De pavos bizcos y autores muertos, por decir algo


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Esta mañana pelando los palos del tejado… Con todo lo que tengo por delante y yo pelando palos…

Suena el teléfono de la empresa pero no contesto. Insisten y descuelgo mientras pongo una lavadora. Es Mari Cruz, de la librería Bohindra de Madrid, para dar gracias por el donativo de libros. Termino la lavadora y hago una docena de paquetes para que mañana salgan todos puntuales. Algunos no llegarán. El servicio de Correos es un desastre. Así que siempre me toca regalar libros. Es lo hermoso del don. Cuando haces algo desde el don, te gusta regalarlo, por eso de dar gratis lo que gratis habéis recibido. Me ducho mientras pienso en ello. Compruebo que llegaron los sobres y el tóner para la impresora. También el nuevo sello para el proyecto. Todo en orden. Meriendo y sigo con mis cosas.

No sé por dónde empezar. La casa está sin tejado y media España se está inundando. Los brotes de listeria no me preocupan, soy vegetariano. Pero sí el agua. Aquí el tiempo nos da una tregua hasta el domingo, pero para entonces, llegarán las lluvias. En Galicia es imposible poner fechas ni compromisos. La persona que tenía que venir a poner los palos está desaparecida. Sin los palos puestos, nosotros no podemos seguir la obra. Así que me temo lo peor para los próximos días. El plan B será evitar que la casa se inunde de agua y se eche a perder todos los suelos de madera, el equipo electrónico y todo lo que ahora está al descubierto. La gota fría más devastadora de los últimos tiempos, dicen los titulares. Y nosotros sin tejado, y en Galicia. Parece el fin del mundo. Los partidos ni siquiera se ponen de acuerdo. Habrá elecciones y votaré a Sánchez, por terco. Me gusta la gente terca, empecinada. Pienso en la listeria. Hice bien en envolverme de muy joven de sensibilidad hacia los animales. La naturaleza ya empieza a mirarnos como si fuéramos una plaga, y pronto reaccionará brutalmente.

Las fechas de la defensa de la tesis doctoral se acercan. Debería estar preparando al menos la presentación. Me tocará hacerlo en algún lugar inhóspito y silencioso. He reservado una habitación en Escocia, en mi querida Findhorn. Pero me doy cuenta de que no me puedo marchar muy lejos ya que hemos quedado tan sólo tres personas, de las cuales una de ellas empezará a estudiar el próximo lunes y la otra está inhabilitada por un accidente de moto. Dicho así, me quedo solo ante el peligro, ante el tejado, la lluvia y ante todo lo que se presenta. Y aún no he contestado la entrevista para el grupo Vocento. Ni siquiera sé qué decir. Cuando me llaman para alguna entrevista ya no sé ni qué contar. Lo primero que les pregunto es si es para radio, televisión o prensa. Y según me digan me escaqueo o les digo que me envíen un cuestionario que contesto cuando puedo. Intento ser cortés con la prensa pero cada vez me cuesta más. Y al blog le falta una persona para ser cinco mil seguidores. Al que haga cinco mil le regalaré un lote de libros, para celebrarlo. De los cinco mil, me pregunto cuántos tendrán la paciencia de leer estas letras, que ahora nacen desde el caos más absoluto.

A Emilio le debo un capítulo de nuestro libro y llevo semanas sin dar señales de vida. “La gestión del misterio” era el título original del mismo, pero alguien me dijo de forma muy inspiradora que el misterio no se puede gestionar, a lo sumo, se puede habitar, morar. Es un tema complejo, pero el interés del mismo era sobre cómo el ser humano había gestionado el misterio a lo largo del tiempo, desde las primeras creencias animistas hasta nuestros días, ya fuera en templos consagrados o en pleno contacto con la naturaleza. No sé cuándo escribiré el próximo capítulo, porque mientras escribo esto me acabo de acordar que tengo que encerrar las gallinas, los pavos y los patos. También comprar una bomba de agua para que el estanque esté limpio y los peces y los patos puedan convivir en pura agua limpia.

