Luces del sur… o el régimen del solitario


a.jpg

Ese hijo de plateros también pensó en la utopía. Ibn Bayya expuso su utopía social y filosófica en un tratado que llamó El Régimen del Solitario, describiendo una ciudad ideal, al-madina al-fadila, nacida de una clara inspiración platónica. La utopía tiene mil sabores y lugares. Es como esa luz del mediodía, tan próxima a ese especial paralelo donde los rayos etéricos tienen mayor efecto en los contornos sensibles. Cuanto más te acercas a ese mediodía, a ese paralelo, mayores son las luminarias, la clara luz, la belleza etérica del mundo invisible manifestado en la belleza natural de los paisajes. En estas fechas, a la luz hay que añadirle el olor a azahar de estas tierras. Es un olor hechicero, sublime, seductor. Cuando paseas por los pueblos blancos, en la sierra teñida por talentosos morenos que deambulan de aquí para allá, percibes que este lugar es diferente al resto de lugares. Es en sí misma una utopía, un lugar ideal.

Apenas llevo un día y el alma se esmera por ordenar todos los recuerdos. Sin darme cuenta descubro que aquí he pasado parte de mi vida. Mis orígenes sureños me trajeron por casualidades de la vida a vivir en dos ocasiones por estos lugares. A pesar de los orígenes, siempre me sentí un extranjero, un extraño, un incómodo habitante con ideas de ciudad cosmopolita y norteña que intentaba inculcar otras formas de ver el paisaje, de sentir su luz, de percibir a sus gentes. Siempre me sentí un solitario, algo incómodo e incomprendido en todas las tierras donde viví. Algo que no gusta, que crea desconfianza por esas ideas tan diferentes a los contornos nativos.

Nacido en tierras mediterráneas, en Barcelona, de familia originaria de Sierra Morena, vivo en el septentrión galaico y convivo siempre con el corazón entre Malasaña, las Highlands escocesas y los campos del valle del río Elba. Una mezcla extraña que discurre estacionalmente entre siete entidades intangibles, entre siete estados del ser que se identifican cada uno con un territorio determinado, arquetípico. El séptimo aún no ha llegado, pero lo intuyo en alguna planicie futura, en algún régimen solitario.

Alguien diría que tengo sangre gitana, más ahora que empieza mi andadura de feriante, o de feria en feria con tal de liquidar el gran stock de libros que llevo acumulando desde hace más de una década (por favor comprad libros para aligerar mi marcha). Algo de nómada tengo, pero siempre me identifiqué más con la figura del peregrino. Ese que sabe a dónde va, porque tiene una fe y una esperanza de besar alguna tierra santa, ya sea esta simbólica o real. Peregrinar siempre me mantuvo vivo. Deambular como un vagabundo de un lado para otro siempre fue una especie de entrenamiento para adentrarme en los confines del misterio, de la impermanencia, de la carencia de sujeción a un territorio fijo y determinado. Volátil, nada ni nadie me puede atrapar cuando me dejo persuadir por el Camino. Loco de atar, angosto, desquiciado por emprender cualquier marcha, floto a medio metro del suelo al mismo tiempo que camino con un farol mistérico cuya luz desprende luminarias a doquier.

Por eso no soy capaz de adorar a un dios determinado, ni a una tierra, ni a una nación, ni sublevo mi espíritu libre a ningún rey, señor o bandera. Hilozoista por naturaleza, no tengo amo ni reino, ni idea que defender ante ninguna tribu adormecida en los albores de la cueva de cualquier Shaddai, excepto aquella que pueda entender que la materia, en todas sus manifestaciones, está plena de vida. Por eso ahora soy capaz de deleitarme de las luces del sur y mañana quedar enamorado de las sombras, las lluvias y los grises melancólicos del norte. De tanto dar vueltas de un lado para otro descubro que la tierra no puede ser plana. Es más bien una bola de fuego ardiendo que por pura atracción, sigue atrapada a una luminaria mayor. Una procesión ígnea que pretende, en su grado y condición, desarrollar su propia evolución. Un régimen solitario el mío. Aquí, sentado, contemplando las luces del sur, su luz, su magnetismo, su energía. La divina Siquis que respira cerca, tan cerca que la siento dentro.

  • Gracias de corazón por apoyar esta escritura…

donar

 

4 respuestas a “Luces del sur… o el régimen del solitario

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s