El salto no existe


 

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En esta foto hay un universo entero difícil de describir. Maia, la niña-ángel, el ángel Geo y un humilde servidor del mundo angélico, discípulo directo de Uriel, protector de las tierras y los templos de Dios, habitante de uno de los nueve coros celestiales. 

Recibo una carta de amor. Amor es relación, así que cuando alguien te escribe estrechamente, incidiendo en las letras y sus sentidos, incidiendo en los paisajes y los recuerdos, el amor brota. Acompaña al texto juguetón y divertido un breve relato hermoso, escrito con bella prosa y paisajes vivos. Decía José Luis Sampedro que los personajes que utilizaba en sus novelas salen de uno, pero salen de uno después de conocer un montón de cosas. Carlos Onetti afirmaba que no podría escribir si supiera de antemano lo que va a pasar en sus obras. Los grandes escritores siempre son referentes a los que hay que atender. Uno siempre aspira a ser uno de ellos, aunque con el tiempo, uno se da cuenta de que la grandeza no tiene importancia cuando lo que realmente importa es dar vida a la propia vida desde un estado atávico, desde una consciencia cocreadora. Por eso he recibido con agrado estas letras, tituladas “El Salto no existe”, con las cuales me recreo y comprendo al referirme a ellas con un sí quiero.

Uno no necesita historias ni personajes porque la propia vida es un cúmulo de experiencias difícilmente ordenable cuando se acumulan una tras otras sin tiempo a pensarlas, a sentirlas. Tras unos días intensos y hermosos en el Valle del Tiétar aparecí de repente en una hermosa iglesia en el centro de Madrid, en la plaza de la Paja. Allí, en la capilla del Obispo, había un coro de ángeles que cantaban en misa de doce, atrayendo hacia nuestro mundo tangible las delicias del mundo intangible. Lo digo en voz alta porque si estáis en Madrid o Barcelona os recomiendo la visita.

La Comunidad del Cordero o la Communauté de l’Agneau, en francés suena mejor, es un grupo de monjas de orientación franciscana y dominica que predican la pobreza extrema. Las hermanitas del Cordero, como gustan llamarse, nos acogieron con un amor celestial. Cuando nos dimos la paz, nos abrazamos de tal forma que a la salida alguien nos advirtió del impacto que había recibido al vernos. Ese abrazo fue una especie de sello, una especie de alianza para intentar construir puentes indestructibles. No puedo contar mucho más de lo ocurrido posteriormente porque necesitaría un libro para relatar solo la intensidad de ese día, así que guardaré para la privacidad los acontecimientos y detalles de una jornada intensa, bella y profunda.

Volví alegre y feliz a la montaña, a los bosques, tras unos días inolvidables. Aquí me encontré la noticia de que mi ex, no dada por satisfecha con la sentencia desfavorable para todos, pero sobre todo para mí en el juicio por la cosa común, ahora me reclama un dinero. Respiré profundamente y sentí un poco de pena. Sin más. He decidido no pensar más en este asunto, dejar que los abogados hagan su trabajo lo mejor que puedan y que la vida nos ponga a todos en nuestro justo lugar. Las leyes humanas, tan diferentes a las leyes divinas, no podrán nunca quitarme el sueño. Así que cierro paréntesis, agradeciendo el desahogo necesario para que no surjan tumores ni enfermedades cuando las cosas se enquistan y no salen hacia fuera. Aquí todo se disipa, porque la escritura también es terapia, también es proceso sanador. Me da pena, un poco por ella, y también por mí, por esa facilidad mía de meterme siempre en líos donde no me llaman. Sólo le deseo lo mejor y su mayor felicidad a pesar de esta mancha que quedará siempre entre nosotros.

Tras la vuelta de Madrid han sido días de vértigo. Sin tiempo para nada, sin electricidad en las cabañas, con mil asuntos que resolver en la fundación, en el proyecto, en las secretarías que presido de diferentes instituciones, en mis obligaciones profesionales, como voluntario en el proyecto y con la defensa de la tesis a la vuelta de la esquina. Me agradó encontrarme entre nosotros al amigo Koldo. Ambos sabemos que la nueva tierra ya no necesita maestros, ahora necesita testimonios. Hablamos de la importancia de ser perseverantes en nuestro testimonio, con humildad, con alegría, sin esperar nada a cambio. Un mensaje, en los tiempos que corren, requiere testimonios de vida real, de entrega real, de búsqueda de la verdad mediante el contacto directo con la naturaleza, con el otro extraño, con la experiencia de vida.

Me encantó volver y estar de nuevo entre esta familia hermosa, con Koldo y José Luis como regalo, con el retorno de Helena y Joan, con la familia angélica que estas semanas nos acompaña. Maia sigue siendo ejemplo de virtud y alegría. Os acompaño una foto hermosa de esa niña que descubre en nosotros nuestra parte más bella y profunda. De las cosas más bonitas que han pasado junto a Maia, una de ellas es cuando ayer nos levantamos entre las nieblas propias de esta tierra y tras la meditación encontramos a la perrita blanca comiéndose los huevos de las gallinas. La pudimos atrapar tras un mes viviendo entre las cabañas y jugando al gato y al ratón para no ser vista. Al sentirse atrapada intentó escapar por alguna parte, pero al ver que no podía, se sentó tranquila. La llamamos y nos acercamos lentamente a ella hasta que se dejó tocar. Fue un amor a primera vista. Le dimos de comer, la llevamos al veterinario, la limpiaron, la desparasitaron y quedó hermosa y linda.

Ahora la perrita ya no se separa de nosotros, y creo que el destino quiere que nosotros tampoco de ella. El salto no existe. Creo haber entendido algo de la vida. Quiero creer que la vida puede ser abrazada desde mil formas, pero siempre con un bonito testimonio. Nos equivocamos, erramos una y otra vez, especialmente cuando estás vivo, especialmente cuando caminas y transitas mil universos en una sola jornada. Especialmente cuando amas, cuando te abres al amor, cuando deseas amar y ocurre, entre tinieblas y luces, entre montañas y bosques, el halo milagroso.

Gracias de corazón por apoyar esta escritura…

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