Día de reflexión. ¿Por qué votaré al PSOE?


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Hoy se cumplen treinta años de la caída del muro de Berlín y la consecuente reunificación de Alemania. Era tiempo de reunificación y de construcción de una Europa unida y en paz. Hoy día estamos viviendo un tiempo convulso, un tiempo de cambio, un tiempo que puede determinar el futuro inmediato de las políticas, pero sobre todo, de la convivencia futura. Europa está siendo partícipe de un experimento sin igual: la unión de naciones que siempre habían estado en guerra y lucha en un espectro político mayor de paz y fraternidad. Ese experimento también se ha ido tejiendo poco a poco en uno de los países más increíbles de los que podamos conocer: España. Una gran nación construida por naciones, idiosincrasias y espectros culturales distintos y diversos.

El aspecto positivo de cualquier cultura es que puede crear una identidad en la que un grupo de personas se sienta identificada. Uno puede sentirse identificado con un estatus, con un rol, con una saga familiar, con un grupo, con una pequeña comunidad, con un pueblo, con una comarca o región, con un país, con un continente o como muchos hoy día, como ciudadanos de la humanidad. Uno también se puede identificar con todo eso a la vez, o sólo con una parcela particular o aspecto particular de todas esas identidades contrapuestas.

Hablo de todo esto porque es importante ver qué está pasando a nivel global y a nivel estatal en particular. A nivel global estamos viviendo un nuevo reflote de las identidades, pero no como entidades que se ayudan mutuamente, sino como identidades que se repelen. Lo estamos viendo con los Estados Unidos de Trump y sus políticas proteccionistas, lo estamos viendo en Reino Unido con su Brexit y lo estamos viendo en nuestro país con los nacionalismos identitarios que exigen para sí mismos el derecho de autodeterminación primero y la creación de un nuevo estado después. Esta reivindicación, totalmente legítima y justa en términos políticos, se está realizando en su formato negativo, es decir, en la antiquísima fórmula de búsqueda de un enemigo arquetípico, en este caso, el estado español, como ente diabólico al que vencer.

Más allá de la legitimidad de las reivindicaciones, estamos en un estado de hechos que buscan la determinación de la vía unilateral. La vía unilateral tanto de unos como de otros, y luego, la opción menos mala, que en este momento es la ambigüedad propia del socialismo español. Esa ambigüedad ahora puede que sea positiva, en cuanto sirve de eje entre unas fuerzas radicales y otras extremistas. Por ese motivo, solo por una cuestión de ambigüedad, y excepcionalmente, votaré al PSOE.

Gracias de corazón por apoyar esta escritura…

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