Miro la hora y veo que ya no me da tiempo a terminar de maquetar ningún otro libro de la editorial. Tengo cinco trabajos urgentes que debería haber entregado hace un mes y al menos una veintena programados para lo que queda de año. Inabarcable. Mi sueño es editar tan sólo cinco o diez libros al año y a poder ser de autores muertos y consagrados. Tengo que hacer cuentas para ver si se puede vivir de ello. Los vivos dan mucho trabajo, son exigentes y a veces uno se queda exhausto a la hora de gestionar el ego de tantos artistas que desean ingenuamente vivir de los libros, o ver su obra entre los primeros o no se sabe muy bien qué. Es agotador. Por eso el año que viene me centraré en los muertos, dejando los vivos para mejor vida. El único aliciente a todo esto son los vivos generosos, inadaptados o desapegados de su obra. Con esos me casaría de por vida, porque son como los muertos, no hacen ruido y suelen ser extremadamente generosos, que es la única forma de sobrevivir en estos tiempos de decadencia editorial.

Hemos conseguido que un mecenas nos financie la construcción de la escuela. Esto me añade una carga de trabajo porque tengo que empezar a pensar en cómo será la escuela, como explicárselo a nuestro arquitecto, que es italiano y no habla español, pero sabe mejor que nadie lo que queremos construir. En octubre viajo a Inglaterra y Escocia para ver modelos de escuelas de consciencia diferentes y buscar inspiración a la que añadir a nuestro modelo de búsqueda de dones y talentos dentro de un marco de nueva consciencia y nuevo paradigma rompedor, demoledor, diría. El proyecto de escuela es ambicioso y cuando pienso en él me acuerdo de nuevo de los patos y las gallinas y los pavos. Los peces están bien, de momento, pero el otro día me marché de viaje al mediodía y un pavo murió en las garras de algún zorro. Sobrevivió la pava bizca, que sólo ve por un ojo. Pobre pavo y pobre pava que se quedó sola y exhausta, triste y desamparada. Ayer compramos otro pavo para que la bizca no se sintiera sola.

Hay alguien haciendo la experiencia de 21 días y al salir no quiero hacer mucho ruido. El silencio ahora es importante para ella. Pobre, menuda semana ha elegido para empezar algo tan importante como es la búsqueda de visión y propósito. La casa sin tejado, todo caótico, advenimiento de próxima inundación, un accidentado, el resto que se va ante la inminencia del frío, la joven estudiante que cuidaremos con cariño para que logre bucear en sus dones… Espero que Geo tenga comida, y los gatitos. Tengo que mirarlo cuando vaya a ver al resto. Y que no les falte agua. Eso es importante.

La calefacción para la casa llega a un presupuesto de casi veinte mil euros. Le he pedido al instalador que lo ajuste a la mitad, y aún así es demasiado. Pero vamos a hacer lo indecible para intentar tener calefacción este invierno. Y también tejado nuevo, a pesar de las lluvias que se avecinan y a pesar de que el constructor no se sabe cuando pondrá los palos. Bueno, me voy a encerrar a los bichos antes de que venga el zorro y se meriende algún pato, pavo o gallina. Los peces están bien, seguro. Yo también, a pesar de todo. De nuevo tengo coche gracias a un trueque mínimo y a pesar de que me duele la espalda por las obras del tejado, estoy bien. Y escribo, y me desahogo, y me dejo mil cosas que contar, pero es que aún no tenemos presidente, ni se le espera. Y llueve. Y ahí está la listeria, dando avisos. Menos mal que soy vegetariano desde los 16 años, bueno, galletariano para los amigos. Un abrazo a todos, feliz noche. Soñad bonito y bien.

Ah!!! Y gracias de corazón por apoyar esta escritura…

no sólo de letras vive el hombre… 

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3 respuestas a “De pavos bizcos y autores muertos, por decir algo

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