Que el pasado no condicione nuestro presente


 

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Hoy teníamos que tomar algunas decisiones que a priori, de haberlas dejado en manos de nuestra experiencia pasada, hubieran sin duda condicionado la respuesta a nuestro presente. Pero nos dábamos cuenta de que eso era un error. Lo pasado puede servir de experiencia, eso es indudable, pero no podemos tomar decisiones únicamente basadas en esas experiencias, especialmente si han sido erradas o negativas. Si nuestra última relación de pareja fue un fracaso cargado de rabia, eso no debe condicionar las futuras relaciones de pareja. Si tuvimos una experiencia negativa a la hora de mostrarnos generosos con algunas personas que respondieron a esa generosidad con envidia o rencor o abuso o avaricia, eso no debe condicionar nuestra naturaleza generosa. Por eso cuando hoy teníamos que tomar una decisión extraordinaria y excepcional con respecto a una situación que en el pasado no resultó ser muy positiva, no quisimos que esa experiencia condicionara el presente.

Por eso de alguna forma hemos sentido cierto alivio al pensar que la decisión tomada, algo incómoda, nacía desde lo más profundo del corazón. Sin miedo a expresarla, sin miedo a la contradicción, sin miedo al qué dirán. Lo único que nos preocupaba era el bienestar de las personas que ahora están aquí y única y exclusivamente hemos pensado en eso, sin condicionarnos por el pasado ni por el futuro.

Visto así, esto puede ser algo que nos libere, porque cada situación es justamente diferente al resto, y a veces, condicionar las decisiones por experiencias pasadas, por sentires pasados que tal vez ya no existan o no tengan vigencia puede suponer un punto de liberación. Esto se puede extrapolar a lo macro, a la política, a la economía, a las relaciones entre pueblos hermanos. Si no corrompemos el discurso con dialectos del pasado, si somos capaces de construir una metarealidad nueva que favorezca al conjunto y no a los intereses de unos cuantos, si somos capaces de verificar que los tiempos han cambiado y que, por lo tanto, la mirada también lo ha hecho, podemos tomar decisiones acertadas ajustadas a la nueva realidad, a la nueva experiencia.

Cambiar la óptica es complejo, arriesgarse a tomar decisiones que puedan cambiar las reglas es complejo. Lo que eleva la mirada es la visión de algo nuevo, no el repetir un nuevo patrón ya establecido. Es decir, no prometer algo nuevo cuando de lo que realmente estamos hablando es de replicar algo que ya es conocido por todos. Lo arriesgado de verdad es ofrecer una alternativa realmente liberadora pero que nace del conjunto de fuerzas implicadas, alejados de patrones, alejados de creencias preconcebidas, de amores hacia ideas que se han demostrado erróneas y aberrantes.

Lo revolucionario no es replicar lo que se está intentando destruir. Lo revolucionario es construir algo nuevo, enriquecedor para todos, dibujado desde una perspectiva diferente y extraordinaria, basada en la circunstancia presente, no en hipótesis futuras o en experiencias pasadas que ya nada tienen que ver en todo lo que ahora sucede. Si nuestro presente lo vamos a construir basado en las premisas del pasado, estamos buceando en un mismo circunloquio sin salida. De ahí la mirada fresca del momento presente, de ahí la necesaria revisión de cada uno de nuestros patrones condicionantes.

Gracias de corazón por apoyar esta escritura…

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