No os olvidéis practicar la hospitalidad


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La puerta estrecha de O Couso. Por aquí entran y salen verdaderos seres angélicos…

“No os olvidéis practicar la hospitalidad, porque por ella algunos, sin saberlo, hospedaron ángeles”. (Hebreos, 13-2)

Las noches ya son frías. Cinco grados de máxima. Cuando el termómetro baja de los diez enchufo la estufa unos minutos para calentar la cabaña antes de acostarme. Los días son cortos, lo cual genera que las viejas baterías no den suficiente luz y a las nueve ya no tengamos electricidad. Nos resignamos. Así son los otoños. Así será el largo invierno, un tiempo donde estaremos más dentro que fuera, más en contacto con la levedad de la luz que nos atraviesa, fina y delgada, invisible.

Esta mañana éramos puntuales a la meditación. Las meditaciones son nuestro mayor soporte para superar los días complejos como los de estos días difíciles. Allí la mente se calma, el espíritu nos posee por unos instantes y nos susurra palabras de aliento y ánimo. Luego cantamos un poco. En la ermita ya empieza a hacer frío, pero los cantos destemplan los ánimos. También los veinte minutos de yoga, que suelen hacerse con deseo de calentar los cuerpos. Los monjes de antaño creaban sus propias rutinas para albergar en sus corazones la esperanza del reino de los Cielos. Nosotros nos arraigamos a la fe para que el Cielo se manifieste cada vez más en nuestros corazones. Sentimos una llamada inequívoca, y esa llamada responde a un eco que proviene de aquello que no se puede nombrar, de aquello que brota como un manantial puro en nuestras almas.

Hoy el reto era conseguir abrir un hueco en la dura pared de piedra para colocar una antigua chimenea en la habitación que estamos habilitando con urgencia para refugiarnos en invierno. Estuvimos cinco horas sin parar de sacar piedras, colocar los tubos y hacer que la estancia recibiera los primeros calores de leña. Ha sido emocionante ver como el esfuerzo ha merecido la pena. El hecho, nuevo para nosotros, de que exista una familia con una hermosa niña de seis años nos anima a buscar las mayores comodidades posibles.

La niña es un ejemplo para todos. Cualquier otro niño estaría llorando todo el día, quejándose ante la adversidad excepcional que estamos viviendo en estos tiempos. Pero ella siempre sonríe y nos anima a seguir adelante. Ha cogido la guía y la batuta para que el ánimo no decaiga. A veces me quedo mirándola y su sonrisa, sus bromas, sus ánimos, me resucitan. Su gran ejemplo supera cualquier expectativa. En vez de estar en el colegio la vemos achicando agua, ayudándonos con la chimenea, apoyando cualquier tarea desde la alegría del trabajo, cocinando para todos. ¿Cómo es posible que una niña de seis años que nos supera en inteligencia y voluntad tenga esa capacidad de esfuerzo y servicio, de alegría y serenidad con toda esta desesperante situación?

Esta casa de acogida que estamos construyendo entre todos merece la pena. Es cierto que al no olvidar practicar la hospitalidad, aunque sea en estos momentos primitiva, rudimentaria, humilde y poco acogedora, estamos recibiendo ángeles encarnados que vienen a construir el nuevo mundo. Este lugar para ella será siempre un referente, algo que jamás olvidará. “El Xavitxu”, como ella me llama de forma cariñosa, está aprendiendo cosas que jamás pensaría que aprendería de un ser tan joven, al mismo tiempo que tan anciano. Ahora me doy cuenta de que este esfuerzo titánico que estamos haciendo por acoger día tras día a todo el que llama a las puertas tiene siempre su verdadera recompensa. Una recompensa que no se puede medir, que no se puede pagar con dinero. Me doy cuenta de que si no fuera por la economía del don jamás hubiéramos albergado en este lugar a seres tan luminosos como los que ahora nos apoyan, nos alientan, nos refuerzan.

Algún día esta casa será totalmente acogedora. Vendrán más ángeles y compartiremos momentos únicos embelesados ya no en las piedras que ahora debemos amontonar para reconstruir este lugar sino entre flores y jardines, entre bosques y atardeceres. Hoy alguien me decía que debía dedicar algo de tiempo a pasear, a disfrutar, a trabajar menos. Pero hay tanto por hacer que solo en este respiro epistolar, en estas cartas que se pierden en las nubes y cuyos destinatarios desconozco, puedo realmente descansar. Hay mucho por hacer, hay muchos ángeles a los que hospedar en los próximos días, mucho que inspirar. El Cielo desea manifestarse y nosotros deseamos empujar en esa labor. La casa espera ser de nuevo acogedora. Seguiremos achicando agua entre risas, sin lamentos, optimistas, cargados de fe, humildad y aliento. Seguiremos aprendiendo de esos ángeles que vienen para iluminar nuestros días oscuros, para hacernos creer que la luz siempre encuentra un verdadero hueco en nuestros pequeños corazones.

Gracias de corazón por apoyar esta Casa de Acogida…

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One response to “No os olvidéis practicar la hospitalidad

  1. “Entonces dijo:
    — Les aseguro que a menos que ustedes cambien y se vuelvan como niños, no entrarán en el reino de los cielos.
    Porque en el reino de Dios, las personas más importantes son humildes como este niño. Si alguien acepta a un niño como éste, me acepta a mí. Pero si alguien hace que uno de estos pequeños seguidores míos deje de confiar en mí, merece que le aten al cuello una piedra enorme y lo tiren al fondo del mar.”

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