Una cuerda no es una serpiente. Algunas apreciaciones sobre el pensamiento falso y las percepciones erróneas


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Escultura del santuario de Toshogu con los tres monos sabios

 

«La ciencia es un juicio verdadero acompañado de razón». Platón

En occidente hemos simplificado la enseñanza que nos deja la escultura del santuario de Toshogu de los tres monos sabios a ver, oír y callar. Aunque los nombres japoneses de los tres monos, Mizaru, Kikazaru y Iwazaru significan más bien «no ver, no oír, no decir», refiriéndose normalmente al mal, este mal también podría simplificarse hacia el origen de todo mal: la ignorancia. En la tradición del yoga se resume en dos palabras: pramāṇa vs viparyaya. Pramāṇa se refiere al conocimiento válido y viparyaya a las percepciones erróneas que nuestra mente suele producir para adecuar el pensamiento a la experiencia, o para acomodar, aunque sea erróneamente, nuestras vidas a la vida.

Cartesius, más conocido como René Descartes, nos dejó su famoso cogito ergo sum, su pienso, luego existo. De ahí nació la esencia del racionalismo y el método cartesiano que nos condujo poco a poco a huir de las creencias, las falacias y las mentiras basadas en cuestiones dogmáticas y no de realidad. Desde entonces, existen diferentes tendencias epistemológicas que tienen que ver con la búsqueda del conocimiento y la verdad.

La pregunta para poder analizar estas tendencias nos dice lo siguiente: “¿existe la posibilidad de alcanzar el conocimiento de alguna verdad?” Los escépticos dicen que no categóricamente. Los que afirman que sí se dividen normalmente en dos grupos: los que piensan en los medios cognitivos y los que piensan en cuál es el objeto de esa verdad. Entre los primeros, los que piensan en los medios cognitivos, tenemos a los empiristas, que utilizan los sentidos para llegar a la verdad, y los racionalistas, que sólo usan la razón. Entre el segundo grupo, los que piensan en el objeto de la verdad, están los idealistas, que piensan que la verdad nace de una realidad interna a uno mismo, y los realistas que afirman que esa verdad es algo externo a uno mismo.

A pesar de los avances de la ciencia, del método científico, de la epistemología e incluso de la filosofía científica, podemos decir que todo nuestro conocimiento está ajustado a nuestra percepción sobre la realidad, la cual, a su vez, está bombardeada constantemente por mentiras y falacias. Esto no implica que todo lo que hemos alcanzado hasta ahora sea falso. Implica que lo que hemos descubierto nos sirve de forma provisional para entender nuestra percepción limitada del mundo. Otra cosa muy diferente es que se intente llamar ciencia o método científico a supuestas evidencias o creencias que han nacido de percepciones u opiniones sobre la realidad.

En lógica esto se llama falacia. Aristóteles fue el primero en identificar y clasificar hasta trece clases de falacias. La falacia es un argumento con apariencia de ser válido, pero sin serlo. Persuadir o manipular desde la sutileza y el atractivo de la sugestión a los demás suelen ser las premisas para lanzar falacias desde cualquier ámbito de nuestras vidas. Que un pensamiento sea falaz no implica que sus premisas o su conclusión sean falsas. Un argumento puede tener premisas y conclusiones verdaderas y aun así ser falaz. Lo que hace falaz a un argumento es la invalidez del argumento en sí. Un argumento lógico no crea verdades. Un argumento disfrazado de evidencias no crea ciencia ni tiene por qué ser algo científico o real.

Una falacia puede construirse con argumentos sólidos y con trozos de verdad, pero eso no quita que su propia naturaleza sea falsa. Al igual que una cuerda no es necesariamente una serpiente, el decir que los gatos tienen pelos es como decir que Félix tiene pelos y por lo tanto es un gato. Que tenga pelos no demuestra que sea gato, pues podría tratarse de otro animal. Así que no es un gato a no ser que Félix sea el nombre de mi gato. La falacia puede disfrazarse de lógica, como en este ejemplo, pero la verdad sobre la argumentación no demuestra nada sobre la esencia de las cosas.

De alguna forma, de esta manera en la que no se tiene sentido crítico sobre la realidad, uno puede ser engañado, manipulado o intoxicado con cualquier argumento o realidad que se nos quiera presentar e imponer de forma argumentativa. Como escribí alguna vez cuando hice referencia a la Navaja de Ockham, en igualdad de condiciones, la explicación más sencilla suele ser la más probable y siempre, siempre, siempre, tenemos que estar alertas sobre las falacias que intoxican nuestro mundo, especialmente ahora, en la era digital, en la era del Photoshop, en la era de la ilusión y lo aparente dónde todo vale. Por eso a veces se hace necesario «no ver, no oír, no decir» sobre aquello que tenga que ver con la mentira y la ignorancia. El mal, en su mayor expresión, crea auténticos monstruos que se alimentan de falacias.

  • Gracias de corazón por apoyar esta escritura…

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