Desde la comunidad de Findhorn


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En 2005, en una absoluta prueba de desapego, vendimos nuestra hermosa casa de tres plantas con jardín en Barcelona, dejamos nuestra vida acomodada y nuestros trabajos y nos lanzamos a la aventura en un salto de fe basado en la persecución de nuestros sueños y anhelos. En lo particular, mi aventura trataba de una tesis doctoral que programaba terminar en tres o cuatro años para luego dedicarme a la docencia. Ayer recibí la buena noticia de que por fin, y tras casi quince años de duro trabajo, de aventuras y desventuras, a finales de noviembre defiendo ante el tribunal académico una tesis doctoral descomunal.

Al principio de toda esta aventura, gracias a la venta de la casa y a nuestros trabajos, teníamos ahorros suficientes para desplegar con calma nuestros sueños durante casi una década. Esa sensación de libertad y seguridad futura fue hermosa y excitante. En los primeros años asistía por las tardes a las clases de doctorado en Sevilla, mientras que por las mañanas me sacaba el título de profesor de instituto en la rama de historia bajo los auspicios del Curso de Adaptación Pedagógica que se hacía en Córdoba. Los fines de semana, como aún sobraba algo de tiempo, asistía en Madrid a un máster de pedagogía Waldorf. La primera escuela Waldorf se fundó en 1919 en Stuttgart, Alemania, hace ahora justamente cien años. En el segundo año dediqué gran parte del tiempo a dar docencia en prácticas en la universidad como profesor de antropología y en un instituto como profesor de historia. En los ratos libres, me dio tiempo de fundar con unos amigos la mítica Editorial Séneca, seguir viajando, que es mi otra pasión y volver a escribir de nuevo, después de unos años de silencio.

Dos años después, en 2007, hice un segundo salto de fe y decidí marcharme por uno o dos años al norte de Escocia, a la comunidad de Findhorn, desde donde ahora escribo. La idea era hacer mi trabajo de campo en esta comunidad y completar así mis estudios de doctorado en uno o dos años más. Así que por segunda vez me lancé a una nueva aventura. A los pocos meses de estar en Findhorn conocí a una simpática persona que me invitó a viajar a su país natal, Alemania, con la promesa de conocer otro tipo de comunidades y otra cultura. La aventura en Alemania duró dos apasionantes años que nunca podré olvidar, hasta que decidí volver a España.

Desde aquellos primeros años, nunca he dejado de venir a Findhorn y nunca he dejado de profundizar en la tesis doctoral, en las comunidades y en las utopías. Tuve la oportunidad de conocer a una de sus fundadoras, Dorothy, que inicialmente fundó la comunidad junto a Eileen y Peter Caddy. De ser generosos, tendríamos que agradecer la figura de Sheena Govan, que durante un tiempo fue maestra espiritual de los tres protagonistas y fundadores de la comunidad de Findhorn. También a las corrientes sufistas, teosóficas (Escuela Arcana), rosacruces y masónicas que influyeron en las bases de la construcción filosófica y espiritual del proyecto. A nivel visual, podría decir muchas cosas hermosas de Findhorn. Con el paso de los años se ha convertido en una importante ecoaldea que ha inspirado a cientos de proyectos. El trabajo de estos cincuenta años de historia ha merecido la pena y sigue siendo fuente de inspiración para miles de personas que acuden a este lugar.

A nivel interior, Findhorn nació con un propósito espiritual determinado. A pequeña escala, ese propósito, aunque persiste, se va difuminando en parte con el paso de los años. A veces siento cierta tristeza cuando veo cómo la genialidad humana es capaz de transformar los propósitos y los anhelos. Lo he visto en mi vida propia, resumida en los primeros párrafos anteriores. Ocurre también con los proyectos grupales. Cada vez entiendo mejor la necesidad humana de buscar seguridad material, reconocimiento y cierta necesidad de estatus e identificación, ya sea grupal, racial o nacional. Y como a veces esa necesidad arrasa con todo. Los anhelos puros a veces son arrastrados por inseguridades, por egoísmos, por ceguera, por fijaciones.

Findhorn, como muchos lugares, requiere una nueva reinterpretación. No me atrevería a decir que requiere de un nuevo revival. Quizás su papel ya terminó, quizás se trataba sólo de inspirar a otros hasta terminar convirtiéndose, por muerte natural, en una especie de cohousing para personas que desean vivir tranquilos. Pero entonces veo el ingente esfuerzo humano y espiritual aquí gastado y me pregunto de qué manera se puede poner en valor todo esto. Es una reflexión que me hago estando aquí, viendo lo que aquí ocurre desde hace más de una década de continuadas visitas y vivencias e imaginando cómo puede desarrollarse su futuro inmediato. Sea como sea, es un privilegio que este lugar siga existiendo y que otros vayan siendo inspirados por el mismo.

Gracias de corazón por apoyar esta escritura…

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