Qué valiente te ves temblando de miedo


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© Ilias Varelas 

“Qué valiente te ves temblando de miedo, pero arriesgándote a vivirlo” J. Guerrero

Me estoy acostumbrando a perder. A perder amores, a perder amigos, a perder cosas, muchas cosas, a perder dinero, a perder honores, a perder credibilidad, a perder verdades, a perder cariño, sensibilidad, orgullo, a perder, sobre todo, vida, mucha vida. Cada vez me cuesta menos perder. Miro las pérdidas y veo que son siempre mayores que las ganancias. Intento preguntarme por qué algo que debería multiplicar, cualquier cosa, últimamente está entrando en receso. Quizás tenga que ver con esa arriesgada mirada hacia la vida, con esa necesidad de vivirla en toda su profundidad manifiesta. Realmente tiemblo de miedo cuando me tengo que enfrentar a tanta pérdida. Una tras otra, acumuladas en una montaña que cada vez se hace más pesada, más tremenda y temeraria. Hay personas que tienen la facilidad de multiplicar y otras que tenemos la facilidad de perder. Hay magos de la pérdida, auténticos aventajados del quebranto, de la merma, hay valientes que arriesgan tanto que tiemblan de miedo.

Así me encuentro ahora, con necesidad de seguir arriesgando vida, a sabiendas, y lo digo temblando de miedo, que habrá muchas más posibilidades de pérdida que de ganancia. Pero lo intento una y otra vez, me tiro al fango, disfruto de la suciedad que cualquier camino acumula en las botas. Produzco sueños imposibles e intento avanzar hacia ellos. Sí, seguramente todo será pérdida, pero qué gran ganancia supone el haberlo intentando, una y otra vez, sin miedo a perderlo todo. Intentar cosas una y otra vez es fracasar una y otra vez, pero el fracaso encierra siempre algo de verdad, algo de ternura, algo de ganancia. Uno puede temblar de miedo, pero no dejar de intentarlo. Y si lo intenta es porque guarda interiormente la fe y la esperanza de que pueda ocurrir algo milagroso, algo diferente, algún tipo de conquista interior.

La valentía consiste en eso, en ser osados, en arriesgar, aunque por dentro sientas auténtico pavor. Es mirar el horizonte, otear el destino sintiendo la vida recorrer nuestro interior más profundo. Uno nunca sabe cuando será la hora de la extinción. Hacemos planes con cierto optimismo, como si en verdad fuéramos eternos y la partida en la que nos encontramos fuera a durar toda la existencia. Pero los valientes que por dentro tiemblan saben que en cualquier momento puede llegar el final. El final de todo, o el final de algo. En eso consiste la pérdida, en terminar algo, en acabar algo, en arrodillarnos, cuanto más crecemos hacia lo alto, con humilde inclinación.

Es la enseñanza del bambú. Cuanto más crece, mayor es su inclinación humilde. Uno puede crecer y acometer retos, pero mayor deberá ser su humildad para que los vientos no terminen por quebrar la obra. De ahí el miedo valiente, de ahí la osada predisposición a seguir adelante. Sí, seguiremos perdiendo, pero al hacerlo, algo quedará dentro, alguna enseñanza, algún amor, algún abrazo sentido y sincero. Algo quedó de todo, de ahí mi mayor agradecimiento a todas las pérdidas sufridas. De ahí mi ganancia.

  • Gracias de corazón por apoyar esta escritura…

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