Cerrar los ojos y ver


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Cerrar los ojos y ver. Eso es maravilloso. Primero, un leve destello de oscuridad. Luego un leve destello de luz que se convierte poco a poco en paisajes. La manta, la cama, la cabaña, el bosque de abedules y robles, los prados, el valle del Mao, la sierra de Édramo, las montañas del Courel, toda esta bella tierra celta. El destello se vuelve luminoso, y abarca lo grande y lo pequeño. El susurro de las hojas que caen. El caminar de los cientos de animalillos que habitan en la tierra húmeda. El verde que todo lo inunda cargado de gotas de rocío que se entremezclan entre ellas. Hay una fusión con todo lo que ocurre en el mundo real. También en el mundo de las formas. También en los mundos arquetípicos. Los elementos y los elementales trabajando en sigiloso susurro. Los ángeles y arcángeles coordinando las tareas del éter, mirando que todo esté bien, susurrando poesía, arte y música a los que intuyen.

El cielo se puede ver en cualquier flor silvestre. El mundo entero se puede expresar en un puñado de arena. El universo, originalmente misterioso, ahora se desvela como una señal de algo cognoscible. Hay fuerzas de un nivel superior que nos musitan levemente mensajes condicionados por nuestra disponibilidad al silencio. La levedad de la vida se puede mirar por la intensidad de nuestra fijación en la misma. El azar no es más que un motivo de ignorancia. Todo tiene un sentido oculto solo posible desvelar desde la más pura intuición. Primero desde un leve destello de oscuridad, luego una luz cegadora que adumbra paisajes.

Tengo ganas de dejarme sorprender. Hace tiempo que la vida esquiva lo milagroso, aunque alguien me recuerda constantemente que mi vida está cargada de milagro. Parece cierto visto desde fuera, pero por dentro, atravieso un halo de pesimismo irreal. No como algo pesado, sino más bien un pesimismo llevadero, causante de una inapetencia hacia cualquier cosa. Lo confesaba hoy junto al estanque, en la noche oscura, mientras miraba si los peces rojos destacaban en las aguas turbias. Hay pocas cosas que me motiven excepto mirar a los patos y los peces, otear a las gallinas a lo lejos, observar el bosque con atención, especialmente ahora que empieza a despojarse de las hojas cada vez más otoñales. Me gustaría tener más tiempo para leer y escuchar música, para ir al cine o pasear por la ciudad. Leer clásicos, siempre tan inspiradores. Y también más tiempo para conectar con las esencias, con el más profundo sentido espiritual de la vida. Tengo ganas de espiritualizar cada instante y despojarme así de toda la inutilidad mundana, de todas las distracciones que me alejan de la naturaleza religiosa, del religare entre lo natural y lo sobrenatural. Deseo ardientemente envolverme de milagro y de ganar tiempo a las alturas con ese fervor.

Me gustaría poder volver a espiritualizar cada uno de mis átomos y sentirme más conectado con las fuerzas de la naturaleza. Cerrar los ojos y ver. Eso es maravilloso. Primero, un leve destello de oscuridad. Luego un leve destello de luz que se convierte poco a poco en paisajes. Y así hasta empezar de nuevo en cada instante, en cada eterno ahora. Pero esta soledad, amable y dulce, me resulta extraña y deseo que sea pasajera. En las trincheras de las relaciones la vida se vive y percibe con más pasión, con más realidad, siempre que la relación esté viva, sea sincera y arrastre un halo inequívoco de compromiso. Cuando realmente te comprometes con algo o con alguien hay una fuerza mayor que te arrastra y una energía que somete todo cuanto ocurre. Vivir en relación es como cerrar los ojos y empezar a ver una dimensión desconocida, un proceso en que de repente nos vemos fluir como el agua que corre desde las cimas de las montañas nevadas hasta el cálido valle. La manta, la cama, la cabaña, el bosque de abedules y robles, los prados… Soy todo eso cada vez que cierro los ojos y veo… Soy todo aquello que habito cuando el halo se apodera del ser vehicular. Soy vida, fuerza y éter. También un leve instante con deseos de expresar amistad hacia el mundo. Amor hacia la tierra doliente.

Gracias de corazón por apoyar esta escritura…

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