Kénosis. De la hoguera o el exilio


cremats

Ayer tarde en el Camp dels Cremats

Si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven y sígueme. (Mateo 19:21).

El 16 de marzo de 1244 más de 200 cátaros que no renegaron de su fe fueron arrojados a una enorme pira en Montsegur donde fueron quemados vivos hasta morir entre las llamas. Ayer a las seis de la tarde llegamos por fin a Montsegur tras una larga e intensa jornada de subidas y bajadas infinitas, de paisajes hermosos entre collados y gargantas llenas de historia y temblor, tras más de doscientos kilómetros surcando las montañas pirenaicas a pie. Tomamos un refresco al llegar por fin al pueblo y cada uno a su ritmo, hizo el último gran esfuerzo. El Camp dels Cremats y el castillo aguardaban arriba en la cima. Decidí subirlo en solitario, dejando ventaja a mi compañero y así intentando bucear dentro de mí las sensaciones que me producían ese lugar.

Subiendo la empinada cuesta que separa el hermoso pueblecito francés de la colina y el castillo me hacía una pregunta: “¿era de los que ardían en la hoguera o era de los que prendían la mecha?” Al llegar al Camp dels Cremats la propia pregunta me estremecía. Sentí que era quizás de un tercer grupo, de aquel que escapaba de ambas barbaries y se adentraba en los bosques, hacia el exilio, dirección el mediodía. El exilio y la herejía siempre me han perseguido, así que descartaba ser de los que encendían la mecha. Pero tampoco me sentía con fuerza y voluntad para ser de los que anhelaban, en nombre de la fe, ser quemado vivo. Mi pureza, mi perfección, no es tal. Por eso el exilio me atrae más que el fuego purificador.

A pesar de ello, sin duda la fe me persigue y sigo buscando la perfección, o al menos, el perfeccionamiento, que no es otra cosa que entregar tu vida a una causa mayor, dejando que tu pequeña voluntad se disipe, arda en la hoguera purificadora. No llegué a ese lugar, tras nueve noches a la intemperie y ocho días de constante caminata de luz a luz si no hubiera sido por fe. Mi cuerpo físico no tenía apetencia ni fuerza suficiente, pero mi espíritu me empujaba a seguir para comprender, a pesar de mis errores e imperfecciones, desde dentro, el profundo sentir de los tiempos, de la herejía, del pensar y creer diferente. De nuevo me vino el pensamiento radical por lo que aquellos hombres y mujeres perfectos, vegetarianos, extraños de su tiempo, fueron quemados: “No podéis servir a dos amos, a Dios y al Dinero” (Mateo 6:24). Esta frase es lapidaria y encierra un significado profundo. Los cátaros, en su purismo, conocían bien sus secretos, por ello se convirtieron en los mártires del puro amor cristiano y se alejaron convencidos de la epidérmica y corrupta espiritualidad de aquellos tiempos.

Existe un cierto paralelismo entre lo que ocurrió hace mil años y lo que ocurre ahora. La epidérmica espiritualidad está de moda y requiere de cierto purismo, de cierta vuelta a los orígenes. Ese purismo está intentando abrirse camino en los nuevos tiempos bajo el prisma profundo de lo que en teología se llama la kénosis, el vaciamiento interior para así poder llenarnos de algo diferente a nosotros mismos. En términos profundos, es el vaciamiento de la propia voluntad para llegar a ser completamente receptivos a una voluntad superior a la nuestra. Estamos hablando del desapego total que practicaban los cátaros. Desapego a los bienes terrenales, a los deseos, a los lugares, a la propia vida. Un desapego que pocos entienden, pocos practican, pocos llevan al extremo. “Hágase tu voluntad y no la mía”. Y si la voluntad es seguir ardiendo siglo tras siglo, que así sea. De todas formas, siempre nos quedará el exilio, siempre nos quedará el seguir practicando los caminos hasta que nuestra pequeña voluntad arda y deje paso a esa gestión del Misterio que ahonda en nosotros.

Pasamos la noche a los pies de Montsegur, de su historia y de su mensaje. Dentro de mí se abrió un silencio. También una llama. Muy temprano alguien nos recogió de los caminos entre la lluvia. Llegamos temprano a Barcelona. Algo de mí ha muerto. Una llama se ha prendido. Un fuego lapidario se abre en las brechas del camino. Seguimos peregrinando. Seguimos buscando el perfeccionamiento y la pureza, cueste lo que cueste, llama tras llama.

  • Gracias de corazón por apoyar esta escritura…

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2 respuestas a “Kénosis. De la hoguera o el exilio

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