Construir utopías


 

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Esta mañana feliz construyendo un estanque para Willy

Me hizo muy feliz la visita de esta semana de Manu y su familia. Nos habíamos conocido en aquellos años locos de carrera donde casualmente él, venido desde Euskadi y yo, de Barcelona, coincidimos en un mar de olivos en el sur del país. Nos hicimos uña y carne durante tres años inolvidables. A pesar del tiempo transcurrido el amor y el cariño permanecen intactos. Son de esas personas que te aceptan, que no te juzgan, que te aman incondicionalmente y viceversa. Hay seres que llegan a nuestras vidas para quedarse. Ayer su pareja lloraba mientras nos abrazábamos en la despedida. Sentía ese amor extraño hacia seres que de alguna forma sientes que son parte de algún tipo de familia, o de algún tipo de reminiscencia pasada, de otros tiempos pletóricos. Como si en otras vidas hubiéramos sido aliados y hubiéramos construido otros edificios, otros templos, otras utopías.

Hoy cogía la paleta de albañil y me ponía manos a la obra. Hacía tiempo que no mezclaba cemento y arena. Disfruté mucho con Joan mientras construíamos el nuevo estanque para los peces. Nos sentimos tan empujados a soñar que pensamos que, si éramos capaces de hacer el estanque, cuando terminemos de acondicionar la casa de acogida, seremos capaces de construir con nuestras manos la futura escuela de dones y talentos. Había una cierta emoción en el ambiente mientras poníamos cemento. Sentíamos que realmente no estábamos construyendo un pequeño estanque para peces de colores, sino algo más grande, algo más hermoso y profundo.

Nos dimos cuenta de que realmente estábamos construyendo una hermosa utopía, algo atemporal, algo venido de otras dimensiones. Hoy un estanque, mañana una cabaña, pasado una huerta con forma de mandala… Pequeños hitos que vamos haciendo mientras decenas de personas se acercan para ver qué está ocurriendo, qué se está creando, qué es eso que a todos nos conmueve por dentro y por fuera.

Mientras ponía cemento recordaba las lágrimas de mis amigos. Había una emoción extraña, la misma que sentíamos hoy en el círculo de consciencia. Cinco años haciendo lo mismo y sintiendo la misma emoción. En la meditación, en los cantos devocionales, en el yoga matutino. En el desayuno, en los círculos, en el compartir.

Los peces, mientras construimos su nuevo hogar, están a salvo en la cabaña. De nuevo reconstruyendo la triada simbólica. Willy, el gran pez, sobrevivió a todos los avatares que este último mes había sufrido. Por un momento pensé que lo expulsarían, que se marcharía para siempre, y simbólicamente, pensé que yo tendría que marcharme también. Pero entendí algo muy profundo, algo que hace doce años me recordaron en la comunidad de Findhorn, en Escocia: el proyecto está dentro del corazón. Si yo me marchaba, el proyecto desaparecería, al menos hasta que el proyecto esté también dentro del corazón de la gente que tendrá que soportarlo en el futuro. Gente que respetará su esencia, su intención, su labrado nacimiento en el corazón.
Por eso cuando vienen los aliados y se alinean con ese latir, siento una gran paz interior, una gran serenidad. La misma que siento cuando las piedras del camino se marchan y desaparecen. Hay mucho por hacer, y siento que hay que seguir construyendo la utopía, cueste lo que cueste. Gracia a todos los que la hacen posible…

  • Gracias de corazón por apoyar esta escritura…

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