Deseoso de estar vivo


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© Giuseppe Antonio Valletta

Los días son largos pero se me hacen muy cortos. Las mañanas empezamos con los rituales propios de la comunidad. Me suelo levantar perezoso a eso de las siete debido a que suelo acostarme tarde. Siempre arrastro alguna hora de sueño, por eso, cuando me invitaron a pasar el fin de semana en la playa de Viveiro el sábado me quedé muy maleducadamente dormido hasta las dos de la tarde. Me relajé tanto que al desconectar el despertador no fui capaz de levantarme hasta que mi hermosa anfitriona, delicada y dulce, me despertó con esa suavidad propia de las almas bellas, invitándome a comer alguna cosa que ella misma había preparado durante la mañana. Cuando desperté aprecié el regalo, y di las gracias por haberme permitido recuperar algo de ese cansancio acumulado. El cuidador cuidado, una sensación sin igual.

Las tardes las dedico a trabajar en la editorial. Al menos aquellas tardes en las que el día no se complica excesivamente. Hay momentos en los que hay que ir a comprar cientos de cosas para dar de comer a decenas de personas. Desayuno, almuerzo, merienda y cena. Si son veinte hay que multiplicarlo todo por veinte. Si son treinta, por treinta. Treinta piezas de fruta por día, treinta raciones de esto y de lo otro. A veces ni siquiera sabemos cómo podemos lograr multiplicar los peces y los panes, especialmente ante esta hermosa economía del don donde cada cual aporta lo que puede, y muchas veces, ese aporte siempre es simbólico. Por eso me esfuerzo doblemente en que la editorial vaya bien. Es el aporte vitamínico para que el proyecto nunca falle, para que todo esté siempre en armonía y nunca falte pan en la mesa. Es importante tener esa concentración presente.

Ir y venir una y otra vez a por gente a pesar de que estamos reduciendo el servicio de taxi gratuito que durante estos cinco años hemos ofrecido de forma generosa. Ni siquiera sé como puedo sostener este ritmo de vida, especialmente cuando miro las cuentas de la editorial y veo con cierto espanto que la cuenta de resultados es cinco veces menor que la del año pasado, que ya fue un año dramático. He tenido la fortuna de reducir mi deuda bastante en este primer semestre, pero no lo suficiente. Así que ahora debo seguir buscando fórmulas firmes e inteligentes para seguir en este modo de supervivencia. La vida de un empresario, por pequeño que sea, se asemeja a la vida de un guerrero. Nunca sabe si va a ganar o a perder, pero ahí está, firme en la batalla. Y el año pasado fue de pérdida total de casi todo. Otra vez. Y este año, veremos a ver como termina.

Lo bueno es que al no tener pareja tengo más tiempo para casi todo. Las emociones van a un ritmo tranquilo, los encuentros fortuitos con almas libres y hermosas no requieren un exceso de compromiso e interiormente no siento ningún deseo por entablar, al menos de momento, ningún tipo de relación que consuma un exceso de casi todo. Estoy bien así, a mi aire, a mis anchas. Ni siquiera observo dentro de mí una pizca de tristeza, melancolía o drama por el hecho de estar solo. Ni siquiera esa amanida soledad. Especialmente ahora que ando en esta fiesta tan llena de gente, tan agotadora por tener que ordenar una y otra vez los antojadizos destinos.

Lo asombroso es que la vida no espera. Todo sigue en su drama, en su belleza profunda, en su misterio. Este invierno promete mucha soledad. Ahora que ha habido estampida en el proyecto por eso de que la coherencia no gusta a todos por igual, quizás me quede estar solo de guardián en esas hermosas cuatro hectáreas de bosque, cuidando de las gallinas, de los gatos, de los peces y del amigo Geo. Será un invierno largo pero necesario para poder ordenar tantos y tantos acontecimientos acumulados. También será un buen momento para seguir imaginando mundos posibles. La tarea de crear el nuevo mundo es compleja. Imaginarlo, crear la visión para que otros se inspiren con nuevos y diferentes estímulos es una labor grata. El tiempo se agota, todo es finito. Me siento feliz por estar vivo y me siento agradecido por estar totalmente sano y deseoso de vivir. Siempre agradecido, a pesar de todo. Siempre amando la oportunidad que nos brinda el poder respirar.

  • Gracias de corazón por apoyar esta escritura…

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3 respuestas a “Deseoso de estar vivo

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