Preparación para el contacto con lo Real


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Somos conscientes de que estamos bajo la presión de un trabajo interior extenuante y exigente. Este experimento del servicio grupal sigue una secuencia orgánica de equilibrio, sensibilidad y flujo. Esa es la lógica interior, pero en la manifestación fenomenológica no siempre es así. De ahí que exista la necesidad de un aprendizaje mayor basado en el aplomo, el equilibrio y la serenidad. Sin duda es una prueba, un aprendizaje complejo donde hay que enfrentarse a múltiples egos y sus capas, sus manías, sus recelos, sus miedos. Son muchos espejos en los que mirarnos y aprender, y eso inevitablemente resta energía. De ahí la necesidad de aislamiento, de silencio, de preparación.

En el mundo de las ficciones en el que vivimos, resulta complejo y difícil desenmascarar el mundo que hemos creado a nuestra imagen y semejanza, y completar el ciclo que nos ha de acercar hacia la preparación para el contacto con lo Real. Pensamos, equivocadamente, que lo Real es lo que nos circunda, lo que creemos como cierto, nuestra máscara de seguridad que nos permite sobrevivir psicológicamente al devenir. Realmente no queremos enfrentarnos a esa mentira, a esa ilusión. El rico cree que es rico y el pobre cree que es pobre. El guapo cree ser guapo y el feo cree ser feo. Solo son máscaras, solo son capas superficiales de una epidérmica realidad. Nadie está dispuesto a ir desenmascarando esa vida impostora para enfrentarnos a la realidad, a lo Real.

La preparación es difícil. Debemos forjar el valor, la voluntad y el conocimiento que nos debe llevar a las puertas de las primeras pruebas. Valor para enfrentarnos a los que nos criticarán, a los que, sin comprender la fuerza del conjunto, intentarán derrumbar toda la obra. Voluntad para enfrentarnos a las fuerzas, tangibles e intangibles, que harán lo posible para detonar todo nuestro esfuerzo. Conocimiento para guiarnos prudentemente por las líneas acordes con la luz del corazón, el fuego ígneo que nos protege en la senda de la oscuridad brillante.

Uno se prepara fortaleciendo sus cuerpos. Volviendo sutiles las energías que derrama en el mundo, disipando todo aquello que le ata o detiene. Esperando afianzar su pequeño poder en la fe y la esperanza. Muchos pierden ese poder, lanzándose a la mentira del personaje, dejando la responsabilidad y el deber que adquirieron como pacto necesario para la labor vital. Por eso la fe y la esperanza son tan necesarias para guiarnos en la ciénaga de la ilusión, de la mentira, del ataque, del miedo. Si perdemos la fe, si perdemos la esperanza, nos hundimos para siempre.

La fuerza proviene del silencio, de la quietud, de la observación, de la concentración, de la apertura a la luz que nace de esa seguridad de que estamos alcanzando el verdadero sentido de lo Real. Desapegarnos del personaje y profundizar en ese aspecto sutil de nuestra naturaleza debe llevarnos por el arduo camino de la liberación. No hay verdadera liberación cuando nos identificamos con algo. Solo ante el poder del desapego de las ideas, de las personas, de las cosas y especialmente, de nosotros mismos, podemos aprender a dirigirnos victoriosos hacia lo Real.

El espíritu de servicio ardiente, el cáliz ígneo, se prepara para albergar la luz que ha de derramar en el mundo. La ayuda está asegurada cuando enfocamos toda nuestra vida a descubrir ese fuego que brota de nuestros corazones ardientes. Todo nos espera cuando emprendemos el peregrinaje hacia el mundo Real.

 

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