Sanando en la aventura


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Mi amiga D. siempre dice que mi vida es un gran Belén lleno de pastores. También me dice que si monto un circo me crecen los enanos. Su refranero es infinito cuando de mí se trata. La quiero y la aprecio, aunque siempre se queja de que no sigo sus consejos. En parte tiene razón. La vida a veces nos muestra caminos de aprendizaje que debemos recorrer por nosotros mismos para aprender algo. Y para darle gozo y satisfacción, esta vez he cambiado y voy a seguir sus indicaciones y consejos. He decidido cuidarme y ser feliz con las pequeñas cosas. Por eso de nuevo estoy viajando, ante la invitación irreductible y la propuesta de pasar un fin de semana diferente y especial. Deseo no negarme a la evidencia de que la vida a veces nos ofrece cosas que no esperabas, pero que pueden ser buenas, necesarias, hermosas. A veces hay que dejarse llevar, probar nuevas cosas, arriesgar los patrones que nos arraigan a nuestras ideas prefijadas. Con este viaje estoy rompiendo con muchos patrones, con muchas formas de pensar que limitaban mi realidad. Eso me crea un vínculo con la emoción de vivir, con la aventura se sentir nuevas cosas y potenciar así la capacidad de estar vivos. La vida se muestra de mil formas, y cuando elegimos una de ellas, se abre inevitablemente un abanico de posibilidades.

Mientras miraba el paisaje de las tierras castellanas por el tren, recibía un conmovedor mensaje de una personas que conocí hace algunos años en el proyecto. Me escribía porque me había tomado como una especie de referente en quien confiar. Eso me ruborizó porque sé que los referentes siempre terminan decepcionando cuando no se ajustan a nuestros ideales al milímetro, o cuando evolucionan o yerran. Por eso este viaje es un poco rebelde, porque desea romper con los prejuicios de lo perfecto, y alcanzar, en el error, en el riesgo, una forma de vida diferente.

Me atreví a contestarle algunas palabras, regodeándome de nuevo en mi inmediato pasado. No como una forma de pesadez existencial. Sino como una forma de desapego. Cuando más me regodeo en esa situación dolorosa, doy mayores pasos hacia mi propia sanación. Comparto un trozo de esa carta mientras sigo mirando el paisaje y me abandono a la aventura…

Querido F…

gracias de corazón por tus sentidas palabras… Me halaga saber que aún recuerdas a este humilde servidor, que hace lo que puede y sin predicar mucho, intenta labrar un mundo nuevo en esta tierra cada vez más convulsa. O Couso va progresando poco a poco… No hay prisa por nada… todo va a su propio ritmo… Vamos haciendo en silencio, compartiendo nuestra experiencia para que sirva a otros.

Deseo felicitarte por ese reto que habéis asumido dando vida y soporte a vuestra hija… es una alegría ver que nuevas almas vienen a este viaje conjunto… Tenemos ahora una hermosa familia en el Couso que lleva dos meses con nosotros y tienen una niña de siete años que es toda una maestra… Increíble la experiencia que vivimos con ella… Así que felicidades por asumir el reto de sostener una nueva vida que clama voz para el nuevo mundo.

Ante la pregunta de qué hago cuando algo me irrita… Es algo complejo… Creo que la vida me está dando algunas herramientas basadas en la experiencia que he podido soportar con respecto al desapego… especialmente en estos meses en los que me están ocurriendo mil cosas… Creo que llegaste a conocer a la hermosa N. Estuve con ello casi tres años. Estaba enamorado de ella hasta el punto que casi nos vamos a vivir juntos cerca de Santiago… Allí compramos unos apartamentos y nos pusimos unos anillos de compromiso… A los pocos meses de esa aventura, encontró un trabajo en Francia y decidió abandonar la relación y marcharse. En ese momento de irritación reaccioné mal. No pude entender qué pasaba y estuve nueve meses de baja por depresión. Nunca me había pasado algo así, al menos con tanta intensidad. Me había ilusionado con ella y con la idea de tener una familia juntos. Desapareció y nunca más supe de ella, excepto por un abogado que envió para resolver el tema de los apartamentos.

En ese momento pensé que todo ese proceso fue muy injusto y me irritó mucho. Siempre pensé que era necesario hacer bien las cosas, cerrar bien los ciclos. Pero para que eso ocurra tiene que existir un mínimo diálogo. Al no tener esa oportunidad de poder hablar, de poder expresarme, me ahogué por dentro. Ahora que ya ha pasado el juicio y parece que voy a perder mucho dinero y algo de salud con todo este proceso, puedo decir que la irritación va disminuyendo gracias a enfocar mi vida en otras cosas, en O Couso, en la tesis que defiendo en unos días, en nuevas ilusiones y proyectos que llegan a mi vida de forma insistente… Me está costando salir de esta irritación, pero de todo se sale. 

Quiero decir con todo esto que la vida, en cualquier momento, nos puede poner a prueba y nos puede cambiar de forma drástica. Pensaba que estaba curado de espanto, que ya había vivido muchas situaciones y que tendría herramientas suficientes para superarlas… Y debo decir amigo que esta prueba ha sido toda una sorpresa y una enseñanza. Nunca estamos preparados para según qué cosas, y entonces nos toca hacer lo que podamos, hasta donde podamos. Debo decir que tuve la suerte de tener a personas maravillosas a mi lado que me ayudaron como pudieron a salir del pozo. Y eso ahora lo valoro. Tener a seres queridos cerca es algo que no tiene precio.

No te agobies por lo tanto por la irritabilidad de las cosas. Intenta verlo todo desde el desapego, sin implicarte en exceso emocionalmente. Una mente fría a veces puede echar una mano. El temple, el famoso temple, es necesario ante momentos de tensión ineludibles. Los momentos difíciles siempre van a estar ahí. Eso nos enseña la vida. Siempre debemos estar alertas, esperando la siguiente prueba, la siguiente enseñanza. Así que tómatelo todo con calma, especialmente ahora que tienes una hija a la que atender. Fuerza, mucha fuerza y valor para esa obra. Ser el responsable de un alma es todo un reto. Requiere inevitables sacrificios, pero sobre todo, un exceso de amor incondicional, comprensión y paciencia.
Estoy convencido de que serás un buen referente para tu hija, y estoy convencido que tu luz y amor llegarán todo lo lejos que se merece. ¡Ánimo con esa gran obra!

un abrazo sentido,

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