Esa visión que nos anima


 

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Últimos momentos con la familia…

Ha sido un alivio comprobar que no había goteras en la casa. Tras un día de lluvias intensas hemos podido ver que el tejado ha resultado efectivo. Ahora queda resolver las inundaciones que se producen en el patio desde que pusimos el suelo y el tejado. De alguna forma cortamos las vías de escape que los antiguos habitantes habían desarrollado de forma natural para que el agua escapara de una punta a otra de la casa. No lo tuvimos en cuenta y ahora el agua se acumula en balsas imposibles.

La sabiduría antigua hay que respetarla. La ignorancia acerca de la misma nos crea problemas e incertidumbres. ¡Es tan importante el conocimiento para la vida! El servicio, el amor, incluso la introspección o la meditación no pueden ser ciegos. Necesitan inevitablemente de una visión, de un conocimiento, de una sabiduría. ¡Es tan importante saber quiénes somos y qué hacemos aquí en la vida para poder comprenderla y servirla de la mejor manera! Conócete a ti mismo para conocer a los dioses y los universos.

Ayer se fue la familia que vino a pasar unos días y han estado casi tres meses con nosotros. La verdad es que ha sido un regalo del cielo el poder compartir estos meses con seres tan especiales. La niña-ángel ha sido toda una bendición. Hacía mucho tiempo que no encontraba un aura tan pura, una inteligencia tan brillante y una luz tan hermosa en un ser tan joven. La escuela de este lugar te enseña a practicar el desapego constante. Son tantas las almas que vienen y van que por dentro crece una enseñanza continua. Por eso no albergué tristeza cuando se marcharon, sino felicidad y agradecimiento infinito por haber disfrutado de ellos durante estos meses. Se llevan en sus corazones, especialmente la niña, una experiencia inolvidable. ¡Cuánta luz habrá arrojado este lugar en sus corazones! ¡Cuánta inspiración sembrada para sus futuros!

Hoy me daba cuenta que tras la defensa de la tesis y la tensión por terminar cuanto antes el tejado he tenido abandonada la empresa durante excesivo tiempo. Debería vivir bien si pudiera administrar con mayor sabiduría el tiempo y tuviera la editorial en forma como en los viejos tiempos. Pero es difícil servir a Dios y al César, por más que intento practicar ese noble sendero del medio del que nos hablaba Buda. A veces me dan ganas de volverme extremo y dejar al César para tiempos mejores, pero me doy cuenta de que editar libros también es una bonita forma de servir a Dios, así que vivo en esa dualidad mendicante y gestora, buscadora de verdad y compartir. Tengo muchas ganas de terminar la fase de construcción, el mito fundacional, para dedicar mi tiempo a mis talentos verdaderos.

En ese afán de servicio dedicamos el día a limpiar la catástrofe de estos meses sin tejado. Era tanto por hacer que no sabíamos por dónde empezar, especialmente ahora que todo el mundo se ha marchado de vacaciones antes de la Navidad y nos hemos quedado tan solo dos personas. Así que empezamos por una de las habitaciones, la cual nos ha costado todo el día limpiar y ordenar. Cuando te ves solo ante el peligro de intentar poner orden en el caos, hay dos fuerzas que se entremezclan dentro de uno.

Una de ellas es la desesperante sensación de no avanzar nada. A pesar de los logros de estos cinco años, cuando hemos visto las habitaciones inundadas aún por el agua y la humedad, las camas todas amontonadas, el suelo medio levantado, las piedras de la pared mojadas o manchadas por el hollín de la suciedad que el agua iba arrastrando o incluso algunos muebles que hemos tenido que tirar por haberse estropeado ante las inundaciones, la sensación ha sido un poco desesperante.

Luego viene la segunda de las fuerzas: la voluntad de trabajar para el bien, para una causa mayor, para un lugar que sirve de inspiración, de amistad, de fraternidad entre tantas y tantas personas. Eso nos impulsa a seguir a pesar de la dificultad, nos dota de una fuerza superior para proseguir con la labor. No es ordenar habitaciones, no es limpiar, no es poner orden, es crear un mundo más justo y verdadero, un lugar que reafirmar la necesidad de reencontrarnos en el lazo místico. Esa visión nos anima, nos empuja a seguir adelante. El lazo místico ya ha sido creado y ya hay una fuerza angélica que lo domina. Solo así se pueden explicar tantas y tantas cosas…

Gracias de corazón por apoyar esta escritura…

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