Cuando os hablo de mí, os hablo de vosotros


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© William Smith

«Cuando les hablo de mí, les hablo de ustedes.
¿Cómo no se dan cuenta?»   Victor Hugo

Más allá de la escritura, herramienta que suelo utilizar para cierto desahogo intelectual, emocional o visceral, no me gusta habla de mí. Soy por naturaleza reservado, callado, tímido. No suelo exprimir la sien con grandes conversaciones excepto con aquellos que me conocen desde hace muchos años y ya no hay forma de engañarlos. Desde hace una semana estoy aprendiendo a hablar claramente y con transparencia con desconocidos. Desconocidos son todos aquellos a los que aún no he abierto el corazón, no importa si llevan años viviendo con uno o más de una vida intentando acercar posturas irreconciliables. Ahora ando descubriendo eso tan lejano en mí como es lo de luchar por cada segundo de vida, por exigir lo que a uno en justicia le pertenece o eso no tan claro de aprender a decir no, esa palabra que a veces uno intenta dulcificar con exceso de excusas para no dañar los corazones rotos.

Uno se hace fuerte con la experiencia, con las pruebas de la vida. Ya no siento una especial infelicidad, empiezo a disfrutar del mundo en el que estoy viviendo, el mejor de los mundos posibles, el mejor de los regalos. Y me doy cuenta de que todo, los paisajes, los escenarios, las personas, son como puentes que se dibujan en una realidad que sirve para aprender, para avanzar, para hacernos mejores. Una realidad que se teje en sueños y que nunca sabemos nada sobre su misteriosa naturaleza.

Por eso, de alguna manera, cuando hablo de mí y de mis cosas, realmente estoy hablando del otro, de aquello que circunda mi realidad y la compone. Lo decía Víctor Hugo y no se equivocaba. Lo decían también en la Polinesia con aquello de que soy otro tú, y por lo tanto, cuando hablo de mí, estoy hablando de ti, y algo dentro se refleja, algo dentro palpita cuando subo escarpadas cumbres o cuando bajo diáfano hasta los valles y puedo contarlo con felicidad o amargura, con delicadeza o arrebatamiento.

Últimamente no tengo mucho que contar porque estoy bien. Quiero decir que ocurren cientos de cosas como suele siempre ocurrir en la vida de aquellos que se exponen excesivamente, pero ahora ya no me afectan como antes. No es que sienta que esté por encima del bien o del mal, pero sí observo los acontecimientos con cierto desapego. Miro todo lo que pasa con distancia, sufro menos y por lo tanto puedo dedicar más tiempo a la contemplación, a la búsqueda de la felicidad en las cosas sencillas. En lo sencillo descubro lo verdadero, y en lo complejo descubro la síntesis, la fórmula maestra para salir de cualquier laberinto.

Ya no tengo miedo a la oscuridad humana, solo intento ver luz allí donde otros ven sombras. Y ahora veo luz en todo, incluso en lo grotesco, en la huida, en la miseria, en la ignorancia. Incluso puedo ver luz en mis propias sombras, que no son más que el reflejo de las sombras que todos tenemos. Y esta visión me reconforta, me reconcilia, me anima. Por eso, cuando os hablo de mí, os hablo de vosotros.

  • Gracias de corazón por apoyar esta escritura…

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2 respuestas a “Cuando os hablo de mí, os hablo de vosotros

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