El despertar de la bestia o sobre la muerte de la razón…


 

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Los resultados eran los esperados. La bestia se ha despertado, y la sociedad, como en viejas batallas de antaño, vuelve de nuevo a la radical inconsciencia, a los instintos más oscuros, al deseo de destrucción. Los radicales de un extremo han despertado las esencias de los radicales del otro extremo. La moderación ha dejado paso al insulto, al odio y al desprecio. Los viejos avatares se despiertan de nuevo y los tambores de guerra empiezan a sonar a lo lejos a no ser que ocurra algún tipo de milagro.

El “éxito” del independentismo ha sido fracturar la sociedad en dos, crear dos mitades donde antes había una cierta unidad. Otro de los éxitos ha sido fracturar el resto del Estado. Y un tercero ha sido el de despertar a la bestia, a la parte más oscura de este país. Un país que presumía hasta hace muy poco de no poseer extrema derecha y que ahora, ha posibilitado que sea uno de los países con una extrema derecha de las más grandes y virulentas. Felicidades a los éxitos de la revolución de las sonrisas.

La historia se repite. Y España es un país visceral, no muy propenso al diálogo o la racionalidad. Vivimos y pervivimos enfrascados aún en lo más instintivo y atávico. Lo ancestral tiene mucha más fuerza que la razón. La revolución de las sonrisas toca de lleno lo más ancestral, los héroes pasados, el pueblo como entidad autónoma y aislada que merece un futuro mejor, un exilio hacia un desierto plagado de oasis imaginados, donde un benévolo y complaciente nuevo estado hará felices a sus ciudadanos. Esa imagen bucólica, ingenua y perversa en sus entrañas, tiene la suficiente fuerza para recordar al resto que el hecho diferencial pervive, y que alguna vez, esas invasiones pasadas pervirtieron el orden de las cosas, aclamando ahora derechos y territorios.

Realmente nos movemos por símbolos y arquetipos. El grito unánime del “a por ellos” en la celebración de Vox es un grito recurrente a lo largo de la larga historia. Es el grito del odio, de la venganza, de la expulsión de los moriscos, de los judíos y de todo aquello que fuera diferente o de todo aquello que oliera a extranjero. Es la lucha continua de la defensa de las esencias en terrenos medievales. Igual de medievales que la defensa de la concepción de un “solo pueblo” o de un “solo idioma” o de un “nuevo estado”, donde la palabra “nuevo” rechina desde su propia concepción. Crear un “nuevo” estado no es nada nuevo ni revolucionario. Es un juego de tronos, de poder de los de siempre, una vuelta a los señoríos medievales. No es nada transversal, aunque se quiera pintar así. Es algo troglodita, primitivo, carente de valor racional y reaccionario. Las naciones y las patrias son símbolos del pasado más sangriento de la humanidad. La prueba está en la fractura. No es algo que se cree desde la alegría de todos, sino algo que se crea mediante la fractura y el despertar de la bestia, el enfado y la revancha.

Desde un punto de vista geopolítico es preocupante, porque es una situación global. Un nuevo romanticismo donde se pretende apartar a la razón y se pretende recuperar esencias aparentemente ya superadas. La exaltación del yo grupal y el conferir prioridad a los sentimientos, muchas veces irracionales y sin control, no puede traer nada bueno en el futuro que nos espera. Se ha despertado la bestia, y será muy difícil encontrar a un Ulises o a un San Jorge que pueda vencerla. Muerta la razón, nace la oscura sombra de la muerte…

Gracias de corazón por apoyar esta escritura…

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2 respuestas a “El despertar de la bestia o sobre la muerte de la razón…

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