Volver a los bosques. Rite de passage


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La lechuza de mi última revolución solar observa atenta en este bosque de aliento. Tras nueve meses de ausencia, volver a la cabaña, a los bosques, a las montañas, a la vida en comunidad, está siendo una experiencia intensa. Se lo debo en parte a Sergi, escritor de oficio, nómada y buena gente que vino a pasar unas semanas al balneario y eso me obligó a una mudanza precipitada a mi otro hogar. Dejar mi refugio entre libros y ríos allá en el valle y subir a la montaña con el corazón por fin tranquilo, la mente ligera y el espíritu con deseos de vida ha sido algo hermoso, intenso e interiormente deseado.

Hoy éramos siete personas y el ambiente no podía ser más amoroso, equilibrado y afinado. Fuimos de excursión a lugares de una belleza impresionante, que siempre han estado ahí y que, en mis cinco años de excursiones y exploraciones por estos lares, nunca había sido capaz de descubrir. Lo cual ha sido como una especie de rite de passage antes de entrar de nuevo a esta realidad, a este mundo mistérico que se está tejiendo desde los planos más etéricos. Un rito que me ha permitido ver con paciente calma todo lo hermoso que aquí se está tejiendo.

En la cabaña, rodeado de árboles y montañas, de soledad y sosiego, se respira algo especial. El amigo Geo respira a mi lado. La gata Meiga merodea por los alrededores. Desde que me marché, ha sido fiel y se ha mantenido firme como una guardiana viviendo en la cabaña, esperando mi regreso y protegiendo el lugar. Ahora tendré que acomodar de nuevo la decoración original, mis enseres personales y mi nueva forma de ver la vida y el sentido de todo. Por suerte pude entrar en este recinto de forma tranquila, sosegada, sin lágrimas ni deseos extraños. Ahora solo con un manto de agradecimiento, con una sonrisa alegre tras comprobar todo lo que aquí se hizo de forma bella y desapegada. Estoy bien, me siento bien, lleno de agradecimiento y con ganas de empezar de nuevo después de tanto tiempo de dureza y ausencias.

Ahora me encuentro preparado para ir entrando poco a poco a la segunda fase del proyecto: “el jardín de Epicuro”. Si la primera parte podríamos llamarla como de mito fundacional o la reconstrucción de la pequeña Porciúncula para albergar la idea de que el reino de los cielos se está acercando, ahora toca bucear en la parte etérica del proyecto y profundizar en nuestra relación con la madre naturaleza. Como ya hicieron cerca de El Pireo los “filósofos del jardín” o “aquellos del jardín”, nos toca a nosotros manifestar la parte celeste en la belleza natural de la vida tal y como lo hiciera Epicuro de Samos. Los placeres espirituales y la ataraxia debería ser el próximo objetivo primordial.

Perder el tiempo en el dolor y el sufrimiento no tiene sentido. Perder el tiempo en la violencia y la rabia no nos conduce a nada. De ahí la necesidad de conseguir tranquilidad, serenidad e imperturbabilidad buscando una correcta y sana relación con el alma, la razón y los sentimientos, con el otro y lo otro, con la vida y el misterio. No merece la pena sufrir. No merece la pena gritar, expandir odio, rabia, frustración, miedo, inseguridad, arrebato o violencia. Es necesario volver a la paz interior, al refugio del alma, a la felicidad y la alegría. Eso es lo que deseo interiormente y ese será mi esfuerzo para los próximos tiempos. Luz, paz y amor para todos.

  • Gracias de corazón por apoyar esta escritura…

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