Lo hermoso de ser útil


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Quiero dar las gracias a este hermoso ser que vino desde Uruguay y ha estado todo un mes con nosotros, siendo ejemplo de honestidad, responsabilidad y compromiso. Gracias querida Vero por todo lo que has dado y gracias por tu ejemplo y entrega. Feliz viaje de vuelta… 

Escribir es una forma de recolectar experiencias sociales, humanas, personales. Compartir emociones, expresar ideas, atreverse a desnudarse ante el mundo bajo la atenta mirada del criticón, del inconformista, del cotilla, del hacedor de males, de los que imaginan, de los que indagan, de los que intentan penetrarte, incluso de aquellos que te odian tanto que te leen para ver de qué manera pueden odiarte más. Como decía Pirandello, es una forma de correr hacia la locura, de intentar bajo una argumentación que a veces roza el paroxismo, contar cosas que simplemente son eso, cosas.

La vehemencia puede ser estúpida si uno se toma la vida excesivamente en serio. No sé por qué darle tanta importancia a cosas y hechos que no la tienen. Al fin y al cabo, escribir es solo eso, escribir, no tiene mayor importancia. Ni siquiera escribo para que me lean, ni para que hagan de esta escritura un uso oscuro y pueril. Sólo lo hago porque me gusta, y porque a veces, en muy contadas ocasiones, la lucidez me atraviesa por dentro y soy capaz de compartir algo bueno. Lo demás son solo adornos, vómitos emocionales que atosigan al desesperado, al aburrido o al que protesta constantemente ante la infelicidad de sus vidas.

Pero a veces, y eso es lo que me motiva desde hace más de diez años, pienso que esta escritura puede ser útil. Y entonces lo veo como un medio de servicio, de apoyo mutuo, de cooperación, de acompañamiento al otro en su soledad, en su duda, en su desesperación. Ser útil es algo que a todos nos gusta. Ser útil a uno mismo, ser útil a los demás. Dicho de otra forma, a nadie le gusta ser un inútil, o algo peor, un auténtico inútil. De pequeño siempre había un mantra que se repetía por mi peculiaridad débil y trasnochada: eres un inútil, me decían unos y otros. En la familia, en el colegio, en la calle jugando al balón. La inutilidad es algo que te marca de por vida, por eso, ya de mayor, uno siempre intenta hacer las cosas lo mejor que puede. Ser útil, ser un verdadero ser completo y ventajoso en cuanto a esa visión de servicio.

A pesar de que esta ha sido unas de las semanas más duras de este verano por no saber encajar aún del todo los abusos de unos y de otros, puedo decir que por dentro me siento sanamente feliz. La parte tosca y tóxica de aquello que durante meses me ha atormentado se diluyó como un azucarillo lo hace a intervalos. Las interpretaciones delirantes de unos y otros que necesitan justificar sus actos a golpe de culpabilidad se convirtieron en un mantillo suave, inofensivo. Aún me siguen llegando ecos, críticas y recelos. Pero estoy aprendiendo a no darles poder, estoy aprendiendo a levantarme sobre los mismos y mirarlos con la grandeza de aquel que se levantó del lado inútil de la vida y alzó su mirada hacia el poder de ser válido, de hacer cosas buenas, de intentar ayudar a unos y a otros sin buscar recompensa alguna.

Por eso pienso que escribir debería ser un acto heroico de obligado cumplimiento. Todos deberíamos tener la capacidad de hablar, de contar las cosas, de compartir aquello en lo que dudamos, aquello que nos aflige o desalienta. Lo rígido, lo repetitivo y lo mecánico conforma gran parte de nuestra sociedad. Por eso cuando algo resulta excesivamente diferente, inteligente o lúcido puede llegar a dar miedo. Y ante el miedo uno siempre reacciona de forma brusca y alarmante. Tengo miedo y por lo tanto hago daño.

Los lúcidos tienden a callar, por eso me gusta abrazar a las personas inteligentes. Por norma son seres angélicos, silenciosos, sigilosos, como esos que vemos en los museos y que en silencio disfrutan del arte y la cultura que los embriaga. La misma postura tienen en los templos, donde miran maravillados la paz que otorga aquello que intentan albergar, siempre de forma torpe, un símil del Misterio. Los lúcidos no tienen miedo, navegan en sus mundos y transforman su vida en algo útil… útil para sí mismos, útil para los que los rodean, útil para el universo… A eso lo llaman servicio… Transitar al otro lado en paz, donde la noche espera, donde la vida nos rodea y envuelve. El sol pronto llamará a nuestras puertas de nuevo, embriagado de luz… Y allí nos veremos en el templo silencioso, en el callar de una vela y la sonrisa de una canción… en el vasto campo de la experiencia que nos guiará hacia la utilidad más absoluta, la de ser humanamente amantes de la vida, amantes de todo cuanto nos rodea, humanamente agradecidos por todo cuanto la existencia nos regala… como esos rayos que mañana iluminarán el nuevo día… hasta mañana pues…

  • Gracias de corazón por apoyar esta escritura…

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2 respuestas a “Lo hermoso de ser útil

    • gracias de corazón por tus sentidas palabras… aún no soy sabio, pero algún día aspiro a saber algo sobre el misterio cósmico en el que vivimos, la magia de esta realidad y el sentir compartido…

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