Hacer la calle


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En la Feria del libro de Córdoba cuando tan sólo teníamos una docena de libros editados

“Ecce nunc patiemur philosophantem nobis asinum?” (¿Es que vamos a sufrir que un loco nos venga con filosofías?) Lucio Apuleyo, El Asno de Oro, Libro X.

Decía Mark Hedsel que el Camino del Loco (libro editado por nosotros) es el del peregrino independiente que recorre la senda del espíritu. Es el camino del Ego en desarrollo, el camino de la experiencia o pathein, en griego antiguo. El Loco es un errante que persigue la vía secreta a costa de perderlo todo sin ningún tipo de remordimiento. Al igual que la esencia espiritual del reino vegetal es el perfume de sus flores, el Loco entiende que existe una esencia de igual valor en el reino humano, y su fijación es perseguirla y alcanzarla, cueste lo que cueste.

Quizás por ello de nuevo salgo de viaje, esta vez a tierras del mediodía para participar en una feria del libro. Hacía muchos años que no participaba en una feria del libro, pero la quiebra de la distribuidora y la necesidad de remontar económicamente una situación difícil me obliga a “hacer la calle”. Nunca se me ha dado bien la venta. No soy un buen vendedor de nada. Editar libros fue un capricho que se me ocurrió en un tiempo de una holgada bonanza económica. Era como un hobbie que hacía en los ratos libres mientras dedicaba mi tiempo al mundo académico con la tesis en Sevilla por las tardes, el curso de adaptación pedagógica en Córdoba por las mañanas y el máster en pedagogía Waldorf en Madrid los fines de semana… Era esa época en la que era capaz de estirar los días y hacer mil cosas a la vez. Escribir, viajar, sacar títulos académicos y en las horas libres, cuando las había, empezar a gestar la creación de una editorial que luego, sin querer, se convirtió en mi medio de vida.

La idea inicial del proyecto era la de ayudar a autores noveles a editar sus primeras obras. Como en ese momento tenía algo de dinero, podía realizar una concienzuda tarea de mecenazgo arriesgando mi patrimonio personal en la edición de libros no comerciales. Luego quise expandir ese mecenazgo a libros con consciencia y más tarde a libros de crítica social. En estos años de vida editorial, he visto casi de todo. He podido ayudar a mucha gente mientras tenía dinero, y también cuando dejé de tenerlo. Al mismo tiempo, cuando ocurrió lo segundo, he sentido como algunos ángeles me ayudaban al mismo tiempo a seguir adelante. Editar autores noveles, poesía o libros de la sabiduría perenne nunca me repercutió pingües beneficios. Más bien muchos disgustos, quiebras consecutivas y fracasos gestionados de forma muchas veces desagradable por autores orgullosos y malagradecidos.

No se me caen los anillos por hacer la calle. Creo en el proyecto editorial como plataforma de mecenazgo cultural y creo que es una bonita labor la que durante estos años hemos hecho de forma peculiar. El proyecto O Couso nació al mismo tiempo como una extensión de ese mecenazgo cultural. La cultura, al fin y al cabo, es el espíritu que nos mueve como grupo humano y, por lo tanto, su cuidado y su protección es una labor encomendable. ¿Quién sino los locos pueden atreverse a llevar a cabo esta tarea hercúlea?

Es cierto que para hacer mecenazgo hay que tener dinero. Lo tuve en su día y por eso me atreví a meterme en todos estos berenjenales. También es cierto que ahora no lo tengo, y eso me crea cierto conflicto personal, pues no me gustaría abandonar estos proyectos grupales para intentar recuperar mi economía estrictamente personal. Es una paradoja vital en la que me encuentro, de difícil solución. Así que, sea como sea, estoy infinitamente agradecido a todos los que compráis nuestros libros, aportáis apoyo a la fundación y a sus proyectos y de vez en cuando colaboráis con aportaciones, por muy simbólicas que parezcan, a este blog. Todo suma y todo ayuda para seguir adelante.

Con vuestro permiso, seguiré luchando, a cual Loco, con coraje, para mantener vivo este espíritu. Seguiré saliendo a los caminos para proteger la cultura, para potenciar sus virtudes y para seguir creando un mundo más humanista, ecológico y consciente. Seguiré haciendo la calle tantas veces como haga falta, sin prostituir mi alma, aludiendo una y otra vez a la figura de ese peregrino errante e independiente que recorre la senda del espíritu, inevitable… Sigamos aportando a la gran obra del espíritu, siempre…

  • Gracias de corazón por apoyar esta escritura… y esta locura atrevida y osada…

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