No desfallezcas


a

“Creo que si un hombre se enriquece espiritualmente, el mundo entero se enriquece con él y que si desfallece, el mundo entero desfallece en la misma medida”. Gandhi

El fuego de la comunidad y la cooperación iluminaron nuestras almas en el silencio que habita dentro de la pequeña ermita. Adoptamos, en las canciones, los signos que nos dictan nuestras queridas montañas plagadas de peregrinos ángeles que visten a la usanza etérica. Bajo los auspicios del yoga, cada gesto era la más elevada medida de simplicidad. Mientras miraba cómo las criaturas mañaneras despertaban tras el rocío, los árboles y las montañas, recibía un emotivo mensaje desde Latinoamérica. Vero, que estuvo un mes entre nosotros, quedó enamorada de nuestro proyecto y desea crear uno en su país, Uruguay. Un “ocousito” donde la gente tenga un hogar y un plato de comida material, pero también un sentir espiritual dónde poder acercarse como una lluvia que cae suave sobre los rostros que ansían beber de las nuevas fuentes, un lugar dónde sentir la vida en toda su plenitud y anchura, desde lo simple, desde la raíz de la más profunda consciencia.

Me alegra saber que nuestro pequeño y humilde proyecto sirve de inspiración a otros, porque ese siempre ha sido su sentir y su propósito. Si la fundación tuviera recursos suficientes estoy convencido de que de alguna forma impulsaría la creación de más proyectos en nuevas tierras para expandir la nueva buena, la consciencia de unidad, de fraternidad humana, de amor cooperativo. Una multiplicación exponencial del néctar y el aroma que inevitablemente debe renacer en la tierra ahora doliente. Una multitud de obras de buena voluntad donde el servicio y el amor incondicional, el aprendizaje y la belleza se instalen irremediablemente dentro de nosotros.

Este tipo de mensajes me llenan el alma de ilusión y convicción, de fe y esperanza. Especialmente hoy que ya, por fin, hemos terminado la parte más peligrosa del tejado. Nos dimos de plazo cuatro días de arriesgado trabajo y esta mañana, ante la baja de algunos voluntarios, afronté solo desde arriba la parte más osada mientras que recibía apoyo logístico desde abajo, y también, por qué no decirlo, desde arriba, más arriba, en la aurora. Misión cumplida.

Ahora a esperar a que algún especialista nos ponga los grandes palos que harán de vigas y el resto, lo haremos nosotros, que ya casi somos especialistas en tejados y alturas, como lo fue el pequeño de Asís, que se hizo grande reconstruyendo su pequeña Porciúncula, su Santa María de los Ángeles, su humilde atalaya desde la que divisar los cielos, abrazarlos, inspirarlos atómicamente hasta lo más profundo del ser mientras se repetía una y otra vez las evangélicas palabras: “Id… anunciad que el reino de los cielos está cerca, no llevéis oro ni plata, ni alforjas… no os preocupéis por el mañana… gratuitamente habéis recibido, dad gratuitamente… al entrar en las casas decid: ¡Paz, paz!” Y eso hacemos, dar gratuitamente lo que gratuitamente hemos recibido que no es más que la paz, una paz profunda, una paz que anuncia el nuevo mundo.

Eso pensaba desde los tejados, y tras el duro día bajo el sol bajé andando los cinco kilómetros que nos separan del pueblo y de mi pequeña oficina, que hace de sede editorial y refugio improvisado cuando se requiere algún instante de quietud y silencio entre libros. Hoy dormiré aquí para avanzar trabajo en la editorial y mañana toca viaje al valle del Tiétar, un lugar que se está revitalizando espiritualmente gracias a varios importantes proyectos que hay en la zona. Y allí gritaré en silencio ese ¡paz, paz!, mientras recuerdo el fuego que ilumina nuestras almas.

Bajaba caminando bajo el sol de verano y los aún prados verdes y bosques que dan sombra, y sentía como una sólida e indivisible semilla estaba creciendo desde una expansión de elementos que se aglutinan en un marco invisible pero real. Interiormente siento que ya no hay vacilación ni deseo de desfallecer. Hay algún tipo de claridad, de convicción que se mece ante la presencia de algo mayor a nosotros. Un deseo irremediablemente de enriquecernos espiritualmente para así, hacer enriquecer a toda la tierra. No hay tiempo para desfallecer, solo para trabajar amablemente en la gran Obra, en esa que se construye silenciosamente bajo los auspicios del más sublime misterio.

Gracias de corazón por apoyar esta escritura…

donar

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s