Por el sendero áspero, se llega a las estrellas


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© Matin Maradona

Per aspera ad astra era una frase de Séneca que solía utilizar Paracelso para recordarnos lo difícil de cualquier empresa, especialmente si ésta tenía que ver con cosas del espíritu, es decir, sobre aquellas cosas que nos elevan de alguna forma de nuestra condición más humana. Las estrellas siempre han estado ahí, en esa reconocida y mística bóveda celeste que nos inspira fuerzas para seguir adelante, y sobre todo, para adentrarnos en los ásperos caminos del avance interior, del misterio, del interrogante. Estos meses han sido precisamente eso, un áspero camino, pero que ha servido para elevar aún más nuestra mirada hacia las estrellas.

En el camino Cátaro hubo un cambio en la perspectiva. Supongo que marcó el inicio de algo que aún no sé identificar, pero que en los próximos tiempos se va a desplegar de forma intensa. En estos meses conseguimos apoyos para terminar el tejado que queda de la casa de acogida, el cual empezaremos mañana mismo. Así que temprano, tras el desayuno y el círculo de consciencia, subiremos de nuevo a las alturas para seguir adelante. Si el dinero nos da, también intentaremos poner la calefacción central en la casa de acogida. Se está preparando un encuentro para Navidad y será hermoso que se pueda hacer de forma cálida. Ya tenemos los primeros bocetos de la futura escuela, llegados desde una comunidad de ética viviente, realizados por un arquitecto italiano que sabe desde lo profundo en qué consiste todo esto. Sentimos una gran emoción cuando estos días pudimos abrir el claro de la futura escuela. Parece como si la locomotora, que ha tardado cinco años en empezar a caminar, ahora empezara a coger cierto ritmo y velocidad.

Se presentan unos meses agitados, de muchos cambios. Hoy ya es septiembre y eso me anima, me gusta llegar al otoño con nuevas visiones, con ganas de cerrar ciclos pasados y poder así abrir ciclos futuros. Acaricio la soledad con cierto optimismo. Llegan seres amables, que se acercan con curiosidad, pero esquivo con cuidado, para no dañar, de forma desapegada. Sigo con deseos de disfrutar de este yermo aislamiento emocional. A veces tengo sueños que me recuerdan tiempos pasados, pero ahora los abrazo con dulzura, con amor, con desapego. La rabia ya está diluida, el amor llena todos esos huecos que hasta hace poco se llenaban de parches y huidas. La soledad también puede ser un tesoro. Eso decía el poeta. Mi tesoro es paradójico porque casi no me queda tiempo para disfrutar de la misma. Ni para pensarla. Ni para sentirla.

Estoy en el sendero áspero, pero ahora puedo ver las estrellas con mayor definición, con mayor claridad. Quiero decir que el empeño en seguir adelante, a pesar de todos los sacrificios sufridos, está mereciendo la pena. Ya no me importa la gente que se marcha, la gente que se ofende, que se enfada, que me anula para siempre. Ahora me importa más la gente que vuelve, la gente que abraza a pesar de todo, la gente que es capaz de reconciliar lo humano, la gente capaz de olvidar el pasado y trascender la miseria humana para alcanzar esas estrellas. Esta última semana ha sido una semana inolvidable, precisamente por todos esos que han vuelto a pesar de lo áspero del camino, y han tenido capacidad de abrazar con amor infinito, incondicional, hermoso y amable. Gracias de corazón por volver a esta increíble casa que siempre acoge, a pesar de todo.

  • Gracias de corazón por apoyar esta escritura…

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