Sale el Sol


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Hay un destino escrito, ineludible. Caen las hojas en otoño. También los frutos de temporada antes de que el frío los entierre en la noche oscura. Sale el Sol. Todos los días, uno tras otro. Y cuando sale, el mundo despierta a una vida extensa, todo respira hacia ese horizonte infinito que la luz transporta. Sale el sol y todo brilla radiante.
El avión me llevó taciturno hacia la gran capital. Allí pasé la noche porque el siguiente vuelo no salía hasta el día siguiente. No me importaba, dentro de mí había salido el sol. Y las penumbras de la noche sonreían ante la presencia de la magnificencia, ante el resucitar de la luz dentro de tanta oscuridad. Cogí el siguiente avión y llegué sano y salvo a mi destino, escrito, ineludible.

El autobús tardó más en hacer el recorrido que el avión. Me quedé dormido en el trayecto. Cuando desperté ya habíamos llegado y tras comer algo, empecé a caminar alegre, feliz, por el Camino, bajo el sol. Ella nunca lo sabrá, pero allí estaba, presente en cada caminar, en cada suspiro. Yo no existo para ella, pero no importa porque hay un destino escrito, ineludible. Y en esos pasos entre bosques y peregrinos que saludaban alegres, había una verdad flotante que embriagaba la escena.

Lo importante de todo realmente es lo que no se ve, aquello que es invisible, pero real. La fantasía, si es capaz de despertar en nosotros un mínimo de belleza, ya es real, y diría que necesaria. Hoy no era un día más. Sabré luchar, sabré guardar silencio sobre aquello que es capaz de reanimar el alma. Sabré guardar los secretos y respetar los tiempos de la ahora ya inexistente bahía. Hoy sale el Sol, y por ello estoy aquí, dejándome llevar por el pausado compás de la vida, por la suavidad fragmentada de la existencia.

A medio camino alguien vino a buscarme. Sentí pena porque hacía un día estupendo para seguir paseando, al pesar del anómalo calor, el cansancio acumulado y el sueño irremediable. Le invité a un helado y le dije que me había enamorado. ¿De una fantasía? Sí, precisamente esa es la grandeza. Poder enamorarse de un espejismo incierto, pero capaz de hacerte remover aquello que permanecía totalmente silenciado por el dolor y la incerteza. Me enamoré de la vida, y al hacerlo, resucité. Por eso, hoy más que nunca, sale el sol.

El otro día le decía a mi querida amiga allá en las ahora tan lejanas Tierras Altas de Escocia, que ya solo podría enamorarme de personas entregadas a la vida, de “surrenders” cuya única visión sea la de seguir la regla de oro de nuestra propia naturaleza. Ya solo me interesa ese tipo de seres capaces de abdicar ante la presencia de lo sublime y lo misterioso. Por eso es muy probable que termine en una soledad obligada, pero al mismo tiempo, con capacidad de amar en absoluto silencio. Así que dichosos los que aman sin esperar nada a cambio, recogidos, anónimos. Dichosos si por amar la vida les resulta más sencilla y hermosa.

Los ciclos se repiten una y otra vez, por eso puedo intuir lo que pasará a continuación. Entonces tendré la certeza de que hay un destino escrito, ineludible. De que las hojas caen inevitablemente de nuevo en cada otoño. Y por eso la llama revive. Sale el Sol, una y otra vez…

Gracias de corazón por apoyar esta escritura…

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4 respuestas a “Sale el Sol

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