíamos pensar diariamente. ¿Qué clase de cosas comemos? ¿Cómo es posible que en un mundo tan abundante como el nuestro sigamos sacrificando gratuitamente vidas animales para ingestas de placer instantáneo? ¿Cómo es posible que sigamos torturando y comprando tortura y muerte en nuestro tiempo de progreso y despertar de consciencia? ¿Por qué como humanidad cuesta tanto entender este mínimo de respeto a la vida de esos seres inocentes que mueren a millones todos los días para satisfacer nuestra necesidad de placer engañoso?
La lista de cosas que podríamos hacer por nosotros mismos con respecto a la crisis planetaria sería infinita, pero he querido, una vez más, advertir sobre lo más básico, lo que está en nuestras manos diarias y que, con un poco de esfuerzo, podemos enfrentar de forma radical, pero posible. Cambiar hábitos es cuestión de hábito, pero no es suficiente.

Debemos también actuar grupalmente. El grupo es necesario para comprender que las cosas no van a cambiar si no empezamos a organizar la lluvia fina que cale cada vez más en las consciencias. Esa lluvia fina penetra poderosamente ante la actuación grupal. Cuantos más grupos existan creando consciencia, más fácil será la permeabilización del nuevo paradigma. Los grupos tienen el poder de crear semillas de consciencia que afectan globalmente. Los grupos deben organizarse de forma urgente y radical para ser una piedra viva en el edificio de la construcción del nuevo mundo.

 

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